miércoles, 7 de julio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La septingentésima decimoctava noche

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“Y cuando llegó la 718ª noche

Ella dijo:

‘...y mataron carneros y camellos para ofrecernos un espléndido festín. Pero cuando llegó el momento de sentarnos a tomar parte en el festín, nos negamos a ello; y en nombre de toda la asamblea, declaré yo al jeique Al-Ghitrif: ‘¡Por los merecimientos sagrados del pan y de la sal, y por la fe de los árabes, que no tocaremos ninguno de estos manjares mientras no hayas accedido a nuestra demanda!’ Y dijo Al-Ghitrif: ‘¿Y cuál es vuestra demanda?’ Contesté: ‘¡Venimos a solicitarte para el matrimonio de tu noble hija Riya con Otbah; hijo de Al-Hubab el Ansarita, hijo de Al-Mundhir, hijo de Al-Jamuh, el bravo, el bueno, el ilustre, el victorioso, el excelente!’ Y cambiando repentinamente de color, el padre de Riya nos dijo inmediatamente con voz tranquila: ‘¡Oh hermanos árabes! dueña de su voluntad es la que me hacéis el honor de pedirme en matrimonio para el ilustre Otbah, hijo de Al-Hubab. Y no he de contrariar su voluntad. ¡Ella es, pues, quien tiene que hablar! ¡Y al mismo instante voy a buscarla para pedirle su opinión!’ Y se levantó, alejándose de nosotros, muy pálido, llena de cólera la nariz y con una cara que por sí sola desmentía el sentido de sus palabras.

Se fue, pues, a su tienda en busca de su hija Riya, la cual, muy asustada por la expresión de su rostro, le preguntó: ‘¡Oh padre mío! ¿Por qué la cólera altera de modo tan violento la tranquilidad de tu alma?’ Y se sentó él en silencio junto a su hija; y según supimos más tarde, acabó por decirle: ‘¡Has de saber ¡oh Riya, hija mía! que acabo de dar hospitalidad a unos Ansaritas que vinieron a mí con el fin de pedirte en matrimonio para uno de ellos!’

Ella dijo: ‘¡Oh padre! ¡La familia de los Ansaritas es una de las más ilustres entre los árboles! ¡Y has hecho bien en darles hospitalidad! Pero dime, ¿para cuál de ellos acaban de pedirme en matrimonio?’ El contestó: ‘¡Para Otbah, hijo de Hubab!’ Ella dijo: ‘¡Se trata de un joven conocido!

¡Y es digno de entrar en tu raza!’ Pero exclamó él, lleno de furor: ‘¿Qué palabras acabas de pronunciar? ¿Es que has entablado relaciones con él? ¡Porque ¡por Alah! he jurado a mi hermano en otro tiempo que te concedería en matrimonio a su hijo, y ninguno, a no ser el hijo de tu tío, es digno de entrar en mi familia!’ Ella dijo: ‘¡Oh padre! ¿Y qué vas a responder a los Ansaritas? ¡Son árabes llenos de nobleza y muy susceptibles en todas las cuestiones de preeminencia y honor! Y si me niegas en matrimonio a uno de ellos, vas a atraer sobre ti y la tribu su rencor y el efecto de su venganza. ¡Porque se creerán menospreciados por ti y no te lo perdonarán!’

El dijo: ‘¡Verdad dices! Pero voy a disimular mi negativa pidiendo para ti una dote exorbitante. Porque dice el proverbio: ‘¡Si no quieres casar a tu hija, exagera tu petición de dote!’

Dejó, pues, a su hija y volvió a nuestro lado para decirnos: ‘La hija de la tribu ¡oh huéspedes míos! no se opone a vuestra petición de matrimonio; pero exige una dote que sea digna de sus méritos. ¿Quién de entre vosotros podrá darme el valor de esa perla incomparable?’ A estas palabras, se adelantó Otbah y dijo: ‘¡Yo!’ El jeique dijo: ‘¡Pues bien; mi hija pide mil brazaletes de oro rojo, cinco mil monedas de oro del cuño de Hajar, un collar de cinco mil perlas, mil piezas de tela de seda indiana, doce pares de botas de cuero amarillo, diez sacos de dátiles del Irak, mil cabezas de ganado, una yegua de la tribu de Anazi, cinco cajas de almizcle, cinco pomos de esencia de rosas y cinco cajas de ámbar gris!’

Y añadió, encarándose con Otbah: ‘¿Eres hombre que se preste a esta demanda?’ Y contestó Otbah: ‘¿Lo dudas, oh ¡padre de los árabes!? ¡No solamente accedo a pagarte la dote pedida, sino que añadiré a ella algo más aún!’

Entonces yo me volví a Medina con mi amigo Otbah, y no sin muchos esfuerzos y trabajos, logramos reunir todas las cosas pedidas. Y gasté sin tasa mi dinero, con más gusto que si hubiese hecho para mí todas aquellas compras. Y regresamos a las tiendas de los Bani-Sulem con todas nuestras compras, y nos apresuramos a entregárselas al jeique Al-Ghitrif. Y sin poder ya retirarse de su palabra, el jeique se vio obligado a recibir a todos sus huéspedes los Ansaritas, que se reunieron para cumplimentarle por el matrimonio de su hija. Y comenzaron los festejos y duraron cuarenta días. Y degolláronse camellos y corderos en gran número, y se guisaron en calderas manjares de todas clases, de los que cada individuo de la tribu podía comer a su antojo.

