martes, 23 de marzo de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La quingentésima nonagésima segunda noche

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“Y cuando llegó la 592ª noche

Ella dijo:

‘...y acabó por contar su sueño, lamentándose mucho. Entonces le tocó a Botón-de-Rosa llorar y gemir, en tanto que sus hermanas decían a Hassán: ‘En ese caso, ¡oh Hassán! no podemos retenerte aquí más tiempo ni impedirte que regreses a tu país para volver a ver a tu madre querida. ¡Solamente te suplicamos que no nos olvides y que nos prometas volver para hacernos una visita una vez al año!’ Y su hermana Botón-de-Rosa se le colgó al cuello sollozando, y acabó por caer desmayada de dolor. Y cuando recobró el conocimiento, recitó tristemente versos de adiós, y sepultó la cabeza en sus rodillas, rehusando todo consuelo. Y Hassán empezó a besarla y a acariciarla; y hubo de prometerle por juramento que volvería a verla una vez al año. Y mientras tanto, sus otras hermanas, a ruegos de Hassán, se pusieron a hacer los preparativos del viaje. Y cuando estuvo todo dispuesto, le preguntaron: ‘¿De qué manera quieres volver a Bassra?’ El dijo: ‘¡No lo sé!’ Pero acordándose del tambor mágico que le había quitado al mago Bahram y que tenía aquella piel de gallo, exclamó: ‘¡Por Alah! ¡He ahí la manera! ¡Pero no sé cómo servirme de ese tambor!’

Entonces Botón-de-Rosa, que seguía llorando, secó sus lágrimas por un momento, y levantándose, dijo a Hassán: ‘¡Oh bienamado hermano mío, voy a enseñarte cómo has de servirte de ese tambor!’ Y cogió el tambor, y apoyándoselo en el costado, hizo como si tocase sobre la piel de gallo con los dedos. Después dijo a Hassán: ‘¡Hay que hacer así!’ y Hassán dijo: ‘¡Ya he comprendido, hermana mía!’ Y a su vez cogió el tambor de manos de la joven, y tocó como había visto hacerlo a Botón-de-Rosa, pero con mucha fuerza. Y al instante surgieron de todos los puntos del horizonte camellos grandes, dromedarios de carrera, mulas y caballos. Y todo aquel rebaño al galope acudió a alinearse tumultuosamente en una fila muy larga con los camellos primero, detrás los dromedarios, y por último las mulas y los caballos.

Entonces las siete princesas escogieron los animales mejores y despidieron a los demás. Y cargaron a los que habían escogido con fardos preciosos, regalos, efectos y provisiones de boca. Y en el lomo de un gran dromedario de carrera, pusieron un magnífico palanquín con dos asientos para los dos esposos. Y entonces comenzaron las despedidas. ¡Oh! ¡Cuán dolorosas fueron!

¡Pobre Botón-de-Rosa! ¡Estabas triste y llorabas! ¡Cómo se derretía tu corazón al besar a Hassán, que se marchaba con la hija del rey! ¡Y gemías cual una tórtola a la que se separase de tu tórtolo violentamente! ¡Ah! ¡No sabías aún ¡oh tierna Botón-de-Rosa! cuánta amargura guarda la copa de la separación! ¡Y no podías esperar que tu bienamado Hassán, cuya dicha preparabas, ¡oh llena de piedad! hubiera de sustraerse a tu dolor tan pronto! ¡Pero abriga la certeza de que le verás!

¡Tranquiliza, pues, tu alma preciosa y refresca tus ojos! ¡A fuerza de llorar, tus mejillas, de rosas que eran, se han hecho semejantes a flores de granado! ¡Cesa de llorar, Botónde-Rosa!, ¡tranquiliza tu alma preciosa y refresca tus ojos! ¡volverás a ver a Hassán, pues así lo quiere el Destino!

Y la caravana se puso en marcha entre los gritos desgarradores de las despedidas, y desapareció a lo lejos, mientras Botón-de-Rosa caía desvanecida. Y con la rapidez del ave, atravesó la caravana valles y montañas, llanuras y desiertos, y con el asentimiento de Alah, que escribióle la seguridad, llegó a Bassra sin contratiempo.

Cuando llegaron a la puerta de la casa, Hassán oyó a su madre gemir y deplorar dolorosamente la ausencia de su hijo; y se le llenaron de lágrimas los ojos, y llamó a la puerta. Y desde dentro, preguntó la voz cascada de la pobre vieja: ‘¿Quién hay a la puerta?’ Y dijo Hassán:

‘¡Abrenos!’ Y con sus débiles piernas fue ella a abrir la puerta temblando, y a pesar de tener la vista debilitada por las lágrimas, reconoció a su hijo Hassán. ¡Entonces lanzó un prolongado suspiro y cayó desmayada! Y Hassán le prodigó sus cuidados, con ayuda de su esposa, y la hizo volver en sí. Entonces se le colgó al cuello ella, y se besaron con ternura, llorando de alegría. Y tras de los primeros transportes, Hassán dijo a su madre: ‘¡Oh madre, he aquí a tu hija, mi esposa, que te traigo para servirte!’

