sábado, 5 de marzo de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima quincuagésima séptima noche

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“Pero cuando llegó la 957ª noche

Ella dijo:

...Y fue un encanto para los ojos y un bálsamo para el olfato. Sin embargo, a pesar de la curación del rey, los dos hijos mayores, que se habían vuelto con la nariz alargada, pretendieron que aquella rosa marina no estaba dotada de virtudes milagrosas, y que el rey había recobrado la vista sólo merced a la hechicería y a la intervención, en aquel asunto, del demonio lapidado.

Pero su padre el rey, furioso por sus alegatos y descontento de su falta de discernimiento, los reunió en presencia de su hermano Nurgihán, y les pronunció un discurso severo, y les dijo: ‘¿Por qué dudáis del efecto de esta rosa en mi vista? Entonces, ¿no creéis que Alah el Altísimo pueda poner la curación en el corazón de una rosa, cuando puede hacer de una mujer un hombre y de un hombre una mujer? Escuchad, por cierto, ahora que viene a punto, lo que le sucedió a la hija de un rey de la India’. Y dijo:

‘En la antigüedad del tiempo, había un rey de la India que poseía en su harén cien mujeres hermosas y jóvenes, cogidas entre millares de jovenzuelas que no tenían igual en los palacios de los reyes. Pero ninguna concebía de él ni paría. Y aquello tenía triste y apenado al rey de la India, que ya estaba viejo y encorvado por la edad. Pero al fin, por obra de la omnipotencia de Alah, la más joven de las esposas del rey se quedó encinta, y después de nueve meses, echó al mundo una hija muy hermosa y de un aspecto verdaderamente feérico. Y su madre, por temor a que el rey se apenara al ver que no tenía un hijo varón, hizo correr el rumor de que la niña recién nacida era un niño. Y se puso de acuerdo con los astrólogos para hacer creer al rey que no convenía viese aquel niño antes de los diez años. ‘Cuando la pequeña, que crecía en belleza, llegó a la edad en que su padre podía verla por fin, su madre le hizo las recomendaciones necesarias y le explicó cómo debía conducirse para hacerse pasar por un muchacho. Y la chiquilla, a quien Alah había dotado de listeza y de inteligencia, comprendió perfectamente las instrucciones de su madre, y se amoldó a ellas en toda ocasión. E iba y venía por los aposentos reales vestida de chico y comportándose como si fuese realmente del sexo masculino.

‘Y su padre el rey, de día en día se regocijaba de la hermosura del niño, a quien creía varón. Y cuando aquel presunto hijo alcanzó la edad de quince años, el rey decidió casarle con una princesa hija de un rey vecino. Y se concertó el matrimonio.

‘Y cuando llegó el término fijado, el rey hizo que vistieran a su hijo con traje masculino, le hizo sentarse a su lado en un palanquín de oro, llevado a lomos de un elefante, y le condujo con un gran cortejo al país de su futura esposa. Y en aquella circunstancia tan difícil, el joven príncipe, que era interiormente una princesa, tan pronto lloraba como reía.

‘Una noche en que el cortejo se había detenido en una selva frondosa, la joven princesa salió de su palanquín, y se alejó entre los árboles para satisfacer una necesidad de que hasta las princesas son esclavas. Y he aquí que se encontró frente a frente con un genni muy hermoso que estaba sentado bajo un árbol y era el guardián de aquella selva. Y el genni, deslumbrado por la belleza de la joven, la saludó cortésmente y le preguntó quién era y dónde iba. Y ella, confiada en el aspecto simpático de él, le contó su historia toda con sus menores detalles, y le dijo cuán comprometida iba a verse en la noche de bodas al entrar en el lecho de la que le destinaban por esposa.

