jueves, 24 de junio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La septingentésima quinta noche

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“Y cuando llegó la 705ª noche

Ella dijo:

‘...Y se apresuraron a hacer entrega de la princesa Mariam a su padre.

Cuando el rey de los francos vio entrar a su hija, y sus ojos se encontraron con los ojos de ella, no pudo contener la violencia de sus sentimientos, e inclinándose en su trono y adelantando los puños, le gritó: ‘¡Mal hayas, hija maldita! ¡Sin duda abjuraste de las creencias de tus antepasados, ya que así abandonas las moradas de tu padre y vas en busca de los descreídos que te quitaron el sello! ¡En verdad que tu muerte apenas podrá lavar la afrenta hecha al nombre cristiano y al honor de nuestra raza! ¡Ah, maldita! ¡Prepárate a ser ahorcada a la puerta de la iglesia!’ Pero, lejos de turbarse, contestó la princesa Mariam: ‘Ya conoces mi franqueza, padre mío. No soy tan culpable como crees. Porque, ¿qué crimen cometí al querer volver a una tierra en que calienta el sol con sus rayos y en que los hombres son fuertes y enteros? ¿Y qué iba a hacer aquí entre sacerdotes y eunucos?’

Al oír estas palabras, la cólera del rey llegó a sus límites extremos, y gritó a sus verdugos:

‘¡Quitad de mi vista a esa hija ignominiosa, y lleváosla para hacerla perecer con la muerte más cruel!’

Cuando los verdugos se disponían a prender a la princesa, el viejo visir tuerto avanzó hacia el trono renqueando, y después de besar la tierra entre las manos del rey, dijo: ‘¡Oh rey del tiempo! ¡Permite a tu esclavo formular un ruego antes de la muerte de la princesa!’ El rey dijo: ‘Habla, ¡oh mi viejo visir abnegado! ¡Oh sostén de la cristiandad!’ Y dijo el visir: ‘Has de saber ¡oh rey! que desde hace mucho tiempo tu indigno esclavo está prendado de los encantos de la princesa. Por eso vengo a rogarte que no la hagas morir, y como única recompensa por las pruebas acumuladas que te di de mi abnegación en interés de su trono y de la cristiandad, me la concedas por esposa.

¡Y el caso es que, como soy tan feo, este matrimonio, que resulta para mí un favor, podrá servir al mismo tiempo de castigo a los pecados de la princesa! ¡Por lo demás, me comprometo a tenerla encerrada en el fondo de mi palacio, al abrigo de toda fuga y de las asechanzas de los musulmanes para en adelante!’

Al oír estas palabras de su viejo visir, dijo el rey: ‘¡No hay inconveniente! Pero ¿qué vas a hacer ¡oh pobre! con este tizón quemado en los fuegos del infierno? ¿Y no temes las funestas consecuencias de ese matrimonio? ¡Por el Mesías que, en tu lugar, me metería yo en la boca el dedo durante largo rato para reflexionar acerca de un asunto tan grave!’

Pero el visir contestó: ‘¡Por el Mesías, que no me hago ilusiones a ese respecto, y no ignoro la gravedad de la situación! ¡Pero ya sabré obrar con el tacto bastante para impedir que mi esposa se entregue a excesos reprensibles!’ Y al oír estas palabras, echándose a reír, el rey de los francos bamboleó en su trono, y dijo al viejo visir: ‘¡Oh padre claudicante! ¡Espero ver crecer en tu cabeza dos colmillos de elefante! ¡Pero te prevengo que, como dejes escapar de tu palacio a mi hija o no la impidas añadir una aventura más a sus aventuras tan deshonrosas para nuestro nombre, tu cabeza saltará de tus hombros! ¡Con esa única condición te doy mi consentimiento!’ Y el viejo visir aceptó la condición, y besó los pies al rey.

Al punto se informó de aquel matrimonio a todos los sacerdotes, monjes y patriarcas, así como a todos los dignatarios de la cristiandad. Y con tal motivo se dieron grandes fiestas en palacio. Y terminadas las ceremonias, el viejo repugnante visir penetró en la cámara de la princesa. ¡Que Alah impida a la fealdad tocar al esplendor! ¡Y ojalá entregue el alma ese inmundo cerdo antes que mancillar las cosas puras!

