miércoles, 16 de junio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La sexcentésima septuagésima séptima noche

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“Pero cuando llegó la 677ª noche

Ella dijo:

‘...Y al pasar por el zoco de los mercaderes de flores y frutas, que era particularmente agradable, vio que pasaba un persa montado en una mula, llevando a la grupa una maravillosa joven de aspecto delicioso y estatura de cinco palmos largos. Era blanca como la bellota en su cáscara, como la breca en la pecera, como palmera en el desierto. Su rostro era más deslumbrante que el resplandor del sol, y bajo la guardia de los arcos tensos de sus cejas, brillaban dos grandes ojos negros, originarios de Babilonia. Y a través de la tela transparente que la envolvía, se adivinaban en ella esplendores a ningunos otros parecidos: mejillas suaves cual el raso más hermoso y sembradas de rosas; dientes que eran dos collares de perlas; senos firmes y amenazadores; caderas ondulosas; muslos semejantes a las colas rollizas de los carneros de Siria, y guardando en su cima de nieve un tesoro incomparable, y soportando un trasero formado en su totalidad con una pasta de perlas, de rosas y de jazmines. ¡Gloria a su Creador!

Así es que, cuando el joven Nur vio a aquella joven, que superaba en esplendores a la morena egipcia del jardín, no pudo menos de seguir a la mula feliz que la llevaba. Y echó a andar detrás de ella hasta que llegaron a la plaza del Mercado de Esclavos.

Entonces el persa se apeó de la mula, y tras de ayudar a la joven para que se apease a su vez, la cogió de la mano y se la entregó al subastador público para que la subastase en el mercado. Y el subastador, apartando a la muchedumbre, hizo sentarse a la joven en medio de la plaza sobre un sillón de marfil enriquecido de oro. Luego paseó sus miradas por los que lo rodeaban, y gritó:

‘¡Oh mercaderes! ¡Oh compradores! ¡Oh dueños de riquezas! ¡Ciudadanos y beduinos! ¡Oh presentes que me rodeáis de cerca o de lejos, abrid la subasta! ¡Nadie censura al primer postor!

¡Examinad y hablad! ¡Alah es omnipotente y omnisciente! ¡Abrid la subasta!’

Entonces se adelantó en primer término un anciano, que era el síndico de los mercaderes de la ciudad y ante quien ninguno se atrevió a alzar la voz para pujar. Y lentamente dio la vuelta al sillón en que estaba la joven, y después de examinarla con gran atención, dijo: ‘¡Abro la subasta ofreciendo novecientos veinticinco dinares!’

Al punto gritó con toda su alma el subastador: ‘¡Se abre la subasta con una oferta de novecientos veinticinco dinares! ¡Oh abridor! ¡Oh omnisciente! ¡Oh generoso! ¡En novecientos veinticinco dinares está tasada la perla incomparable!’ Luego, como nadie quería aumentar la puja por consideración al venerable síndico, el subastador encaróse con la joven, y le preguntó:

‘¿Consientes ¡oh soberana de las lunas! en pertenecer a nuestro venerable síndico?’ Y contestó la joven debajo de sus velos: ‘¿Estás loco, ¡oh subastador! o solamente tienes dislocación de la lengua, ya que me haces semejante ofrecimiento?’

Y preguntó el subastador, cohibido: ‘¿Y por qué, ¡oh soberana de las bellas!?’ Y dijo la joven, descubriendo con una sonrisa las perlas de su boca: ‘¡Oh subastador! ¿No te da vergüenza ante Alah y por tu barba querer entregar jóvenes de mi calidad a un anciano como éste, decrépito y sin facultades, al cual más de una vez sin duda su mujer le habrá, reprochado su frialdad en términos violentos e indignados? ¿Y acaso no sabes que es a ese viejo precisamente a quien se aplican estos versos del poeta?:

¡Me pertenece en propiedad un zib calamitoso! ¡Es de cera que se derrite, pues cuanto más se le toca, más se ablanda!

¡Por más razones que le expongo, se obstina en dormir cuando hace falta que se despierte! ¡Es un zib perezoso!

¡Pero en cuanto estoy con él a solas, he aquí que de pronto se siente poseído de ardor guerrero! ¡Ah! ¡Es un zib calamitoso!

¡Es avaro cuando tiene que alardear de generosidad, y pródigo cuando tiene que hacer economías! ¡Hijo de perro! ¡Si duermo, se despierta al punto; y si me despierto, al punto se duerme!

