jueves, 31 de marzo de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima octogésima tercera noche

_______________________________

“Pero cuando llegó la 983ª noche

Ella dijo:

...Y llegó al punto a presencia de Al-Hadi, que le dijo: ‘Ve en seguida al cuarto de mi hermano Al-Raschid, y tráeme su cabeza’.

Al oír estas palabras, que eran la sentencia de muerte de aquel a quien había criado, Massrur quedó estupefacto, aturdido y como herido por el rayo. Y murmuró:

‘De Alah somos y a El retornaremos’. Y acabó por salir, semejante a un hombre ebrio.

Y en el límite de la emoción, fue en busca de la princesa Khaizarán, madre de Al- Hadi y de Harún Al-Raschid. Y le vio ella azorado y trastornado, y le preguntó:

‘¿Qué hay ¡oh Massrur!? ¿Qué ha sucedido para que vengas aquí a hora tardía de la noche? Dime qué te pasa’. Y Massrur contestó: ‘¡Oh mi señora! ¡No hay recurso ni fuerza más que en Alah el Todopoderoso! He aquí que nuestro amo el califa Al- Hadi, tu hijo, acaba de darme esta orden: ‘Ve en seguida al cuarto de mi hermano Al-Raschid, y tráeme su cabeza’.

Y al oír estas palabras del portaalfanje, Khaizarán se sintió llena de terror; y se albergó en su alma el espanto; y la emoción le apretó el corazón hasta romperle. Y bajó la cabeza y se recogió en sí misma un instante. Luego dijo a Massrur: ‘Ve inmediatamente al cuarto de mi hijo Al-Raschid, y tráele aquí contigo’. Y Massrur contestó con el oído y la obediencia, y partió.

Y entró en el aposento de Harún. Y en aquel momento Harún estaba ya desnudo en el lecho, con las piernas debajo de la manta. Y Massrur le dijo atropelladamente:

‘Levántate, en nombre de Alah, ¡oh mi señor! y ven conmigo inmediatamente al cuarto de tu madre, mi señora, que te llama’. Y Al-Raschid se levantó, y vistiéndose de prisa, pasó con Massrur al aposento de Sett Khaizarán.

En cuanto ella vio a su hijo preferido, se levantó y corrió a él y le besó, sin decir una palabra, y le empujó a una pequeña habitación disimulada, cerrando la puerta tras él, que ni siquiera pensó en protestar o en pedir la menor explicación.

Y hecho esto, Sett Khaizarán envió a buscar en sus casas, donde estarían durmiendo, a los emires y a los principales personajes del palacio califal. Y cuando estuvieron todos reunidos en las habitaciones de ella, la princesa, desde detrás de la cortina del harén, les dirigió estas sencillas palabras: ‘En nombre de Alah el Todopoderoso, el Altísimo, y en nombre de su Profeta bendito, os pregunto si oísteis decir alguna vez que mi hijo Al-Raschid haya estado en connivencia, relación o trato con los enemigos de la autoridad califal o con los heréticos Zanadik, o que alguna vez haya tratado de hacer la menor tentativa de insubordinación o rebeldía contra su soberano Al-Hadi, hijo mío y señor vuestro’.

Y todos contestaron con unanimidad: ‘No, jamás’.

Y Khaizarán repuso al punto: ‘Pues bien; sabed que al presente, ahora mismo, mi hijo Al-Hadi pide la cabeza de su hermano Al-Raschid. ¿Podéis explicarme por qué motivo?’ Y los presentes quedaron tan aterrados y espantados, que ninguno de ellos osó articular una palabra. Pero el visir Rabiah se levantó y dijo al portaalfanje Massrur: ‘Ve en esta hora y en este instante a presentarte entre las manos del califa. Y cuando, al verte, te pregunte: ‘¿Has acabado?’, le responderás: ‘Nuestro señora Khaizarán, tu madre, esposa de tu difunto padre AlMahdi, madre de tu hermano, me ha sorprendido cuando yo me precipitaba sobre Al-Raschid; y me ha detenido y me ha rechazado. Y veme aquí ante ti, sin haber podido ejecutar tu orden’.

Y Massrur salió y al punto se presentó al califa.