La vieja miró a Esplendor, y al verla tan bella, quedó deslumbrada y creyó que perdía la razón. Y le dijo: ‘¡Quienquiera que seas, hija mía, bien venida seas a la casa que iluminas!’ Y preguntó a Hassán: ‘Hijo mío ¿cómo se llama tu esposa?’ El joven contestó: ‘Esplendor, ¡oh madre mía!’ Ella dijo: ‘¡Oh conveniencia del nombre! ¡Qué bien inspirado estuvo quien te buscó ese nombre!, ¡oh hija de bendición!’ Y la cogió de la mano y se sentó a su lado en la vieja alfombra de la casa. Y Hassán, entonces, se puso a contar a su madre toda su historia, desde su desaparición súbita hasta su regreso a Bassra, sin olvidar un detalle. Y la madre quedó maravillada de lo que oía en el límite de la maravilla, y no supo qué hacer para honrar, con arreglo a su rango, a la hija del rey de reyes del Gennistán.

Por lo pronto, se apresuró a ir al zoco a comprar todo género de provisiones de primera calidad, y después fue al zoco de las sederías, y compró diez trajes espléndidos, lo más caro que tenían los mercaderes de más prestigio; y se los llevó a la esposa de Hassán, y la vistió con ellos, poniéndole a la vez los diez, uno encima de otro, para demostrarle así que nada era demasiado para su rango y su mérito. Y la besó como si fuese su propia hija. Y luego se puso a guisar manjares extraordinarios y pasteles a ningunos otros parecidos. Y no escatimó nada para halagarla, colmándola de cuidados y de atenciones delicadas. Tras de lo cual, se encaró con su hijo, y le dijo: ‘No sé ¡oh Hassán! pero me parece que la ciudad de Bassra no es digna del rango de tu esposa; más valdría en todos sentidos para nosotros que nos fuésemos a vivir a Bagdad, la Ciudad de Paz, bajo el ala protectora del califa Harún Al-Raschid. ¡Y además, hijo mío, henos aquí muy ricos repentinamente, y temo mucho que, de seguir en Bassra, donde se nos conoce por pobres, llamemos la atención de un modo sospechoso, y a causa de nuestras riquezas se nos acuse de practicar la alquimia! ¡Lo mejor, a mi entender, es que nos vayamos cuanto antes a Bagdad, donde desde un principio nos tomarán por príncipes o emires lejanos!’ Y Hassán contestó a su madre: ‘¡Excelente idea!’ Y se levantó en aquella hora y en aquel instante, y vendió los muebles y la casa. Tras de lo cual, cogió el tambor mágico e hizo resonar la piel de gallo.

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana y calló discretamente.”

Continuará: La quingentésima nonagésima tercera noche…

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Valram

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lunes, 22 de marzo de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La quingentésima nonagésima primera noche

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“Y cuando llegó la 591ª noche

Ella dijo:

‘¡Y eso es ¡oh hermanas mías! lo que de una ojeada pude ver de la princesa Esplendor, hija del rey de reyes del Gennistán!’ Cuando las jóvenes hubieron oído estas palabras de su hermana, exclamaron maravilladas: ‘¡Qué razón tienes ¡oh Hassán! para prendarte de esa joven espléndida! Pero ¡por Alah! date prisa a conducirnos junto a ella para que la veamos con nuestros propios ojos.’

Y Hassán, seguro por lo que afectaba a sus hermanas, las condujo al pabellón donde se encontraba la bella Esplendor. Y al ver su belleza sin par, besaron ellas la tierra entre sus manos, y tras de las zalemas de bienvenida, le dijeron: ‘¡Oh hija de nuestro rey! ¡Verdaderamente es prodigiosa tu aventura con nuestro hermano el joven! ¡Y de pie aquí entre tus manos, todas te predecimos la dicha para lo futuro, y te aseguramos que durante toda tu vida no dejarás de felicitarte por tu encuentro con este joven, hermano nuestro, y por su delicadeza de modales, y por su destreza para todo, y por su afección! ¡Piensa, además, en que, en vez de servirse de un intermediario, te ha declarado por sí mismo su pasión, y no te ha pedido nada ilícito! ¡Y si no tuviésemos la certeza de que las jóvenes no pueden pasarse sin hombres, no daríamos ante ti, hija de nuestro rey, un paso tan audaz! ¡Déjanos, pues, casarte con nuestro hermano, y quedarás contenta de él, que nosotras respondemos con nuestro cuello!’ Y habiendo dicho estas palabras, esperaron la respuesta.