‘Entonces el genni, conmovido por el apuro en que se encontraba ella, reflexionó un instante; luego le ofreció generosamente prestarle por entero su sexo y tomar el de la joven, pero a condición de que ella le devolviera fielmente el depósito en tiempo oportuno. Y la joven, llena de gratitud, aceptó la oferta y consintió en la proposición. Y por obra de la voluntad del Todopoderoso, al punto se efectuó el cambio sin dificultad ni complicación. Y entusiasmada ella hasta el límite del entusiasmo, cargada con aquel don nuevo y aquella mercancía, volvió con su padre y subió otra vez al palanquín. Y como todavía no estaba acostumbrada a sus nuevos apéndices, se sentó torpemente encima de ellos, y lanzó un grito de dolor. Pero se repuso en seguida para que no se lo notaran, y en lo sucesivo puso toda su atención y todos sus cuidados en no repetir el mismo movimiento, no solamente para no sufrir el mismo dolor, sino también para no estropear un depósito que le estaba confiado y que tenía que devolver en buen estado a su propietario.

‘Y días después, el cortejo llegó a la ciudad de la novia. Y se celebró con gran pompa el matrimonio. Y el esposo supo servirse a maravilla del instrumento que graciosamente le había prestado el genni, y tan bien lo manipuló, que la recién casada quedó encinta de buenas a primeras. Y se puso contento todo el mundo.

‘Al cabo de nueve meses, la recién casada parió un niño encantador. Y cuando salió del puerperio, su esposo le dijo: ‘Ya es tiempo de que nos vayamos a mi país, con objeto de que veas a mi madre, a mis parientes y mi reino’. Le dijo eso, pero, en realidad, lo que quería era devolver sin más tardanza al genni de la selva el depósito intacto y en buen estado, tanto más cuanto que, durante aquellos nueve meses de vida agradable, aquel depósito había fructificado y se había hermoseado y desarrollado.

‘Y como la joven esposa respondió con el oído y la obediencia, se pusieron en camino. Y no tardaron en llegar a la selva, residencia del genni dueño de la mercancía. Y el príncipe se alejó de la caravana y se presentó en el paraje donde habitaba el genni. Y lo encontró sentado en el mismo sitio, visiblemente fatigado y con la apariencia de una mujer a quien le hubiera engordado el vientre. Y después de las zalemas, le dijo: ‘¡Oh jefe de los genn y corona suya! gracias a tu benevolencia, he realizado plenamente lo que tenía que hacer y he obtenido lo que deseaba. Y ahora, cumpliendo mi promesa, vengo a devolverte fielmente tu bien, que ha crecido y se ha hermoseado, y a recoger mi bien’. Y así diciendo, quiso ponerle en la mano el depósito que llevaba.

‘Pero el genni le contestó: ‘Ciertamente, tu formalidad es mucha formalidad y tu honradez es extremada. Pero, con gran sentimiento mío, debo decirte que ahora no tengo gana de recuperar lo que te he prestado ni de darte lo que llevo conmigo. Es cosa decidida, y el Destino lo ha dispuesto así. Porque, desde que nos separamos, ha ocurrido algo que impide para en lo sucesivo todo cambio entre nosotros’. Y la antigua joven preguntó: ‘¿Y qué es ¡oh gran genni! lo que nos impide a ambos recuperar nuestro respectivo sexo?’ El contestó: ‘Has de saber ¡oh antigua joven! que te he esperado aquí mucho tiempo, velando delicadamente por el depósito que me habías confiado a cambio del mío; y no perdoné nada para conservarlo en su estado encantador de virginidad y de candor, cuando he aquí que, un día, un genni, intendente de estos dominios, pasó por la selva y vino a verme. Y por mi nuevo olor comprendió que yo era portador de un sexo que él no sabía que tuviese. Y experimentó por mí un amor violento; y excitó en mí el mismo sentimiento, recíprocamente. Y se unió conmigo de la manera ordinaria, y rompió el sello de la virginidad que tenía en depósito. Y experimenté cuanto experimenta una mujer en circunstancia semejante; y hasta observé que el placer sentido por las mujeres es mucho más durable y de calidad más delicada que el sentido por los hombres. Y actualmente no puedo recobrar mi sexo, porque estoy encinta de mi esposo el intendente; y si, por desgracia, consintiera yo en volver a ser hombre y tuviese que parir, siendo hombre, al hijo que llevo en mi seno, sin duda moriría de dolor y con el vientre desgarrado. Y ya sabes el acontecimiento que me obliga de por vida a guardar lo que me has prestado. Así, pues, por tu parte, guarda lo que te he prestado yo. Y demos gracias a Alah que lo ha efectuado todo sin daño ni contratiempo, y que ha permitido se realice entre nosotros este cambio que no lesiona a nadie’.