Y en cuanto le vio Al-Hadi, le dijo: ‘Está bien, ¿dónde está lo que te he pedido?’ Y Massrur contestó: ‘¡Oh mi señor! mi señora la princesa Khaizarán me ha sorprendido abalanzándome sobre tu hermano Al-Raschid; y me ha detenido, y me ha rechazado, y me ha impedido cumplir mi misión’.

Y el califa, en el límite de la indignación, se levantó y dijo a Ishak y a la cantarina Ghader: ‘Seguid en el sitio en donde estáis, y esperad a que vuelva yo’.

Y llegó a las habitaciones de su madre Khaizarán y vio a todos los dignatarios y emires congregados allí. Y al verle, la princesa se puso en pie; y los personajes que estaban con ella también se levantaron. Y el califa, encarándose con su madre, le dijo con voz sofocada por la cólera: ‘¿Por qué, cuando yo quiero y ordeno una cosa, te opones a mis voluntades?’. Y Khaizarán exclamó ‘¡Alah me preserve, ¡oh Emir de los Creyentes! de oponerme a ninguna de tus voluntades! Sin embargo, deseo solamente que me indiques por qué motivo exiges la muerte de mi hijo Al-Raschid. Es tu hermano y sangre tuya; es, como tú, alma y vida de tu padre’. Y Al-Hadi contestó:

‘Puesto que quieres saberlo, sabe que deseo desembarazarme de Al-Raschid a causa de un sueño que he tenido la noche última y que me ha penetrado de espanto.

Porque en ese sueño he visto a Al-Raschid sentado en el trono, en mi lugar. Y junto a él estaba mi esclava favorita Ghader; y él bebía y jugueteaba con ella. Y como amo mi soberanía, mi trono y mi favorita, no quiero ver por más tiempo a mi lado, viviendo sin cesar junto a mí como una calamidad, a tan peligroso rival, aunque sea hermano mío’.

Y Khaizarán le contestó: ‘¡Oh Emir de los Creyentes! ésas son ilusiones y falsedades del sueño, malas visiones ocasionadas por los manjares ardientes. ¡Oh hijo mío! casi nunca resulta verídico un sueño’. Y continuó hablándole de tal suerte, aprobada por las miradas de los presentes. Y se dio tanta maña, que consiguió calmar a Al-Hadi y desvanecer sus temores. Y entonces hizo aparecer a Al-Raschid, y le hizo prestar juramento de que jamás había abrigado en la imaginación el menor proyecto de rebeldía o la menor ambición, y de que jamás intentaría nada contra la autoridad califal.

Y después de estas explicaciones, desapareció la cólera de Al-Hadi. Y se volvió a la cúpula, donde había dejado a su favorita con Ishak. Y despidió al músico y se quedó solo con la bella Ghader, divirtiéndose, regocijándose y dejándose penetrar por las delicias mezcladas de la noche y del amor. Y he aquí que de repente sintió un fuerte dolor en la planta de un pie. Y al punto se llevó la mano al sitio dolorido que le desazonaba, y se rascó. Y en algunos instantes formóse allí un pequeño tumor, que aumentó, hasta tener el volumen de una avellana. Y se le irritó, produciéndole desazones intolerables. Y se lo rascó él de nuevo; y aumentó hasta tener el volumen de una nuez, y acabó por reventársele. Y al punto Al-Hadi cayó de espaldas, muerto.

La causa de aquello fue que Khaizarán, en los pocos instantes que estuvo el califa con ella, después de la reconciliación, le había dado a beber un sorbete de tamarindo, que contenía la sentencia del Destino.

El primero que se enteró de la muerte de Al-Hadi fue precisamente el eunuco Massrur. E inmediatamente corrió a ver a la princesa Khaizarán, y le dijo: ‘¡Oh madre del califa! ¡Alah prolongue tus días! Mi señor Al-Hadi acaba de morir’. Y Khaizarán le dijo: ‘Está bien. Pero ¡oh Massrur! guarda secreto sobre esta noticia y no divulgues este acontecimiento súbito. Y ahora ve cuando antes en busca de mi hijo Al-Raschid, y tráemele’.

