domingo, 13 de junio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La sexcentésima septuagésima cuarta noche

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“Pero cuando llegó la 674ª noche

Ella dijo:

‘…Bien está todo esto, ¡oh generoso amigo! pero ¿podría ser completo nuestro placer sin escuchar el canto y la música de labios femeninos? ¿Acaso no conoces las palabras del poeta?:

¡Vamos! ¡Ofreced una ronda de vino en la copa pequeña y en la grande!

¡Y tú, amigo mío, toma el licor de manos de una belleza semejante a la luna!

¡Pero para vaciar tu vaso aguarda a que toque la música; siempre vi beber con gusto al caballo cuando silban al lado suyo!

Cuando el joven dueño del jardín hubo oído estos versos, contestó con una sonrisa; luego se levantó al punto y salió de la sala de reunión para volver transcurrido un momento llevando de la mano a una joven enteramente vestida de seda azul. Era una esbelta egipcia admirablemente formada, derecha como la letra alef, de ojos babilónicos, de cabellos negros cual las tinieblas, y blanca como la plata en la mina o como una almendra mondada. Y estaba tan bella y tan brillante en su traje oscuro, que se la hubiera tomado por la luna de verano en medio de una noche de invierno. Después de esto, ¿cómo no iba a tener senos de marfil blanco, un vientre armonioso, muslos de gloria y nalgas rellenas, como almohadones, debajo de las cuales había una cosa lisa, rosada y embalsamada, semejante a una bolsita fruncida en medio de un envoltorio grande? ¿Y acaso no es precisamente de aquella egipcia de quien ha dicho el poeta?:

¡Avanza cual la corza, arrastrando tras de ella a los leones vencidos por las ojeadas aceradas del arco de sus cejas!

¡Para protegerla, la noche hermosa de su cabellera arma sobre ella una tienda sin columnas, una tienda milagrosa!

¡Con la manga de su traje tapa las rosas ruborosas de sus mejillas! pero ¿podrá impedir a los corazones que se embriaguen con el ámbar de su piel perfumada?

¡Y si llega a levantar el velo que oculta su rostro, entonces, ¡vergüenza sobre ti, hermoso azul de los cielos! ¡Y tú, cristal de roca, humíllate ante sus ojos de pedrería!

Y el joven dueño del jardín dijo a la joven: ‘¡Oh bella soberana de los astros! ¡Sabe que no te hicimos venir a nuestro jardín más que para complacer a nuestro huésped y amigo Nur a quien tienes aquí, y que por primera vez nos honra hoy con su visita!’

Entonces la joven egipcia fue a sentarse junto a Nur, lanzándole una mirada extraordinaria; luego se sacó de debajo del velo una bolsa de seda verde, y la abrió y extrajo de ella treinta y dos pedazos de madera, que acopló de dos en dos, como se acoplan los machos con las hembras y las hembras con los machos, y acabó por formar así un hermoso laúd indio. Y se recogió las mangas hasta los codos, descubriendo sus muñecas y sus brazos, apoyó el laúl en su seno, como apoyaría a su hijo una madre, y lo rozó con las uñas de sus dedos. Y el laúd estremecióse a esta caricia y gimió resonante; y no pudo menos de pensar repentinamente en su propio origen y en su destino: se acordó de la tierra en que fue plantado, de las aguas que le regaron siendo árbol, de los lugares donde hubo vivido en la inmovilidad de su tronco, de los pájaros que cobijó, de los leñadores que lo talaron, del hábil obrero que lo labró, del barnizador que revistióle de brillo, del barco que le había transportado, y de todas las lindas manos por las cuales hubo de pasar.

Y asaltado por estos recuerdos, gimió y cantó con armonía, y en su lenguaje parecía responder con estas coplas rimadas a las uñas que le interrogaban:

¡En otro tiempo fui una rama verde habitada por ruiseñores, y les mecía amorosamente cuando cantaban!

¡Diéronme así el sentimiento de la armonía; y no me atrevía yo a agitar mi follaje por escucharlos atentamente!

¡Pero un día me derribó en tierra una mano bárbara, y me convirtió, como veis, en laúd frágil!

¡Sin embargo, no me quejo de mi destino; porque cuando me rozan uñas firmes, me estremezco con todas mis cuerdas y sufro con gusto lo que me golpea una mano hermosa!

¡En desquite de mi esclavitud reposo sobre senos de jóvenes, y los brazos de las huríes se enlazan con amor en torno a mi cintura!

¡Con mis acordes sé deleitar a los amigos que gustan de las reuniones alegres; y cantando como mis pájaros, sé embriagar sin la ayuda del copero!

Tras de este preludio sin palabras, en que el laúd habíase expresado en un lenguaje sensible al alma sólo, la bella egipcia cesó por un momento de tocar; luego, volviendo sus miradas hacia el joven Nur, cantó estos versos, acompañándose...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La sexcentésima septuagésima quinta noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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Valram

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sábado, 12 de junio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La sexcentésima septuagésima tercera noche

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“Y cuando llegó la 673ª noche

Ella dijo:

‘...Y para que se refrescara el rostro, le ofreció un abanico de plumas de avestruz, en el cual había inscrito este verso:

¡Soy blanca ala infatigable, y mis ráfagas perfumadas, que acarician el rostro del que amo, dan una idea de la brisa del Paraíso!

