miércoles, 28 de enero de 2009

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La centésima sexagésima sexta noche

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"Pero cuando llegó la 166ª noche

'Apenas estaba en aquel rincón oscuro, cuando se me unió la confidente, y ya entonces me decidí a hablar con ella, puesto que no teníamos testigos. Empezó por preguntarme: '¿Cómo estás, amigo Amín?'

Le contesté: 'Perfectamente de salud. ¡Pero prefiero la muerte a esta constante inquietud en que vivimos!'

'Ella prosiguió: '¿Qué dirías si conocieras el estado en que se halla mi pobre señora?' ¡Ah! ¡Ya rabbi! ¡Me desmayo sólo con recordar el momento en que la vi regresar a palacio! ¡Yo pude llegar antes, huyendo de azotea en azotea, y tirándome al suelo desde la última casa! ¡Si la hubieras visto llegar! ¿Quién habría podido creer que aquella cara tan pálida como la de un cadáver desenterrado era la de Schamsennahar, la luminosa? Así es que al verla rompí en sollozos, echándome a sus pies y besándoselos. Ella me mandó entregar al barquero mil dinares de oro por su trabajo, y después le abandonaron las fuerzas y cayó desmayada en nuestros brazos. La llevamos a la cama, y empecé a rociarle el rostro con agua de flores; le sequé los ojos, le lavé pies y manos, y la mudé de ropa. Entonces tuve la alegría de verla volver en sí, y le di enseguida un sorbete de rosa, le hice oler jazmines, y le dije: '¡Oh mi señora, por Alah sobre ti! ¿Adónde iremos a parar si seguimos así?'

Ella contestó: '¡Oh mi fiel confidente! ¡Ya no hay en la tierra nada que me invite a la vida! Pero antes de morir quiero tener noticias de mi amado. ¡Ve, pues, a buscar al joyero Amín, y llévale estas bolsas llenas de oro, y ruégale que las acepte en compensación de los daños y perjuicios que le ha causado nuestra aventura!'

'Y la confidente me alargó un paquete muy pesado que llevaba y que debía contener más de 5.000 dinares de oro, de lo cual, efectivamente, pude cerciorarme más adelante.

Después prosiguió: '¡Schamennahar me ha encargado después que te pida, como última súplica, que nos des noticias, sean buenas o malas, del príncipe Alí!'

No pude negarle lo que me pedía como un favor, y a pesar de mi firme resolución de no meterme más en aquella aventura peligrosa, dije que aquella noche en mi casa le facilitaría noticias sobre el príncipe. Y después de rogar a la joven que fuese a mi tienda para dejar el paquete, salí de la mezquita y me dirigí a casa del príncipe Alí ben-Bekar.

Y allí me enteré de que todos, mujeres y servidores, me estaban aguardando hacía tres días, y no sabían cómo hacer para tranquilizar al príncipe Alí, que me reclamaba sin cesar, exhalando hondos suspiros. Y le encontré con los ojos casi apagados, y con más aspecto de muerto que de vivo. Entonces me acerqué a él con lágrimas en los ojos, y le estreché contra mi pecho...

En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente."

Continuará: La centésima sexagésima séptima noche...

Saludos
Valram

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martes, 27 de enero de 2009

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La centésima sexagésima quinta noche

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"Pero cuando llegó la 165ª noche

Ella dijo:

...sin conocimiento en brazos de sus servidores y de las mujeres de la casa. Porque, según me dio a entender por el camino, después de lo que había pasado, perdía toda esperanza de tener otra entrevista con su amiga Schamsennahar.

'Entonces, mientras las mujeres y los servidores se ocupaban en hacer volver al príncipe de su desmayo, su familia se figuró que yo debía de ser el causante de todas aquellas desgracias que no entendían, y quiso obligarme a darle toda clase de pormenores.

Pero yo me guardé muy bien de explicarles nada. Y les dije: '¡Buena gente, lo que le ocurre al príncipe es tan extraordinario, que él es el único que os lo puede contar!'

Y afortunadamente para mí, el príncipe recobró el conocimiento en aquel instante, y sus parientes ya no se atrevieron a insistir en el interrogatorio delante de él. Y yo, temiendo nuevas preguntas, y ya algo tranquilo respecto al estado de Ben-Bekar, cogí mi paquete y me fui a toda prisa hacia mi casa.

'Al llegar encontré a la negra que daba gritos agudísimos y desesperados y se abofeteaba, y todos los vecinos la rodeaban para consolarla de mi perdición, que se creía segura. Así es que al verme, la esclava se echó corriendo a mis pies, y quiso también someterme a un nuevo interrogatorio. Pero yo puse término a todo esto diciéndole que por lo pronto no tenía más que ganas de dormir; y me dejé caer, extenuado, en los colchones, y poniendo la cara en la almohada dormí hasta el otro día.

'Entonces la negra se me acercó y me hizo preguntas, y yo le dije: 'Dame un buen tazón lleno'. Me lo trajo, me lo bebí de un sorbo, y como la negra insistía, le dije: '¡Ha sucedido lo que ha sucedido! '. Entonces se fue. ¡Y yo me volví a dormir, y aquella vez no me desperté hasta pasados dos días y dos noches!

'Y cuando pude incorporarme, me dije: '¡La verdad es que tengo que ir a tomar un baño al hammam!' Y fui enseguida, aunque seguía muy preocupado con la situación de Ben-Bekar y Schamsennahar, de quienes nadie me había traído noticias. Fui pues, al hammam, en donde tomé mi baño, y me dirigí en seguida hacia mi tienda; y cuando sacaba la llave del bolsillo para abrir la puerta, una mano me tocó en el hombro, y una voz me dijo: '¡Ya Amín!' Entonces me volví, y conocí a mi joven amiga, la confidente de Schamsennahar.

'Pero en vez de alegrarme al verla, sentí un miedo atroz de que me vieran los vecinos en conversación con ella, pues todos sabían que era la confidente de la favorita. Me apresuré a meterme la llave en el bolsillo, y sin volver la cara eché a correr, completamente enloquecido, sin hacer caso de las voces de la joven, que corría detrás de mí, rogándome que me parara. Y así llegué hasta la puerta de una mezquita solitaria, me precipité dentro, después de haber dejado a la puerta las babuchas, me dirigí hacia el rincón más oscuro, y adopté enseguida la actitud de la oración. Entonces, más que nunca, pensé en lo grande que había sido la cordura de mi antiguo amigo Abalhassan benTaher, que había huido de todas aquellas complicaciones, retirándose tranquilamente a Bassra. Y pensé para mis adentros: '¡Como Alah me saque sano y salvo, hago voto de no volverme a meter en semejantes trances, ni a hacer tales papeles!'.

'Apenas estaba en aquel rincón oscuro cuando se me unió...

En este momento de su narración, Schehrazada, vió aparecer la mañana v se calló discretamente."

Continuará: La centésima sexagésima sexta noche...

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