Y Massrur fue en busca de Al-Raschid, y le encontró acostado. Y le despertó, diciéndole: ‘¡Oh mi señor! mi señora te llama al instante’. Y Al-Raschid exclamó, trastornado: ‘¡Por Alah! mi hermano Al-Hadi le habrá vuelto a hablar en contra mía, y le habrá revelado algún complot tramado por mí, y del que jamás haya tenido yo idea’.

Pero Massrur le interrumpió, diciéndole: ‘¡Oh Harún! levántate en seguida y sígueme. Calma tu corazón y refresca tus ojos, porque todo va por buen camino, y no encontrarás más que éxitos y alegría.

Acto seguido, Harún se levantó y se vistió. Y al punto Massrur se prosternó ante él, y besando la tierra entre sus manos, exclamó: ‘¡La zalema contigo oh Emir de los Creyentes, imán de los servidores de la fe, califa de Alah en la tierra, defensor de la ley santa y de lo impuesto por ella!’

Y Harún, lleno de asombro y de incertidumbre, le preguntó: ‘¿Qué significan esas palabras, ¡oh Massrur!? Hace un momento me llamabas por mi nombre sencillamente; y al presente me das el título de Emir de los Creyentes. ¿A qué debo atribuir estas palabras contradictorias y un cambio de lenguaje tan imprevisto?’.

Y Massrur contestó: ‘¡Oh mi señor! ¡Toda vida tiene su destino y toda existencia su término! Alah prolongue tus días, pues tu hermano acaba de expirar.

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima octogésima cuarta noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

Para los nuevos suscriptores:
La primera entrada está en Las mil noches y una noche. Antecedentes, de donde pueden navegar dando click en la opción “Entrada más reciente”, al pié de la página.

Saludos
Valram

¡Recibe la colección competa en tu e-mail!, suscríbete aquí, ¡es completamente gratis!

miércoles, 30 de marzo de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima octogésima segunda noche

_______________________________

“Pero cuando llegó la 982ª noche

Ella dijo:

Y tal era el código del perfecto devorador, establecido por Tofail en la ciudad de Kufa. Y en verdad que Tofail fue el padre de los devoradores y la corona de los parásitos. Respecto a su manera de proceder, he aquí un hecho entre mil.

Un notable de la ciudad había invitado a algunos amigos y se regalaba en compañía de ellos con un plato de pescado maravillosamente condimentado. Y he aquí que a la puerta se oyó la bien conocida voz de Tofail, que hablaba al esclavo portero. Y uno de los convidados exclamó: ‘¡Alah nos preserve del tragaldabas! Ya conocéis, todos, la inusitada capacidad de Tofail. Apresurémonos, pues, a preservar de sus dientes estos hermosos pescados, y a ponerlos en seguridad en un rincón de la estancia, sin dejar en el mantel más que estos pececillos. Y cuando haya devorado los pequeños, como no le quedará ya nada que tragar, se marchará y nos regalaremos con los peces grandes’. Y se apresuraron a apartar los peces grandes.

Y entró Tofail, y sonriente y lleno de soltura dirigió la zalema a todo el mundo. Y después del bismilah, tendió la mano al plato. Pero el caso es que no contenía más que pescado menudo de mal aspecto. Y le dijeron los convidados, encantados de la jugarreta: ‘¡Eh, maese Tofail! ¿Qué te parecen esos peces? No tienes cara de encontrar el plato completamente de tu gusto’.

El aludido contestó: ‘Hace tiempo que no me hallo en buenas relaciones con la familia de los peces y estoy muy furioso con ellos. Porque a mi pobre padre, que murió ahogado en el mar, se lo comieron’.

Y le dijeron los convidados: ‘Muy bien; pues aquí tienes una excelente ocasión de aplicar la pena del talión por lo de tu padre, comiéndote a tu vez esos pescaditos’. Y Tofail contestó: ‘Tenéis razón. Pero esperad’. Y cogió un pececillo y se lo acercó al oído. Y su vista de parásito había divisado ya el plato escondido en el rincón y que contenía los peces grandes. Y después de haber simulado escuchar atentamente al pececillo frito, exclamó de pronto: ‘¡Oh! ¡Oh! ¿Sabéis lo que acaba de decirme este desperdicio de pez? Y los convidados contestaron: ‘¡No, por Alah! ¿Cómo vamos a saberlo?’

