miércoles, 1 de julio de 2009

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La tricentésima vigésima séptima noche

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"Y cuando llegó la 327ª noche

Ella dijo:

'...porque no te juzgo malhadado manjar, digno de mis miradas, ni casi de mi trasero! ¡Te escupo encima y abomino de ti!'

Y nada más por lo que a él respecta.

Veamos en cuanto al tercer festín. Como en las dos circunstancias anteriores, los pregoneros vocearon el mismo anuncio, y se hicieron iguales preparativos; y el pueblo se congregó en el pabellón, los guardias se colocaron ordenadamente, y el rey se sentó en el trono. Y todo el mundo se puso a comer, a beber y a regocijarse, y la multitud se amontonaba por todas partes, menos delante de la fuente de arroz con leche, que permanecía intacta en medio del salón, mientras todos los comensales le volvían la espalda. Y de pronto entró un hombre de barbas blancas, se dirigió hacia aquel lado y se sentó para comer, a fin de que no lo ahorcaran. Y Zumurrud le miró, y vio que era el viejo Rachideddín, el miserable cristiano que la había hecho raptar por su hermano Barssum.

Efectivamente; como Rachideddín vio que pasaba un mes sin que volviera su hermano, al cual había enviado en busca de la joven desaparecida, resolvió partir en persona para tratar de dar con ella y el Destino le llevó a aquella ciudad hasta aquel pabellón, delante de la fuente de arroz con leche.

Al reconocer al maldito cristiano, Zumurrud dijo para sí: '¡Por Alah! ¡Este arroz con leche es un manjar bendito, pues me hace encontrar a todos los seres maléficos! Tengo que mandarlo pregonar algún día por toda la ciudad como manjar obligatorio para todos los ciudadanos. ¡Y mandaré ahorcar a quienes no les guste! ...

¡Entretanto, voy a emprenderla con ese viejo criminal!' Y dijo a los guardias: '¡Traedme al del arroz!' Y los guardias, acostumbrados ya, vieron al hombre, en seguida se precipitaron sobre él y le arrastraron por las barbas a presencia del rey, que le preguntó: '¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu profesión? ¿Y por qué has venido aquí?' El contestó: '¡Oh rey afortunado, me llamo Rustem, pero no tengo más profesión que la de pobre, la de derviche!' Zumurrud gritó: '¡Tráiganme la arena y la pluma!' Y se las llevaron. Y después de haber extendido ella la arena y haber trazado figuras y caracteres, estuvo reflexionando una hora, al cabo de la cual levantó la cabeza y dijo: '¡Mientes delante del rey, maldito! ¡Te llamas Rachideddín, y tu profesión consiste en mandar raptar traidoramente a las mujeres de los musulmanes para encerrarlas en tu casa; en apariencia profesas la fe del Islam, pero en el fondo del corazón eres un miserable cristiano corrompido por los vicios! ¡Confiesa la verdad, o tu cabeza saltará ahora mismo a tus pies!' Y el miserable, aterrado, creyó salvar la cabeza confesando sus crímenes y actos vergonzosos. Entonces Zumurrud dijo a los guardias: '¡Echadle al suelo y dadle mil palos en cada planta de los pies!' Y así se hizo inmediatamente. Entonces dijo Zumurrud: '¡Ahora lleváoslo, desolladle, rellenadle con hierba podrida y clavadle con los otros dos a la entrada del pabellón! ¡Y sufra su cadáver la misma suerte que la de los otros dos perros!' Y en el acto se ejecutó todo.

Después, todo el mundo reanudó la comida, haciéndose lenguas de la sabiduría y ciencia adivinatoria del rey y ponderando su justicia y equidad.

Terminado el festín, el pueblo se fue y la reina Zumurrud volvió a palacio. Pero no era feliz en su intimidad, y decía para sí: '¡Gracias a Alah, que me ha apaciguado el corazón ayudándome a vengarme de quienes me hicieron daño! ¡Pero todo ello no me devuelve a mi amado Alischar! ¡Sin embargo, el Altísimo es al mismo tiempo el Todopoderoso, y puede hacer cuanto quiera en beneficio de quienes le adoran y lo reconocen como único Dios!' Y conmovida al recordar a su amado, derramó abundantes lágrimas toda la noche, y después se encerró con su dolor hasta principios del mes siguiente.

Entonces el pueblo se reunió otra vez para el banquete acostumbrado, y el rey y los dignatarios tomaron asiento, como solían, bajo la cúpula. Y había empezado ya el banquete, y Zumurrud había perdido la esperanza de volver a ver a su amado, y rezaba interiormente esta oración: '¡Oh tú que devolviste a Lussuf a su anciano padre Jacob, que curaste las llagas incurables del santo Ayub, abrígame en tu bondad, que vuelva a ver también a mi amado Alischar! ¡Eres el Omnipotente, oh señor del universo! ¡Tú que llevas al buen camino a quienes se descarrían, tú que escuchas todas las voces, y atiendes a todos los votos, y haces que el día suceda a la noche, devuélveme a tu esclavo Alischar!'

Apenas formuló interiormente aquella invocación, entró un joven por la puerta del meidán, y su cintura flexible se plegaba como se balancea la rama del sauce a impulso de la brisa. Era hermoso cual la luz es hermosa, pero parecía delicado y algo fatigado y pálido. Buscó por doquiera un sitio para sentarse y no encontró libre más que el cercano a la fuente del consabido arroz con leche. Y allí se sentó, y le seguían las miradas espantadas de quienes le creían perdido, y ya lo veían desollado y ahorcado.

