lunes, 31 de enero de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima vigésima cuarta noche

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“Pero cuando llegó la 924ª noche

Ella dijo:

‘…Ven ¡oh hombre! para que juntos nos procuremos el beneficio de un camello’. Y Goha se despertó refunfuñando, y con los ojos medio cerrados, hizo la cosa en cuestión. Y al punto se volvió a dormir.

Pero a primera hora de la mañana, la esposa, asaltada de nuevos deseos, sacó de su sueño a Goha, diciéndole: ‘¡Date prisa ¡oh hombre! a despertarte antes de que salga el sol, que tenemos que hacer juntos lo que nos proporcionará, de parte del Retribuidor, el precio acordado por rescate de un esclavo!’

Pero aquella vez Goha no quiso oír, y contestó: ¡Oh mujer! ¿Y qué esclavitud peor que la de un hombre que se ve obligado a sacrificar a su propio niño? Deja, pues, al niño de su padre, y rescátame el primero a mí, que soy tu esclavo’.

-Y otro día, en otra mezquita, Si-Goha, escuchaba piadosamente al imam, que decía: ‘¡Oh creyentes que evitáis a vuestras mujeres para correr en pos de las nalgas de los mancebos! sabed que cada vez que un creyente realiza con su esposa el acto conyugal, Alah levanta para él un kiosco en el paraíso’. Y de vuelta en su casa, Goha contó a su mujer la cosa, porque así salió en la conversación, aunque sin darle importancia. Pero la esposa, que no había dejado salir por la otra oreja lo que le había entrado por una, esperó a que estuviesen acostados los niños, y dijo a Goha:

‘¡Bueno, ven para que hagamos que nos levanten un kiosco a nombre de nuestros hijos!’ Y Goha contestó: ‘No hay inconveniente’. Y metió la herramienta del albañil en el cajón de la argamasa. Luego se acostó.

Pero al cabo de una hora de tiempo, la esposa de ojos vacíos despertó a Goha, y le dijo: ‘Me he olvidado de que tenemos una hija casadera que debe habitar sola. Levantemos un kiosco para ella’. Y Goha dijo: ‘¡Vaya, ualahí! ¡Sacrifiquemos al muchacho por la muchacha!’ E introdujo al niño consabido en la cuna que le reclamaba. Luego se echó en su colchón, resoplando, y se volvió a dormir. Pero a media noche la esposa le tiró del pie, reclamando otro kiosko para su madre. Pero Goha exclamó: ‘¡Sea la maldición de Alah con los pedigüeños indiscretos! ¿Acaso no sabes ¡oh mujer de ojos vacíos! que la generosidad de Alah prescindiría de nosotros si le obligáramos a levantar tantos kioscos a nuestro nombre?’

Y siguió roncando.

-Y un día entre los días, una mujer devota entre las vecinas de Goha estaba orando, cuando, por inadvertencia, se le escapó un cuesco. Y como no acostumbraba a hacerlo, no supo con exactitud si el cuesco consabido lo había engendrado ella realmente, o si el ruido que oyó provenía del roce de su pie contra las baldosas o de un gemido lanzado al orar. Y llena de escrúpulos, fue a consultar a Goha, de quien sabía estaba muy versado en la jurisprudencia. Y se lo explicó y le pidió su opinión. Y Goha, a manera de respuesta, soltó al punto un cuesco de importancia y preguntó a la devota: ‘¿Era un ruido como éste, tía mía?’ Y la vieja devota contestó: ‘¡Era un poco más fuerte!’ Y Goha lanzó al punto un segundo cuesco más importante que el primero, y preguntó a la devota: ‘¿Era así?’ Y ella contestó: ‘¡'Era un poco más fuerte todavía’. Entonces Goha exclamó: ‘¡No, por Alah, entonces no era un ventoseo, sino una tempestad! ¡Vete segura, ¡oh madre de los Ventoseos! porque si no, a fuerza de hacer ganas, voy a hacer pasteles!’