Pero, como la bella Esplendor no diese contestación alguna, se adelantó Botón-de-Rosa y le cogió la mano con sus manos, y le dijo: ‘¡Con tu permiso, oh señora nuestra!’ Y se encaró con Hassán, y le dijo: ‘¡Trae tu mano!’ Y Hassán le dio la mano, y Botón-de-Rosa la cogió y la unió entre las suyas a la de la princesa, diciéndole a ambos: ‘¡Os caso con asentimiento de Alah y por la ley de su Enviado!’ Y en el límite de la dicha, Hassán improvisó estos versos:

¡Oh mezcla admirable reunida en tu hermosura! Al ver tu glorioso rostro bañado en el agua de la belleza, ¿quién podrá olvidar su radiante esplendor?

¡Te ven mis ojos compuesta preciosamente de rubíes en toda una mitad de tu cuerpo encantador, de perlas en la tercera parte, de almizcle negro en la quinta parte y de ámbar en la sexta parte!, ¡oh toda dorada!

¡Entre las vírgenes nacidas de la Eva primera, y entre las bellezas que habitan los múltiples jardines de los cielos, no hay ninguna que pueda compararse contigo!

¿Quieres darme la muerte? ¡No me perdones! ¡Otras muchas víctimas hizo el amor! ¡Y si quieres volverme a la vida, baja hacia mí tus ojos!, ¡oh ornato del mundo!

Y al oír estos versos, exclamaron las jóvenes a una, encarándose con Esplendor: ‘¡Oh princesa! ¿Nos regañarás ahora por haberte traído un joven que se ha expresado de tan excelente manera y en versos tan hermosos?’ Y preguntó Esplendor: ‘¿Pero es poeta?’ Ellas dijeron: ‘¡Claro que lo es! ¡Improvisa y compone con una facilidad maravillosa poemas y odas de millares de versos, en los que reina siempre un sentimiento muy vivo!’

Estas palabras que tan a las claras mostraban el nuevo mérito de Hassán, por fin acabaron de conquistar el corazón de la recién casada. Y miró a Hassán, sonriendo bajo sus largas pestañas. Y Hassán, que no esperaba más que una seña de sus ojos, la cogió en brazos y se la llevó a su aposento. ¡Y allí, con su permiso, abrió en ella lo que tenía que abrir, y rompió lo que tenía que romper, y destapó lo que estaba sellado! Y se endulzó con todo aquello hasta el límite de la dulzura; y lo mismo le ocurrió a ella. Y experimentaron ambos en poco tiempo el colmo de todas las alegrías del mundo. Y el amor a la joven se incrustó en el corazón de Hassán más que todas las pasiones. ¡Y todos sus pájaros cantaron prolongadamente! Por tanto, ¡gloria a Alah, que une en las delicias a sus creyentes y no les escatima sus dones dichosos! ¡Tú eres, Señor, el que adoramos, tú eres aquél de quien imploramos socorro! ¡Llévanos por el sendero recto, por el sendero de aquellos a quienes colmaste con tus beneficios, y no por el de aquellos que incurrieron en tu cólera ni por el de los extraviados!

Y he aquí que Hassán y Esplendor estuvieron juntos de tal suerte cuarenta días, transcurridos en el seno de las alegrías que proporciona el amor. Y las siete princesas, especialmente Botón-de- Rosa, se esforzaron por variar cada día los placeres de ambos esposos, y hacerles la estancia en el palacio lo más agradable que les fue posible.

Pero al cabo del día cuadragésimo, Hassán vio en sueños a su madre, que le reprochaba por haberla olvidado, mientras ella se pasaba los días y las noches llorando sobre la tumba que hubo de erigirle en la casa.

¡Y se despertó con lágrimas en los ojos lanzando suspiros que partían el alma! Y al oírle llorar, acudieron sus hermanas, las siete princesas; y Botón-de-Rosa, más desolada que todas las otras, preguntó a la hija del rey de los genn qué le había sucedido a su esposo. Y contestó Esplendor:

‘¡No lo sé!’ Y dijo Botón-de-Rosa: ‘¡Yo misma iré a informarme de lo que le tiene tan triste!’

Y preguntó a Hassán: ‘¿Qué te ocurre, hermano mío?’ Y las lágrimas de Hassán corrieron con más violencia; y acabó por contar su sueño, lamentándose mucho...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La quingentésima nonagésima segunda noche…

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