Y el rey, tras de contar esta historia a sus dos hijos mayores delante de su hermano Nurgihán, continuó: ‘Así, pues, nada es imposible para la omnipotencia del Creador. Y Él, que de tal suerte ha podido convertir a una joven en un joven, y a un genni varón en mujer encinta, también ha podido poner la curación de mi vista en el corazón de una rosa’. Y después de hablar así, echó de su presencia a sus dos hijos mayores y retuvo consigo al joven Nurgihán, colmándole de atenciones y pruebas de ternura. Y esto es lo referente a ellos.

Pero he aquí lo que atañe a la princesa Cara de Lirio, la joven de China, dueña de la rosa marina:

Cuando el perfumador del cielo puso en la ventana de Oriente la bandeja de oro del sol llena del alcanfor de la aurora, la princesa Cara de Lirio abrió sus ojos encantadores y salió de su lecho. Y arregló su peinado, anudó su cabellera, y se dirigió muy lentamente, balanceándose con gracia, al pilón en que se hallaba la rosa marina. Porque cada mañana su primer pensamiento y su primera visita eran para su rosa. Y cruzó el jardín, cuya atmósfera estaba tan perfumada como el almacén de un mercader de sahumerios, y cuyos frutos eran en los árboles otras tantas redomas de azúcar suspendidas al aire. Y por la mañana de aquel día era más hermosa que todas las mañanas, y el cielo alquimista tenía color de vidrio y de turquesa. Y a cada paso de la joven del cuerpo de rosa parecían nacer flores, y el polvo que alzaba la cola de su traje era un colirio para los ojos del ruiseñor...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima quincuagésima octava noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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viernes, 4 de marzo de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima quincuagésima sexta noche

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“Pero cuando llegó la 956ª noche

Ella dijo:

‘...Y vio que aquel jardín, fragmento destacado del alto paraíso, surgía ante sus ojos tan hermoso como un crepúsculo granate. Y en medio de aquel jardín había un anchuroso pilón de agua de rosas hasta los bordes. Y en el centro de aquel pilón precioso se alzaba, única en su tallo, una flor de color rojo de fuego muy abierta. Y era la rosa marina. ¡Oh! ¡Qué admirable era! Sólo el ruiseñor podría hacer su verdadera descripción.

Y el príncipe Nurgihán, maravillado de su hermosura y embriagado con su olor, comprendió, desde luego, que una rosa semejante debía estar dotada de las más milagrosas virtudes. Y sin vacilar, se quitó sus vestidos, entró en el agua perfumada, y fue a arrancar el rosal entero con su única flor.

Luego, enriquecido con aquella delicada carga, el jovenzuelo volvió al borde del pilón, se secó y se vistió a la sombra de los árboles, y ocultó la planta bajo su manto, mientras las aves, escondidas en los cañaverales, contaban en su lenguaje a los arroyos el robo de la rosa milagrosa y de su arbolillo.

Pero no quiso él alejarse de aquel jardín sin haber visitado el encantador pabellón que se erguía a orillas del agua, y que estaba enteramente construido con cornalinas del Yemen. Y avanzó por el lado de aquel pabellón, y entró en él denodadamente. Y se encontró en una sala de la más armoniosa arquitectura, decorada con un arte perfecto y de hermosas proporciones. Y en medio de aquella sala había un lecho de marfil enriquecido de pedrerías alrededor del cual caían cortinas bordadas hábilmente. Y Nurgihán, sin vacilar, se dirigió al lecho, entreabrió las cortinas, y se quedó inmóvil de admiración al ver, acostada en los cojines, a una delicada jovenzuela, sin otro traje ni ornamento que su propia belleza. Y estaba sumida en un profundo sueño, sin sospechar que, por primera vez en su vida, unos ojos humanos la contemplaban sin el velo del misterio. Y sus cabellos aparecían en desorden; y su manita regordeta, con cinco hoyuelos, se posaba perezosamente en su frente. Y la negrura de la noche habíase refugiado en su cabellera color de almizcle, mientras las hermanas de las Pléyades se ocultaban detrás del velo de las nubes al ver el rosario luminoso de sus dientes.