-Y un día, el asombroso conquistador tártaro Timur-Lenk, el Cojo de hierro, pasó cerca de la ciudad donde residía Si-Goha. Y se reunieron los habitantes, y después de discutir mucho la manera de impedir al khan tártaro que devastara su ciudad, acordaron rogar a Si-Goha que les sacara de tan cruel apuro. Y al punto Si-Goha hizo que le llevaran toda la muselina que había disponible en los zocos, y con ella se fabricó un turbante del tamaño de una rueda de carro. Luego montó en su burro, y salió de la ciudad al encuentro de Timur. Y cuando estuvo en su presencia, el tártaro observó aquel turbante extraordinario, y dijo a Goha: ‘¿Cómo traes ese turbante?’ Y Goha contestó: ‘¡Oh soberano del mundo! es mi gorro de noche, y te suplico que me dispenses por haber venido entre tus manos con este gorro de noche; pero dentro de un instante tendré mi gorro de día, que viene detrás cargado en un carromato alquilado a tal fin’. Entonces Timur-Lenk, espantado del enorme tocado de los habitantes, no pasó por aquella ciudad. Y lleno de simpatía por Goha, le retuvo a su lado, y le preguntó: ‘¿Quién eres?’ Y Goha contestó: ‘¡Aquí donde me ves, soy el dios de la tierra!’

Y Timur, que era de raza tártara, en aquel momento estaba rodeado de algunos mozalbetes, que eran los más hermosos de su nación, y tenían, como es corriente en los de su raza, los ojos muy pequeños y encogidos. Y dijo a Goha, mostrándole aquellos niños: ‘Y bien, ¡oh dios de la tierra! ¿Encuentras de tu gusto a estos lindos niños que aquí ves? ¿Tiene par su belleza?’ Y Goha dijo: ‘No es por disgustarte, ¡oh soberano del mundo! pero me parece que estos niños tienen los ojos demasiado pequeños, y a causa de ello carece de gracia su rostro’. Y Timur le dijo: ‘¡No te preocupen por eso! ¡Y puesto que eres el dios de la tierra, hazme el favor de agrandarle los ojos!’ Y Goha contestó: ‘¡Oh mi señor! ¡Respecto a ojos del rostro, sólo Alah puede agrandarlos, pues, por mi parte, yo, que soy el dios de la tierra, sólo puedo agrandarle el ojo que tienen de cintura para abajo!’ Y al oír estas palabras, Timur comprendió con qué clase de granuja tenía que habérselas, y se regocijó con su réplica, y en lo sucesivo, lo retuvo con él, como bufón habitual.

-Y un día, Timur, que no solamente era cojo y tenía un pie de hierro, sino también tuerto y extremadamente feo, charlaba de unas cosas y de otras con Goha. Y a la sazón entró el barbero de Timur, y después de afeitarle la cabeza, le presentó un espejo para que se mirase. Y Timur se echó a llorar. Y siguiendo su ejemplo, Goha rompió en llanto, y lanzó suspiros tras gemidos, e invirtió en ello una o dos o tres horas de tiempo. Así es que ya había acabado de llorar Timur, y Goha seguía sollozando y lamentándose. Y Timur, asombrado, le dijo:

¿Qué te pasa? Si yo he llorado, fue porque me miré en el espejo de este barbero de mal augurio y me encontré verdaderamente feo. Pero ¿por qué motivo viertes tú tantas lágrimas y continúas gimiendo tan lamentablemente?’ Y Goha contestó:

‘Dicho sea con todo respeto. ¡Oh soberano nuestro! he de hacerte observar que ha bastado que te mires un breve instante en el espejo para llorar dos horas de tiempo. ¿Qué tiene, pues, que quien te está mirando todo el día llore más tiempo que tú?’ Y a estas palabras, en vez de enfadarse, Timus se echó a reír de tal manera, que se cayó de trasero.

-Y otro día, estando Timur a la mesa, eructó muy cerca de la cara de Goha. Y exclamó Goha: ‘¡Oh soberano mío! ¡Eructar es un acto vergonzoso!’ Y Timur, asombrado, dijo: ‘En nuestro país no se tiene por vergonzoso el eructo’. Y Goha no contestó nada; pero, al final de la comida, soltó un cuesco ruidoso. Y exclamó Timur, enfadado: ‘¡Oh hijo de perro! ¿Qué haces? ¿Y no te da vergüenza?’ Y Goha contestó:

‘¡Oh mi señor! en nuestro país no se tiene eso por vergonzoso. ¡Y como sé que no comprendes la lengua de nuestro país, no he tenido escrúpulo en hacerlo!’