Al cabo de aquel tiempo, preparamos un palanquín suntuoso que pusimos al lomo de un tronco de camellos, y en él colocamos a la recién casada. Y partimos todos en el límite de la alegría, seguidos por una caravana entera de camellos cargados con presentes. Y mi amigo Otbah estaba lleno de gozo en espera del día de la llegada, en que por fin se encontraría a solas con su bienamada. Y durante todo el viaje no la abandonaba un instante, y le hacía compañía en su palanquín, de donde no bajaba más que para favorecerme con una conversación de amistad, confianza y gratitud...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La septingentésima decimonovena noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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Valram

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martes, 6 de julio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La septingentésima decimoséptima noche

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“Y cuando llegó la 717ª noche

Ella dijo:

‘...Y mi alma y mi corazón están con ella. ¡Y mientras no me sea posible volver a verla, no disfrutaré de dicha alguna, aunque gozase de las delicias del paraíso!’

Habló así, y a medida que se coloreaban sus mejillas sombreadas, crecía mi cariño hacia él. Y le dije cuando calló: ‘¡Oh Otbah! ¡Oh primo mío! ¡Pon tu esperanza en Alah, y ruégale que te otorgue el perdón de tus pecados! Por lo que a mí se refiere, heme aquí dispuesto a ayudarte con todo mi poder y con todos mis medios para que encuentres a la joven de tus pensamientos.

¡Porque al verte sentí que mi alma iba por sí misma en pos de tu persona, y lo que haga yo por ti en lo sucesivo será únicamente por ver bajarse contentos hacia mí tus ojos!’ Y así diciendo, le oprimí contra mí afectuosamente, y le besé como un hermano besaría a su hermano; y durante toda la noche no cesé de tranquilizar su alma querida. Y en verdad que en toda mi vida olvidaré aquellos momentos deliciosos e incompletos pasados al lado suyo.

Al día siguiente fui con él a la mezquita, y le dejé pasar el primero por consideración. Y estuvimos juntos allí, desde por la mañana hasta mediodía, hora en que las mujeres suelen ir a la mezquita. Pero, con gran desaliento por nuestra parte, observamos que ya estaban en la mezquita todas las mujeres, sin que entre ellas se encontrara la joven. Y al ver yo la pena que aquel descubrimiento producía en mi joven amigo, le dije: ‘¡No te inquietes por eso! ¡Voy a preguntar por tu bienamada a estas mujeres que ayer estaban con ella!’

Y salí corriendo hasta llegar junto a ellas, y conseguí al fin que me enterasen de que la joven era una virgen de muy alta estirpe que se llamaba Riya, y era hija de Al-Ghitrif, jefe de la tribu de los Bani-Sulem. Y les pregunté: ‘¡Oh mujeres de bien! ¿Por qué no ha venido ella hoy con vosotras?’ Contestaron: ‘¿Cómo ha de hacerlo, si su padre, que custodió a los peregrinos durante la travesía por el desierto desde el Irak hasta la Meca, ha regresado ayer con sus jinetes a su tribu, que está a orillas del Éufrates, y ha llevado consigo a su hija Riya?’ Y les di las gracias por sus informes, y volví al lado de Otbah; y le dije: ‘¡Las noticias que te anuncio ¡ay! no están de acuerdo con mis deseos!’ Y le puse al corriente de la marcha de Riya con su padre hacia la tribu. Luego le dije: ‘Pero tranquiliza tu alma, ¡oh Otbah! ¡Oh primo mío! porque Alah me ha concedido riquezas numerosas, y estoy dispuesto a gastarlas para hacerte llegar al logro de tus fines. ¡Y desde este momento voy a tomar parte en el asunto, y a llevarlo a buen término, con ayuda de Alah!’ Y añadí:

‘¡Pero has de tomarte el trabajo de acompañarme!’ Y se levantó y me acompañó hasta la mezquita de sus parientes los Ansaritas.

Allí esperamos a que se reuniese el pueblo, y saludé a la asamblea, y dije: ‘¡Oh creyentes Ansaritas reunidos aquí! ¿Qué opinión tenéis acerca de Otbah y del padre de Otbah?’ Y contestaron a la vez: ‘¡Todos creemos que son árabes, pertenecientes a una familia ilustre y de una noble tribu!’ Y les dije: ‘Sabed, pues, que Otbah, hijo de Al-Hubab, está consumido por una pasión violenta. ¡Y vengo precisamente a rogaros que unáis vuestros esfuerzos a los míos para asegurar su dicha!’ Contestaron: ‘¡De todo corazón amistoso!’ Dije: ‘¡En este caso, tenéis que acompañarme a las tiendas de los Bani-Sulem para ver al jeique Al-Ghitrif, su jefe, a fin de pedirle en matrimonio a su hija Riya para vuestro primo Otbah, hijo de Al-Hubab!’ Y todos contestaron con el oído y la obediencia. Entonces monté a caballo, y también Otbah; y la asamblea hizo lo mismo.

Y pusimos a galope tendido nuestros caballos sin detenernos. Y de tal suerte conseguimos llegar a las tiendas de los jinetes del jeique Al-Ghitrif, a seis jornadas de Medina.

Cuando nos vio llegar el jeique Al-Ghitrif, salió a nuestro encuentro hasta la puerta de su tienda, y después de las zalemas, le dijimos: ‘Venimos a pedirte hospitalidad, ¡oh padre de los árabes!’ El contestó: ‘Bienvenidos seáis a nuestras tiendas ¡oh nobles huéspedes!’ Y así diciendo, al punto dio a sus esclavos las órdenes necesarias para recibirnos como era debido. Y los esclavos extendieron, en honor nuestro, esteras y alfombras, y mataron carneros y camellos para ofrecernos un espléndido festín...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La septingentésima decimoctava noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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