Y Tofail dijo: ‘Pues bien; habéis de saber entonces que me ha dicho: ‘Yo no he asistido a la muerte de tu padre (¡Alah le tenga en Su misericordia!) y no he podido verle siquiera, ya que soy demasiado joven para haber vivido en aquella época’. Luego me ha deslizado al oído estas otras palabras: ‘Mejor será que cojas esos hermosos peces grandes que están escondidos en el rincón, y te vengues. Porque ellos son los que se precipitaron antaño sobre tu difunto padre, y se lo comieron’.

Al oír este discurso de Tofail, los invitados y el dueño de la casa comprendieron que el parásito había olfateado su estratagema. Por eso se apresuraron a hacer servir los hermosos peces a Tofail, y le dijeron, cayéndose de risa: ‘¡Cómetelos, y ojalá te den la gran indigestión!’

Luego el joven dijo a sus oyentes: ‘Escuchad ahora la historia fúnebre de la bella esclava del Destino’.

Y dijo:

La favorita del destino

‘Cuentan los cronistas y los analistas, que el tercero de los califas abbasidas, el Emir de los Creyentes El-Mahdi, había dejado el trono, al morir, a su hijo mayor Al- Hadi, a quien no quería, y por el cual incluso experimentaba gran aversión. Sin embargo, había especificado bien que, a la muerte de Al-Hadi, el sucesor inmediato debía ser el menor, Harún Al-Raschid, su hijo preferido, y no el hijo mayor de Al- Hadi.

Pero cuando Al-Hadi fue proclamado Emir de los Creyentes, vigiló con envidia y suspicacia crecientes a su hermano Harún Al-Raschid e hizo cuanto pudo por privar a Harún del derecho de sucesión. Pero la madre de Harún, la sagaz y abnegada Khaizarán, no cesó de descubrir todas las intrigas dirigidas contra su hijo. Así es que Al-Hadi acabó por detestarla tanto como a su hermano; y los confundió a ambos en la misma reprobación. Y sólo esperaba una ocasión de hacerles desaparecer.

Entretanto, estaba un día Al-Hadi en sus jardines, sentado bajo una rica cúpula sostenida por ocho columnas, que tenía cuatro entradas, cada una de las cuales miraba a un punto del cielo. Y a sus pies estaba sentada su hermosa esclava favorita Ghader, a la que sólo poseía hacía cuarenta días. Y también se encontraba allí el músico Ishak ben Ibrahim, de Mossul. Y en aquel momento cantaba la favorita acompañada en el laúd por el propio Ishak. Y el califa se agitaba de placer y se le estremecían los pies en el límite del transporte y del entusiasmo. Y afuera caía la noche; y la luna se alzaba entre los árboles; y corría el agua murmuradora a través de las sombras entrecortadas, mientras la brisa le respondía dulcemente.

Y de pronto el califa, cambiando de cara, se ensombreció y frunció las cejas. Y se desvaneció toda su alegría; y los pensamientos de su espíritu tornáronse negros como la estopa en el fondo del tintero. Y tras de un largo silencio, dijo con voz sorda:

‘A cada cual le está marcado su porvenir. Y no perdura nadie más que el Eterno Viviente’. Y de nuevo se sumió en un silencio de mal augurio, que interrumpió de repente, exclamando: ‘¡Que llamen en seguida a Massrur, el portaalfanjel!’ Y precisamente aquel mismo Massrur, ejecutor de las venganzas y cóleras califales, había sido el niñero de Al-Raschid y le había llevado en sus brazos y sus hombros. Y llegó al punto a presencia de Al-Hadi, que le dijo: ‘Ve en seguida al cuarto de mi hermano Al-Raschid, y tráeme su cabeza...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima octogésima tercera noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

Para los nuevos suscriptores:
La primera entrada está en Las mil noches y una noche. Antecedentes, de donde pueden navegar dando click en la opción “Entrada más reciente”, al pié de la página.

Saludos
Valram

¡Recibe la colección competa en tu e-mail!, suscríbete aquí, ¡es completamente gratis!