viernes, 26 de febrero de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La quingentésima sexagésima séptima noche

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“Y cuando llegó la 567ª noche

Ella dijo:

‘...Y el califa alzó hacia Giafar unos ojos llenos de lágrimas, mirándole con una mirada dolorosa, y le contestó: ‘¡Y contigo ¡oh Giafar! la paz de Alah y su misericordia y sus bendiciones!’ Y Giafar preguntó: ‘¿Permite el Comendador de los Creyentes que le hable su esclavo, o se lo prohibe? Y Al-Raschid contestó: ‘¿Y desde cuándo ¡oh Giafar! te está prohibido hablarme, a ti, que eres señor y cabeza de todos mis visires? ¡Dime cuanto tengas que decirme!’

Y Giafar dijo entonces: ‘¡Oh señor nuestro! cuando yo salía de entre tus manos de vuelta para mi casa, he encontrado de pie a la puerta de palacio, en medio de los eunucos, a tu amo y profesor y compañero, Califa el pescador, que tenía muchas quejas que formular contra ti, y se querellaba diciendo: ‘¡Gloria a Alah! ¡No comprendo nada de lo que me sucede! ¡Le he enseñado el arte de la pesca, y no solamente no me guarda ninguna gratitud, sino que se marchó para comprarme dos cestos y ha tenido buen cuidado de no volver! ¿Se puede llamar a eso una intención formal y un buen aprendizaje? ¿0 acaso es así cómo se corresponde con los amos?’

¡De modo que yo, ¡oh Emir de los Creyentes! me he apresurado a venir a avisarte de la cosa para que, si sigues teniendo la intención de ser su asociado, lo seas, y si no, para que le avises el haberse terminado el acuerdo existente entre ambos, a fin de que pueda él encontrar otro socio o compañero! ‘

Cuando el califa hubo oído estas palabras de su visir, a pesar de los sollozos que le ahogaban, no pudo por menos de sonreír primero, riendo luego a carcajadas, y de pronto sintió que se le dilataba el pecho, y dijo a Giafar: ‘¡Por mi vida sobre ti, ¡oh Giafar! dices la verdad!

¿Es cierto que el pescador Califa está a la puerta del palacio ahora?’ Y Giafar contestó: ‘¡Por tu vida, ¡oh Emir de los Creyentes! que a la puerta está el propio Califa con sus dos ojos!’

Y dijo Harún: ‘¡Oh Giafar! ¡Por Alah, que necesito hacerle justicia hoy con arreglo a sus méritos, y darle lo que le corresponde! ¡Así, pues, si por mediación mía Alah le envía suplicios o sufrimientos, no se le perdonará ninguno, y si, por el contrario, escribe para suerte suya la prosperidad y la fortuna, las tendrá también!’

Y diciendo estas palabras, el califa cogió una hoja grande de papel, la cortó en trozos pequeños de igual tamaño, v dijo: ‘¡Oh Giafar!' ¡Escribe con tu propia mano primero en veinte de estas papeletas, sumas de dinero que oscilen entre un dinar y mil dinares, y los nombres de todas las dignidades de mi imperio, desde la dignidad de califa, de emir, de visir y de chambelán hasta los más ínfimos cargos de palacio; luego escribe en las otras veinte papeletas todas las clases de castigos y de torturas, desde los azotes hasta la horca y la muerte!’

Y contestó Giafar: ‘¡Escucho y obedezco!’ Y cogió un cálamo y escribió con su propia mano en las papeletas indicaciones ordenadas por el califa, tales como Un millar de dinares, cargo de chambelán, emirato, dignidad de califa y sentencia de muerte, prisión, azotes, y otras cosas parecidas. Luego dobló de igual manera todas las papeletas las metió en una palangana de oro, y se lo entregó todo al califa, que le dijo: ‘¡Oh Giafar! ¡Por los méritos sagrados de mis santos antecesores los Puros, y por mi ascendencia real que se remonta a Hamzah y a Akil, juro que cuando Califa el pescador se halle aquí, dentro de poco, voy a ordenar que saque una papeleta de esas papeletas cuyo contenido sólo yo y tú conocemos, y le concederé lo que tenga escrito el papel que él saque, cualquiera que sea la cosa escrita! ¡Y si le tocara mi propia dignidad de califa, yo la abdicaré al instante en favor suyo y se la transmitiré con toda generosidad de alma! ¡Pero, si por el contrario, le corresponde la horca, o la mutilación; o la castración, o cualquier género de muerte, se la haré sufrir sin apelación!