Y el espectáculo de la belleza de aquella jovenzuela de China, que se llamaba Cara de Lirio, produjo tanto efecto en el príncipe Nurgihán, que se cayó privado de sentido. Pero no tardó en recobrar el conocimiento, y lanzando un profundo suspiro, se acercó a la almohada de la hermosa que le hechizaba, y no pudo por menos de recitar estos versos:

¡Cuando duermes en la púrpura, tu faz clara es como la aurora, y tus ojos cual los cielos marinos!

¡Cuando tu cuerpo, vestido de narcisos y de rosas, se pone de pie y se alarga estirado, no le igualaría la palmera que crece en Arabia!

¡Cuando tus finos cabellos, donde arden pedrerías, caen a plomo o se despliegan ligeros, ninguna seda valdría lo que su trama natural!

Tras de lo cual, queriendo dejar a la bella durmiente un indicio de su entrada en aquel lugar, le puso al dedo un anillo que llevaba, y le quitó del suyo la sortija que llevaba ella poniéndosela en su propio dedo. Y salió entonces del pabellón, sin despertarla, recitando estos versos:

¡Abandono este jardín llevando en mi corazón, como el tulipán sangriento, la herida del amor!

¡Desgraciado el que sale del jardín del mundo sin llevarse ninguna flor en la orla de su traje!

Y fue en busca del genni guardián de la selva, que le esperaba a la puerta del jardín, y le rogó que le transportara sin tardanza al reino del rey Zein El-Muluk, al Scharkistán. Y el genni contestó: ‘¡Oír es obedecer! ¡Pero no sin que antes me hayas dado otro pastel!’ Y Nurgihán le dio el último pastel que le quedaba ya. Y al punto le tomó el genni en su brazo izquierdo, y partió con él, en carrera aérea, hacia el Scharkistán.

Y llegaron sin contratiempo al reino del rey ciego Zein El-Muluk. Y cuando aterrizaron, dijo el genni al hermoso Nurgihán: ‘¡Oh capital de mi vida y de mi alegría! no quiero abandonarte sin dejarte una prueba de mi abnegación. Toma este mechón de pelo que acabo de arrancarme de la barba para ti. Y cada vez que necesites de mí, no tendrás más que quemar uno de estos pelos. Y estaré inmediatamente entre tus manos’. Y tras de hablar así, el genni besó la mano que le había alimentado, y se fue por su camino.

En cuanto a Nurgihán, se apresuró a subir al palacio de su padre, después de pedir audiencia y anunciar que llevaba la curación. Y cuando fue introducido a presencia del rey ciego, sacó de debajo de su manto la planta milagrosa, y se la entregó. Y no bien se acercó el rey a los ojos la rosa marina, de un olor y una hermosura que transportaban el alma de los espectadores, sus ojos se tornaron, en aquella hora y en aquel instante, luminosos como estrellas.

Entonces, en el límite de la alegría y de la gratitud, el rey besó en la frente a su hijo Nurgihán y le estrechó contra su pecho, manifestándole la más viva ternura. Y mandó publicar por todo el reino que para en adelante repartía el Imperio entre él y su hijo menor Nurgihán. Y dio las órdenes necesarias para que, durante un año entero, se celebrasen fiestas que tuviesen abierta para todos sus súbditos, ricos y pobres, la puerta de la alegría y del placer, y cerrada la de la tristeza y de la pena.

Después, Nurgihán, convertido en el preferido de su padre, que en lo sucesivo podría mirarle sin peligro de perder la vista, pensó en transplantar la rosa marina para que no muriese. Y a tal fin recurrió al genni de la selva, a quien llamó quemando uno de los pelos de la barba. Y el genni le construyó, en el espacio de una noche, un estanque de una profundidad de dos picas, con argamasa de oro puro y cimientos de pedrerías. Y Nurgihán se apresuró a plantar la rosa en medio de aquel estanque. Y fue un encanto para los ojos y un bálsamo para el olfato...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima quincuagésima séptima noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
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Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
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