-Otro día, en otra ocasión, Goha reemplazaba al khateb en la mezquita de un pueblo vecino. Y cuando hubo acabado de predicar, dijo a sus oyentes, meneando la cabeza: ‘¡Oh musulmanes! el clima de vuestra ciudad es exactamente el mismo que el de mi pueblo’. Y ellos dijeron: ‘¿Por qué lo dices? El contestó, porque acabó de tentarme el zib, y lo encuentro como en mi pueblo, flojo y colgante sobre mis testículos. ¡La zalema con todos vosotros, que me voy!’

-Y otro día predicaba Goha en la mezquita, Y a manera de conclusión, alzó las manos al cielo, y dijo: ‘Dámoste gracias y te glorificamos por Tus bondades, ¡oh Dios verídico y todopoderoso que no nos has colocado el culo en la mano!’ Y asombrados por aquella acción de gracias, sus oyentes le preguntaron: ‘¿Qué quieres decir con esa extraña plegaria, ¡oh khateb!?’ Y Goha dijo: ‘¡Pues bien claro está, por Alah! ¡Si el Donador nos hubiese creado con el culo en la mano, nos mancharíamos la nariz cien veces al día!’

-Y otra vez, subido también en el púlpito, tomó la palabra; diciendo: ‘¡Oh musulmanes! ¡Loores a Alah, que no nos ha colocado detrás lo que tenemos delante!’ Y le preguntaron: ‘¿Por qué dices eso...?

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima vigésima quinta noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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domingo, 30 de enero de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima vigésima tercera noche

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“Y cuando llegó la 923ª noche

Ella dijo:

‘...Préstame una marmita para cocer en casa una cabeza de carnero’. Y el vecino prestó a Goha la marmita en cuestión. Y se coció en ella lo que se coció. Y al día siguiente Goha devolvió la marmita a su propietario. Pero había tenido cuidado de meter en ella otra marmita más pequeña. Y el vecino se asombró mucho, cuando recuperó lo que le pertenecía, al ver que le había dado fruto. Y dijo a Goha: ‘¡Ya Si- Goha! ¿Qué marmita es esta Pequeña que veo dentro de mi marmita?’. Y dijo Goha:

‘No sé; pero supongo que será que tu marmita ha parido esta noche’. Y dijo el otro:

‘¡Alahu akbar! se trata de un beneficio de la bendición por mediación tuya, ¡oh rostro de buen augurio!’. Y colocó en el vasar de la cocina la marmita y su hija.

Al cabo de cierto tiempo volvió Goha a casa de su vecino y le dijo: ‘¡Si no fuera por miedo a molestarte, ¡oh vecino! te pediría la marmita con su hija, que las necesito hoy!’. Y el otro contestó: ‘De todo corazón amistoso, ¡oh vecino!’. Y le entregó la marmita con la otra más pequeña dentro. Y Goha las cogió y se marchó. Y transcurrieron varios días sin que Goha devolviese lo que se había llevado. Y el vecino fue a buscarle, y le dijo: ‘¡Ya Si-Goha! no es por falta de confianza en ti, pero en casa necesitamos hoy el utensilio que te llevaste’. Y Goha preguntó: ‘¿Qué utensilio, ¡oh vecino!?’. Y el otro dijo: ‘¡La marmita que te presté y engendró!’ Y contestó Goha: ‘¡Alah la tenga en su misericordia! Se ha muerto’. Y dijo el vecino:

‘¡No hay más dios que Alah! ¿Cómo se entiende, ¡oh Goha!? ¿Es que puede morirse una marmita?’ Y Goha dijo: ‘¡Todo lo que engendra, muere! ¡De Alah venimos, y a Él retornaremos!’.