¡Ve, pues, por él, y tráemelo sin tardanza!’

Al oír estas palabras, Giafar dijo para sí: ‘¡No hay majestad ni poder más que en Alah el Glorioso, el Omnipotente! ¡Es posible que la papeleta que saque ese pobre sea una papeleta de las malas que ocasione su perdición! ¡Y sin quererlo, seré yo entonces la causa primera de su desdicha! ¡Porque lo ha jurado el califa, y no hay que pensar en hacer que cambie de resolución!

¡Por tanto, tengo que limitarme a buscar a ese pobre hombre! ¡Y no ha de suceder más que lo que estuviera escrito por Alah!’

Luego salió en busca de Califa el pescador y, cogiéndole de la mano, quiso arrastrarle al interior del palacio.

Pero Califa, que hasta entonces no había cesado de gesticular, quejarse de su arresto y arrepentirse por haber ido a la corte, estaba a punto de perder del todo la razón, y exclamó: ‘¡Qué estúpido fui al hacerme caso a mí mismo y venir aquí en busca de ese eunuco negro, de ese Tizón funesto, de ese hijo maldito de una maldita negra de narices anchas, de ese Barriga-Negra!’

Pero Giafar le dijo: ‘¡Vamos, sígueme!’ Y le arrastró con él, precedido y escoltado por la muchedumbre de esclavos y de mozos, a quienes Califa no cesaba de injuriar. Y le hicieron pasar por siete inmensos vestíbulos, y Giafar le dijo: ‘¡Atención, ¡oh Califa! porque vas a entrar en presencia del Emir de los Creyentes, el defensor de la Fe!’ Y levantando un cortinaje le empujó a la sala de recepción, en cuyo trono aparecía sentado Harún Al-Raschid, a quien rodeaban sus emires y los grandes de su corte. Y Califa, que no tenía la menor idea de lo que estaba viendo, no se desconcertó lo más mínimo, sino que, al mirar con la mayor atención a Harún Al-Raschid en medio de su gloria, se adelantó hacia él riendo a carcajadas, y le dijo: ‘¡Ah! por fin te encuentro, ¡oh clarinete! ¿Te parece que has obrado legalmente al dejarme ayer solo para que guardara el pescado, después que te enseñé el oficio y te encargué que fueras a comprarme dos cestos? ¡Me dejaste indefenso y a merced de una porción de eunucos que, como una bandada de buitres fueron a robarme y a quitarme mi pescado, que hubiera podido producirme cien dinares lo menos!

¡Y también tú eres el causante de lo que me sucede ahora entre todos estos individuos que me retienen aquí! Pero dime ya, ¡oh clarinete! ¿Quién pudo echarte mano y apresarte y atarte a esa silla...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discreta.”

Continuará: La quingentésima sexagésima octava noche…

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Valram

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jueves, 25 de febrero de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La quingentésima sexagésima sexta noche

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“Y cuando llegó la 566ª noche

Ella dijo:

‘...Y se metió la mano en el bolsillo para coger dinero y dárselo, cuando un grito anunció la presencia del gran visir Giafar, que salía de ver al califa. Así es que los eunucos, los esclavos y los jóvenes mamelucos se levantaron para ponerse en dos filas; y Sándalo, a quien el visir hizo con la mano seña de que tenía que hablarle, dejó al pescador y a toda prisa se puso a las órdenes de Giafar. Y empezaron a hablar ambos largamente, paseándose.

Cuando Califa vio que el eunuco tardaba en volver junto a él, creyó que aquello era una estratagema suya para no pagarle, máxime cuando el eunuco parecía haberle olvidado completamente, sin preocuparse ya de su presencia y como si no existiera el pescador. Entonces éste comenzó a moverse y a hacer al eunuco desde lejos señas que querían decir: ‘¡Vuélvete ya!’ Pero como el otro no le prestaba la menor atención, le gritó Califa con irónico acento: ‘¡Oh mi señor Tizón, dame lo que me debes para que me vaya!’

Y a causa de la presencia de Giafar, el eunuco se avergonzó mucho de este apóstrofe, y no quiso contestarle. Por el contrario, se puso a hablar con más viveza para no atraer hacia el otro la atención del gran visir; pero fue trabajo perdido. Porque Califa se acercó más y exclamó con una voz formidable, haciendo muchos gestos: ‘¡Oh tramposo pillastre! ¡Confunda Alah a las gentes de mala fe y a cuantos privan de lo suyo a los pobres!’