¡Pero ya volveremos a encontrarle!

En cuanto a Nur, que había bajado a tierra para comprar las cosas necesarias al tocado de la princesa, cuando volvió con el velo, el traje y un par de babuchas de cuero amarillo limón, vio que una muchedumbre inmensa iba y venía por el puerto. Y preguntó la causa de tal tumulto; y le dijeron que la tripulación de un barco franco acababa de abordar y quemar de improviso un navío amarrado no lejos de allá, llevándose a una joven que se hallaba en él. Y al escuchar esta noticia, a Nur se le mudó el color y cayó al suelo sin conocimiento.

Cuando, al cabo de cierto tiempo, volvió de su desmayo, hubo de contar a los presentes su triste aventura. Pero no hay utilidad en repetirla. Y todos empezaron a censurar su conducta y a dirigirle mil reproches, diciéndole: ‘¡No tienes más que tu merecido! ¿Por qué la dejaste sola?

¿Qué necesidad tenías de ir a comprarle un velo y babuchas nuevas de cuero amarillo limón? ¿No podía ella bajar a tierra con sus ropas viejas y cubrirse el rostro por el momento con un trapo o un trozo de velo o cualquier otra tela? ¡Sí, por Alah, no tienes más que tu merecido!’

A la sazón llegó un jeique, que era el propietario del khan donde se alojaron Nur y la princesa a raíz de su encuentro. Y reconoció al pobre Nur, y al verle en un estado tan lastimoso, le preguntó la causa. Y cuando estuvo al corriente de la historia, le dijo: ‘¡En verdad que el velo era tan superfluo como el traje nuevo y las babuchas amarillas! Pero más superfluo aún sería seguir hablando de ello. ¡Ven conmigo, hijo mío! Eres joven, y en vez de llorar por una mujer y desesperarte, debes aprovecharte cuanto antes de tu juventud y de tu salud. ¡Ven! ¡Todavía no se ha extinguido en nuestro país la raza de las jóvenes hermosas! ¡Y ya sabremos encontrar para ti una egipcia bella y experta que sin duda alguna te resarcirá y te consolará de la pérdida de esa princesa franca...!

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La septingentésima sexta noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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Valram

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miércoles, 23 de junio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La septingentésima cuarta noche

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“Pero cuando llegó la 704ª noche

Ella dijo:

‘...Y el capitán empujó con el pie sus cuerpos hacia el mar. Hecho lo cual, encaróse con Nur, y en un tono de mando que no admitía réplica, le gritó: ‘¡Yalah! ¡Vamos! ¡Suelta las amarras, despliega las velas y cuida las jarcias, mientras yo me ocupo del timón!’ Y dominado por el ascendiente que sobre él ejercía el terrible capitán, y como, además, no disponía de armas con qué defenderse y tratar de echar pie a tierra para ponerse en salvo, no tuvo más remedio Nur que obedecer, y aunque era inexperto en cosas de mar, ejecutó la maniobra lo mejor que pudo. Y dirigido desde la barra por la mano firme del capitán, el pequeño navío alejóse a toda vela, y empujado por el viento propicio, puso la proa hacia Al-Iskandaria.

Entretanto, el pobre Nur se lamentaba desde lo más profundo de su alma, sin atreverse a quejarse descaradamente en presencia del barbudo capitán, que le miraba con ojos chispeantes; y se decía: ‘¡Vaya una calamidad que ha caído sobre mi cabeza en el momento en que creía yo acabadas mis tribulaciones! ¡Y cada contratiempo que me ocurre es peor que el anterior! ¡Si al menos comprendiese yo algo de todo esto! Y luego, ¿qué va a ser de mí al lado de este hombre feroz? ¡Sin duda que no saldré vivo de entre sus manos!’ Y siguió dejándose llevar así de sus desoladores pensamientos durante toda la noche, cuidando de las velas y de los aparejos.