Luego, tras de quitarse sus mantos y turbantes, los jóvenes se pusieron a hablar y a divertirse, y no podían apartar sus miradas de su hermoso camarada Nur. Y el guarda les sirvió por sí mismo la comida, que era muy espléndida, y estaba compuesta de pollos, patos, codornices, pichones, perdices y corderos rellenos, sin contar las cestas llenas de frutas cogidas en la rama. Y después de la comida, los jóvenes se lavaron las manos con jabón mezclado con almizcle, y se secaron con toallas de seda bordadas de oro.

Entonces entró el guarda con un hermoso ramo de rosas, y dijo: ‘Antes de tocar a las bebidas, ¡oh amigos míos! conviene que preparéis vuestra alma para el placer con los colores y el perfume de las rosas’. Y exclamaron ellos: ‘Verdad dices, ¡oh guarda!’ Dijo él: ‘Está bien. ¡Pero no os daré estas rosas más que a cambio de un poema hermoso acerca de esta flor admirable!’

Entonces el joven a quien pertenecía el jardín cogió la cesta de rosas de manos del guarda, hundió en ella la cabeza, aspiró el ramo lentamente, luego hizo una seña con la mano para imponer silencio, e improvisó:

¡Virgen odorífera, pero tan tímida en tu juventud, que ocultabas el rojo de tu bello rostro en la seda verde de tus mangas!

¡Oh rosa soberana! ¡Entre todas las flores, eres la sultana en medio de tus esclavas, y el hermoso emir en el círculo de sus guerreros!

¡En tu corola llena de bálsamo encierras la esencia de todos los pomos!

¡Oh rosa amorosa! ¡Tus pétalos entreabiertos al soplo del céfiro son labios de una belleza joven que se dispusiera a dar un beso a su amigo!

¡Eres en tu frescura ¡oh rosa! más dulce que la mejilla sombreada del mozalbete, y más deseable que la boca viva de una joven intacta!

¡La sangre delicada que colorea tu carne dichosa te hace comparable a la aurora veteada de oro, a la copa llena de un vino purpúreo, a una floración de rubíes en rama de esmeralda!

¡Oh rosa voluptuosa, pero tan cruel con los amantes groseros, que, cuando te golpean sin cuidado, les castigas con las flechas de tu carcaj de oro!

¡Oh maravillosa, oh regocijada, oh deleitosa! ¡También sabes retener a los refinados que te aprecian! ¡Para ellos te revistes con las gracias de trajes de distintos colores, y sigues siendo la bienamada a quien no se abandona nunca!

Al oír esta admirable loa de la rosa, los jóvenes no pudieron contener su entusiasmo, y lanzaron mil exclamaciones y repitieron a coro, moviendo la cabeza: ‘¡Y sigues siendo la bienamada a quien no se abandona nunca!’ Y el que acababa de improvisar el poema vació al punto el cesto y cubrió de rosas a sus huéspedes. Luego llenó de vino la anchurosa copa y la hizo circular en torno. Y cuando le llegó la vez, el joven Nur cogió la copa con cierto temor; porque jamás hasta entonces había bebido vino, y su paladar ignoraba el sabor de las bebidas fermentadas, como su cuerpo ignoraba el contacto de las mujeres. Estaba virgen, en efecto, y sus padres, en vista de su tierna edad, aún no le habían regalado una concubina, como es costumbre entre los notables que quieren dar a sus hijos púberes experiencias y sabiduría en esta materia antes del matrimonio. ¡Y sus compañeros sabían este detalle de la virginidad de Nur, y al invitarle a aquella jira en el jardín, se habían propuesto despertar sus deseos!

Así es que al verle con la copa en la mano y vacilando como ante una cosa prohibida, los jóvenes empezaron a reír con grandes carcajadas, de modo que Nur, enojado y un tanto mortificado, acabó por llevarse resueltamente la copa a los labios y de un trago la vació hasta la última gota. Y al ver aquello, prorrumpieron los jóvenes en un grito de triunfo. Y el dueño de la casa acercóse a Nur con la copa llena de nuevo, y le dijo: ‘¡Qué razón tienes ¡oh Nur! al no privarte por más tiempo ya de ese licor precioso que embriaga! ¡Es el padre de las virtudes, el específico contra todas las penas, la panacea para los males del cuerpo y del alma! ¡A los pobres les da riqueza, a los cobardes valor, a los débiles fuerza y poder! ¡Oh, Nur, encantador amigo mío! ¡Aquí yo y todos nosotros somos servidores y esclavos tuyos! ¡Pero, por favor, toma esta copa y bebe de este vino, que es menos embriagador que tus ojos!’ Y Nur no pudo rechazarlo, y de un trago vació la copa que le ofrecía su huésped.

Entonces comenzó a circular por su razón el fermento de la embriaguez; y uno de los jóvenes exclamó, dirigiéndose al huésped: ‘Bien está todo esto, ¡oh generoso amigo! pero ¿podría ser completo nuestro placer sin escuchar el canto y la música de labios femeninos?...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La sexcentésima septuagésima cuarta noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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