-Y otra vez, un felah regaló a Goha una gallina cebada. Y Goha hizo guisar la gallina e invitó al felah a la comida. Y se comieron la gallina y quedaron muy satisfechos. Pero, al cabo de cierto tiempo, llamó a la puerta de Goha otro felah y pidió albergue. Y Goha le abrió y le dijo: ‘Bienvenido seas; pero ¿quién eres?’ Y el felah contestó: ‘Soy vecino del que te regaló la gallina’. Y Goha contestó: ‘Por encima de mi cabeza y de mis ojos’. Y le albergó con toda cordialidad y le dio de comer y no le hizo carecer de nada. Y el otro se marchó tan contento. Y algunos días después llamó a la puerta un tercer felah. Y Goha preguntó: ‘¿Quién es?’. Y dijo el hombre: ‘Soy vecino del vecino del que te ha regalado la gallina’. Y Goha dijo: ‘No hay inconveniente’. Y le hizo entrar y sentarse ante la bandeja de manjares. Pero, por todo alimento y por toda bebida, puso delante de él una marmita con agua caliente, en la superficie de la cual se veían algunas gotitas de grasa. Y el felah, viendo que no había más, preguntó: ‘¿Qué es esto, ¡oh huésped mío!?’. Y Goha contestó: ‘¿Esto? pues la substancia de la substancia del agua en que se coció la gallina’.

-Y un día en que los amigos de Goha querían divertirse a costa suya, se concertaron entre sí, y le llevaron al hammam. Y llevaron huevos sin que Goha lo sospechara. Y cuando estuvieron en el hammam y se desnudaron todos, entraron con Goha en la sala de las sudaciones y dijeron: ‘¡Ha llegado el momento! Cada cual de nosotros va a poner un huevo’. Y añadieron: ‘Aquel de nosotros que no pueda poner tendrá que pagar la entrada al hammam a todos los demás’. Y acto seguido se pusieron todos en cuclillas, cacareando a más y mejor, a manera de gallinas. Y cada uno de ellos acabó por sacar un huevo de debajo de sí. Y al ver aquello, Goha enarboló de pronto el niño de su padre, y lanzando el cacareo de gallo, se precipitó sobre sus amigos, disponiéndose a asaltarlos. Y se levantaron muy de prisa todos, gritándole: ‘¿Qué vas a hacer, ¡oh miserable!? Y Goha contestó: ‘¿No lo estáis viendo? ¡Por mi vida! ¡Veo gallinas delante de mí, y como soy el único gallo, tengo que montarlas!’.

-También hemos llegado a saber que Goha tenía costumbre de ponerse todas las mañanas a la puerta de su casa y de recitar a Alah esta plegaria: ‘¡Oh Generoso! tengo que pedirte cien dinares de oro, ni uno más ni uno menos, porque los necesito. ¡Pero si, en vista de Tu generosidad, se pasase de la cifra de ciento, aunque sólo fuese en un dinar, o si, por mi carencia de méritos, faltara un sólo dinar de los ciento que te pido, no aceptaría el don!’.

Y he aquí que entre los vecinos de Goha había un judío enriquecido (¡de Alah nos viene la riqueza!) con toda clase de negocios reprensibles (¡sepultado sea en los fuegos del quinto infierno!). Y el tal judío oía todos los días a Goha recitar en voz alta aquella plegaria delante de su puerta. Y pensó para sí: ‘¡Por vida de Ibraim y de Yacub, que voy a hacer con Goha un experimento! Y ya veré cómo sale de la prueba.’ Y cogió una bolsa con noventa y nueve dinares de oro nuevo, y desde su ventana la tiró a los pies de Goha cuando éste recitaba su plegaria acostumbrada de pie ante el umbral de su casa. Y Goha recogió la bolsa, mientras el judío le vigilaba para ver en qué paraba el asunto. Y vio a Goha desatar los cordones de la bolsa, vaciando el contenido en su regazo y contando los dinares uno a uno. Luego oyó que Goha, al notar que faltaba un dinar para los cientos que había pedido, exclamaba, alzando las manos hacia su Creador: ‘¡Oh Generoso! ¡Loado y reverenciado y glorificado seas por tus beneficios! pero el don no está completo, y en vista de mi promesa, no puedo aceptarlo tal y como viene’. Y añadió: ‘Por eso voy a gratificar con ello a mi vecino el judío, que es un hombre pobre, cargado de familia y un modelo de honradez’. Y así diciendo, cogió la bolsa y la tiró dentro de la casa del judío. Luego se fue por su camino.