Por la mañana, a la vista de una ciudad donde iban a anclar para contratar más tripulantes, el capitán se levantó de pronto, presa de gran agitación, y empezó por tirar el turbante a sus pies. Luego, como Nur le mirara estupefacto, sin comprender nada, se echó a reír, y arrancándose a dos manos la barba y los bigotes, se transformó de improviso en una joven como la luna cuando sale sobre el mar. Y Nur reconoció a la princesa Mariam. Y una vez que se le hubo pasado la emoción, se arrojó a los pies de ella, en el límite de la admiración y de la alegría, y le confesó que había tenido mucho miedo a aquel terrible capitán que con tanta facilidad separaba de los hombros las cabezas de las personas. Y la princesa Mariam se rió mucho de su terror; y tras de abrazarse, apresuróse cada cual a maniobrar para entrar en el puerto de la ciudad. Y cuando estuvieron en tierra, contrataron a varios marineros, y se hicieron a la mar otra vez. Y la princesa Mariam, que entendía a maravilla la navegación y conocía las rutas marinas y los vientos y las corrientes, siguió dando de día las órdenes necesarias en el transcurso del viaje.

Pero por la noche no dejaba de acostarse junto a su bienamado Nur y de saborear, en medio de la frescura marina, bajo el cielo puro, todas las voluptuosidades del amor. ¡Alah los guarde y los conserve y aumente sobre ellos sus favores!

Alah les decretó hasta el fin del viaje una navegación sin contratiempo, y no tardaron en divisar la Columna del Mástil. Y cuando el navío estuvo amarrado al puerto y los hombres de la tripulación bajaron a tierra, dijo Nur a la princesa Mariam: ‘¡Henos por fin en tierra musulmana! ¡Espérame aquí un momento solamente, que voy a comprarte todo lo preciso para que entres decentemente en la ciudad, pues veo que no tienes ropa, ni velo, ni babuchas!’ Y contestó Mariam: ‘Sí, vé a comprarme todo eso, ¡pero no tardes en volver!’ Y Nur bajó a tierra para comprar aquellos objetos.

¡Y he aquí lo referente a ellos!

¡Pero he aquí ahora lo referente al rey de los francos de Constantinia! Al día siguiente de la partida nocturna de la princesa fueron a anunciarle su desaparición, y no pudieron darle otro detalle sino que había ido a hacer sus devociones a la gran iglesia patriarcal. Pero en el mismo instante llegó la anciana celadora, que iba a anunciarle la desaparición del nuevo servidor de la iglesia, e inmediatamente le enteraron también de la marcha del navío y de la muerte de los diez marineros cuyos cuerpos decapitados se hallaron en la playa. Y el rey de los francos, bullendo de furor reconcentrado en su vientre, reflexionó durante una hora de tiempo, y dijo: ‘¡Puesto que mi navío ha desaparecido, no cabe duda que ha transportado a mi hija!’ Y sobre la marcha llamó al capitán del puerto y al visir tuerto y cojo, y les dijo: ‘¡Ya os habréis enterado de lo que acaba de suceder! Sin duda ha partido mi hija para el país de los musulmanes en busca de sus perforadores.

¡Como no déis con ella, viva o muerta, nada os salvará del palo que os espera! ¡Salid!’

Entonces el viejo visir tuerto y cojo y el capitán del puerto se apresuraron a fletar un navío, y sin tardanza se hicieron a la vela con rumbo a Al-Iskandaria, adonde llegaron en el mismo momento que ambos fugitivos. Y reconocieron el navío amarrado al puerto. Y también divisaron, sin dejar lugar a duda, a la princesa Mariam, que estaba sentada sobre cubierta en un montón de jarcias. Y al punto hicieron destacarse en una barca a unos cuantos hombres armados, que se abalanzaron de pronto al navío de la princesa, consiguieron apoderarse de ella de improviso, la amordazaron y la transportaron a bordo de su nave después de prender fuego al navío. Y sin pérdida de tiempo llegaron a alta mar y pusieron la proa con rumbo a Constantinia, teniendo la fortuna de arribar allá sin contratiempo. Y se apresuraron a hacer entrega de la princesa Mariam a su padre...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La septingentésima quinta noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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