Después cambió de acento y le gritó con sorna: ‘Bajo tu protección me pongo, ¡oh mi señor Barriga-Hueca! Y te suplico que me des lo que me debes para que me marche’.

Y el eunuco llegó el límite de la confusión, pues Giafar había visto y oído aquella voz; pero como aún no sabía de qué se trataba, preguntó al eunuco: ‘¿Qué le ocurre a ese hombre? ¿Y quién le ha engañado?’

Y el eunuco contestó: ‘¡Oh mi señor! ¿No sabes quién es ese hombre?’

Giafar dijo: ‘¡Por Alah! ¿Cómo voy a conocerle si es la primera vez que le veo?’

El eunuco dijo: ‘¡Oh señor nuestro! ¡Si precisamente es el pescador a quien ayer disputamos los peces para llevárselos al califa! ¡Y como yo le prometí dinero por los dos últimos peces que le quedaban, le dije que viniera hoy a buscarme para que le pagase lo que le debía! ¡Y hace un rato iba a pagarle, cuando tuve que acudir entre tus manos! ¡Y por eso me apostrofa ahora de esa manera, impaciente ya el buen hombre!’

Cuando el visir Giafar hubo oído estas palabras, sonrió ligeramente, y dijo al eunuco: ‘¿Cómo te has atrevido ¡oh jefe de los eunucos! a faltar así al respeto, a la prontitud y a los miramientos que se deben al propio amo del Emir de los Creyentes?

¡Pobre Sándalo! ¿qué dirá el califa si llega a enterarse de que no se ha honrado en extremo a su socio y maestro Califa el pescador?’

Luego Giafar añadió de pronto: ‘¡Oh Sándalo! ¡Sobre todo no le dejes marchar, porque nos puede hacer mucha falta! Precisamente el califa tiene el pecho oprimido, el corazón afligido, el alma condolida, y está sumido en la desesperación con la muerte de la favorita Fuerza-de-los- Corazones, y he tratado inútilmente de consolarle por todos los medios usuales.

Pero quizá consigamos dilatarle el pecho con la ayuda de ese pescador Califa. ¡Reténle, pues, en tanto que voy yo a tantear el ánimo del califa!’ Y contestó el eunuco Sándalo: ‘¡Oh mi señor, haré lo que juzgues oportuno! ¡Y Alah te conserve y te guarde por siempre como sostén, pilar y piedra angular del imperio y de la dinastía del Emir de los Creyentes! ¡Y caiga sobre ti y sobre ella la sombra protectora del Altísimo! ¡Y ojalá la rama, el tronco y la raíz permanezcan intactos durante siglos!’

Y se apresuró a reunirse con Califa, mientras Giafar iba a ver al califa. Y al ver por fin llegar al eunuco, el pescador le dijo: ‘¡Hete aquí ya!, ¡oh Barriga-Hueca!’ Y como el eunuco daba a los mamelucos orden de detener al pescador y de impedirle que se marchara, le gritó éste: ‘¡Ah! ¡Eso es lo que no me esperaba! ¡El acreedor se convierte en deudor, y el demandante resulta demandado! ¡Ah, Tizón de mi zib! ¡Vengo aquí a reclamar mi deuda, y se me coge preso con pretexto de atraso en las contribuciones y de falta de pago de impuestos!’

Y he aquí lo referente a él.

En cuanto al califa, cuando Giafar penetró en su aposento, le encontró doblado por la cintura, con la cabeza entre las manos y el pecho hinchado de sollozos. Y recitaba lentamente estos versos:

¡Sin cesar me reprochan mis censores el dolor inconsolable que me embarga! ¿Pero qué voy a hacer, si el corazón rechaza todo consuelo? ¿Acaso depende de mí este corazón independiente?

¿Y cómo, sin morir, podré soportar la ausencia de una niña cuyo recuerdo llena mi alma, de una niña encantadora y dulce, y tan dulce, ¡oh corazón mío!?

¡Oh no! ¡Jamás la olvidaré! ¡Olvidarla cuando la copa ha circulado entre nosotros, copa en que bebí el vino de sus miradas, vino que me embriaga todavía!

Y cuando Giafar estuvo entre las manos del califa, dijo: ‘¡La paz sea contigo, oh Emir de los Creyentes! ¡Oh defensor del honor de nuestra Fe! ¡Oh descendiente del tío del Príncipe de los Apóstoles! ¡Que la plegaria y la paz de Alah sean con Él y con todos los suyos sin excepción!’

Y el califa alzó hacia Giafar unos ojos llenos de lágrimas, mirándole con una mirada dolorosa, y le contestó:

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

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