Cuando el judío vio y oyó todo aquello, llegó al límite de la estufacción, y se dijo:

‘¡Por los cuernos luminosos de Mussa! nuestro vecino Goha es un hombre lleno de candor y de buena fe. Pero no puedo verdaderamente opinar con respecto a él mientras no haya comprobado la segunda parte de su aserto’. Y al día siguiente tomó la bolsa, metió en ella cien dinares más uno, y la tiró a los pies de Goha en el momento en que éste recitaba su acostumbrada plegaria delante de su puerta. Y Goha, que demasiado sabía de dónde caía la bolsa, pero continuaba fingiendo creer en la intervención del Altísimo, se inclinó y recogió el don. Y cuando contó de un modo ostensible las monedas de oro, se encontró con que aquella vez era ciento uno el número de dinares. Entonces dijo, levantando las manos al cielo: ‘¡Ya Alah, tu generosidad no tiene límites! He aquí me has concedido lo que te pedía con toda confianza, y aun has querido colmar mi deseo, dándome más de lo que anhelaba. Así es que, para no herir tu bondad, acepto este don tal como viene, aunque en esta bolsa hay un dinar más de los que yo pedía’. Y tras de hablar así, se guardó la bolsa en el cinturón e hizo andar una tras otra a sus dos piernas. Cuando el judío, que miraba a la calle, vio que Goha se guardaba de tal suerte la bolsa en su cinturón y se marchaba tranquilamente, se puso muy amarillo de color y sintió que de cólera se le salía el alma por la nariz. Y se precipitó fuera de su casa y corrió detrás de Goha, gritándole:

‘¡Espera!, ¡oh Goha, espera!’. Y Goha dejó de andar, y encarándose con el judío, le preguntó: ‘¿Qué te pasa?’. El otro contestó: ‘¡La bolsa! ¡Devuélveme la bolsa!’. Y dijo Goha: ‘¿Devolverte la bolsa de cien dinares y un dinar que Alah me ha deparado?

¡Oh perro de judíos! ¿Es que esta mañana ha fermentado tu razón en tu cráneo? ¿O acaso piensas que debo dártela como te di la de ayer? En este caso, puedes desengañarte, porque ésta la guardo por miedo a ofender al Altísimo en Su Generosidad para conmigo, que soy indigno de ella. Bien sé que hay un dinar de más en esta bolsa, pero eso no perjudica a los demás. ¡Por lo que a ti respecta, ya estás yendo!’ Y enarboló un grueso garrote nudoso, e hizo ademán de dejarlo caer con todo su peso sobre la cabeza del judío. Y el desgraciado de la descendencia de Yacub se vio obligado a volverse con las manos vacías y la nariz alargada hasta los pies.

-Y otro día Si-Goha escuchaba en la mezquita predicar al khateb. Y en aquel momento el khateb explicaba a sus oyentes un extremo de derecho canónico, diciendo: ‘¡Oh creyentes! sabed que si a la caída de la noche el marido cumple con su esposa los deberes de un buen esposo, se verá recompensado por el Retribuidor como si hubiese sacrificado un carnero. Pero si la copulación lícita tiene lugar durante el día, se le tendrá en cuenta al marido como si se tratara del rescate de un esclavo. ¡Y si la cosa se realiza a media noche, la recompensa será igual a la obtenida por el sacrificio de un camello!’.

Y he aquí que, de vuelta en su casa, Si-Goha transmitió a su esposa estas palabras. Luego se acostó a su lado para dormir. Pero la mujer, sintiéndose poseída de violentos deseos, dijo a Goha: ‘Levántate ¡oh hombre! a fin de que ganemos la recompensa que se obtiene por el sacrificio de un carnero’. Y Goha dijo: ‘Está bien’. E hizo la cosa y volvió a acostarse. Pero a media noche de nuevo se sintió la hija de perro con el organismo en disposición copulativa y volvió a despertar a Goha, diciéndole: ‘Ven ¡oh hombre! para que juntos nos procuremos el beneficio que reporta el sacrificio de un camello...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima vigésima cuarta noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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