Y a la primera mirada conoció Zumurrud a Alischar. Y el corazón le empezó a palpitar apresuradamente y le faltó poco para exhalar un grito de júbilo. Pero logró vencer aquel movimiento irreflexivo para no traicionarse a sí misma delante del pueblo. Sin embargo, era presa de intensa emoción, y las entrañas se le agitaban y el corazón le latía cada vez con más fuerza. Y quiso tranquilizarse por completo antes de llamar a Alischar.

He aquí lo ocurrido a éste. Cuando se despertó...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente."

Continuará: La tricentésima vigésima octava noche...

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Valram

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martes, 30 de junio de 2009

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La tricentésima vigésima sexta noche

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"Y cuando llegó la 326ª noche

Ella dijo:

... y entrar con los demás en el pabellón para que no le ahorcaran. Sentóse, pues, ante la fuente de arroz con leche y metió toda la mano en medio. Y entonces por todas partes le gritaron: '¡Eh! ¿Qué vas a hacer? ¡Ten cuidado! ¡Te van a desollar vivo! ¡No toques a esa fuente, que es de mala sombra!' Pero el hombre les dirigió miradas terribles y les gritó: '¡Callaos vosotros! ¡Quiero comer de este plato y llenarme la barriga! ¡Me gusta el arroz con leche!' Y le dijeron otra vez: '¡Que te ahorcarán y te desollarán!' Y por toda contestación se acercó más a la fuente, en la cual ya había metido la mano, y se inclinó hacia ella. Al verlo el comedor de haschich, que era el que tenía más cerca, se escapó asustado y libre ya de los vapores de haschich, para sentarse más lejos, protestando de que no tenía nada que ver con lo que ocurriera.

Y Djiwán el kurdo, después de haber metido en la fuente la mano negra como la pata del cuervo, la sacó enorme y pesada como el pie de un camello. Redondeó en la palma el prodigioso pedazo que había sacado, hizo con él una bola tan gorda como una cidra, y con un movimiento giratorio se la arrojó al fondo de la garganta, en donde se hundió con el estruendo de un trueno o con el ruido de una cascada en una caverna sonora, hasta el punto de que la cúpula del pabellón resonó con un eco sonoro que hubo de repetir saltando y rebotando. ¡Y fue tal la huella dejada en la masa de donde se sacó el pedazo, que se vio el fondo de la enorme fuente!

Al percibir aquello, el comedor de haschich levantó los brazos y exclamó: '¡Alah nos proteja! ¡Se ha tragado la fuente de un solo bocado! ¡Gracias a Alah que no me creó arroz con leche con canela u otra cosa semejante entre sus manos!' Y añadió: '¡Dejémosle comer a su gusto, pues ya veo que se le dibuja en la frente la imagen del desollado y ahorcado que ha de ser!'.

Y se puso más lejos del alcance de la mano del kurdo, gritándole: '¡Así se te pare la digestión y te ahogue, espantoso abismo!'' Pero el kurdo, sin hacer caso de lo que decían a su alrededor, metió otra vez los dedos, gordos como estacas, en la masa tierna, que entreabrió con un crujido sordo, y los sacó con una bola como una calabaza en las puntas, y le estaba dando vueltas en la palma antes de tragarla cuando Zumurrud dijo a los guardias: '¡Traedme pronto al del arroz, antes de que se trague el bocado!'. Y los guardias saltaron sobre el kurdo, que no los veía por tener la mitad del cuerpo encorvado encima de la fuente. Y le derribaron con agilidad, le ataron las manos a la espalda y le llevaron a presencia del rey, mientras decían los circunstantes: 'El se empeñó en perderse. ¡Ya le habíamos aconsejado que se abstuviera de tocar a ese nefasto arroz con leche!'

Cuando le tuvo delante, Zumurrud, le preguntó: '¿Cuál es tu nombre? ¿Cuál es tu oficio? ¿Y qué causa te ha impulsado a venir a esta ciudad?' El otro contestó: 'Me llamo Othman, y soy jardinero. Respecto al motivo de mi venida, busco un jardín en donde trabajar para comer'. Zumurrud exclamó: '¡Que me traigan la mesa de arena y la pluma de cobre!' Y cuando tuvo ambos objetos, trazó caracteres y figuras con la pluma en la arena extendida, reflexionó y calculó una hora, después levantó la cabeza y dijo: '¡Desdicha sobre ti, miserable embustero! ¡Mis cálculos sobre la mesa de arena me enteran que en realidad te llamas Djiwán el kurdo, y que tu oficio es el de bandolero, ladrón y asesino! ¡Ah cerdo, hijo de perro y de mil zorras! ¡Confiesa enseguida la verdad o lo harás a golpes!'

Al oír estas palabras del rey -del cual no podía sospechar que fuese la joven robada poco antes por él-, palideció, le temblaron las mandíbulas y los labios se le contrajeron, dejando al descubierto unos dientes que parecían de lobo o de otra alimaña silvestre. Después intentó salvar la cabeza declarando la verdad, y dijo: '¡Cierto es cuanto dices, oh rey! ¡Pero me arrepiento ante ti ahora mismo, y en adelante seguiré el buen camino!' Mas Zumurrud le dijo: '¡Me es imposible dejar vivir en el camino de los musulmanes a una fiera dañina!'

Después ordenó: '¡Que se lo lleven y le desuellen vivo y le rellenen de paja para clavarle a la puerta del pabellón, y sufra su cadáver la misma suerte que el cristiano!'

Cuando el comedor de haschich vio que los guardias se llevaban a aquel hombre, se levantó y se volvió de espaldas a la fuente de arroz, y dijo: '¡Oh arroz con leche, salpicado con azúcar y canela, te vuelvo la espalda, porque no te juzgo, malhadado manjar, digno de mis miradas, ni casi de mi trasero! ...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente."

Continuará: La tricentésima vigésima séptima noche...

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