¡Es un zib calamitoso! ¡Maldito sea quien se compadezca de él!

Cuando los presentes oyeron estas palabras y estos versos de la joven, se pusieron extremadamente serios en vista de aquella falta de consideración y de respeto para con el síndico. Y el subastador dijo a la joven: ‘¡Por Alah, ¡oh mi señora! que estás haciendo que se me ennegrezca el rostro en presencia de los mercaderes! ¿Cómo puedes decir semejantes cosas de nuestro síndico, que es un hombre respetable y prudente, incluso un sabio?’

Pero ella contestó: ‘¡Ah! ¡Tanto mejor entonces, si es un sabio! ¡Ojalá le aproveche la lección!

¿Para qué sirven los sabios sin zib? ¡Mejor será que vaya a esconderse...!

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La sexcentésima septuagésima octava noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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Valram

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martes, 15 de junio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La sexcentésima septuagésima sexta noche

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“Pero cuando llegó la 676ª noche

Ella dijo:

‘...Y así fue como entre rosas, alegrías y escarceos múltiples, el joven Nur conoció el amor en los brazos de una egipcia bella y sana cual el ojo del gallo y blanca cual la almendra mondada. Está escrito en su destino que así tenía que suceder su iniciación. Pues si no, ¿cómo se comprenderían las cosas aún más maravillosas que marcarían sus pasos por el camino llano de la vida feliz?

Una vez que terminaron sus escarceos, se levantó el joven Nur, porque comenzaban a brillar estrellas en el cielo, y el soplo de Dios alzábase con el viento de la noche. Y dijo él a la joven:

‘¡Con tu permiso!’

Y a pesar de las súplicas de ella para retenerle, no quiso retrasarse más, y la abandonó para montar en su mula y regresar lo más pronto posible a su casa, donde ya le esperaban con ansiedad su padre Corona y su madre.

Y he aquí que, en cuanto él franqueó el umbral, su madre, llena de inquietud por aquella desacostumbrada ausencia de su hijo, corrió a su encuentro, le estrechó en sus brazos, y le dijo:

‘¿Dónde estuviste, querido mío, que tanto tardaste en volver a casa?’ Pero en cuanto Nur abrió la boca, su madre notó que había tomado vino y le olió el aliento. Y le dijo: ‘¡Ah! ¿Qué has hecho, desgraciado Nur? ¡Qué calamidad como llegue a olerte tu padre!’ Porque, aunque Nur había soportado la bebida mientras estuvo en brazos de la egipcia, cuando se expuso al aire libre se dislocó la razón y titubeaba a derecha y a izquierda como un beodo. Así es que su madre se apresuró a llevarle al lecho y a acostarle, arropándole mucho.

Pero en aquel momento llegó a la habitación el mercader Corona, que era un observante fiel de la ley de Alah, que prohíbe a los creyentes bebidas fermentadas. Y al ver acostado a su hijo, pálido y con el rostro descompuesto, preguntó a su esposa: ‘¿Qué le pasa?’ Ella contestó: ‘¡Tiene un dolor muy fuerte de cabeza, ocasionado por el exceso de aire de ese jardín adonde le permitiste que fuera con sus camaradas!’ Y el mercader Corona, muy apesadumbrado por aquel reproche de su esposa y por la indisposición de su hijo, se inclinó sobre Nur para preguntarle cómo estaba; pero le olió el aliento, e indignado, sacudió del brazo a Nur, y le gritó: ‘¿Cómo se entiende, hijo libertino? ¡Haz infringido la ley de Alah y de su profeta, y te atreves a entrar en casa sin purificarte la boca!’ Y siguió amonestándole con dureza.

Entonces Nur, que se hallaba en completo estado de embriaguez, sin saber a punto fijo lo que hacía, levantó la mano y asestó a su padre, el mercader Corona, un puñetazo que le alcanzó al ojo derecho, y lo hizo con tanta violencia, que le derribó a tierra.

En el límite de la indignación, el anciano Corona juró por el divorcio y por el tercer poder, que al día siguiente echaría de casa a su hijo Nur después de cortarle la mano derecha. Luego abandonó la habitación.

Cuando la madre de Nur oyó aquel tremendo juramento, contra el cual no había recurso ni remedio posible, desgarró sus ropas con desesperación, y se pasó toda la noche lamentándose y llorando junto al lecho de su hijo sumido en la embriaguez. Pero como la cosa urgía, consiguió disiparle los vapores del vino, haciéndole sudar y orinar mucho. Y como no se acordara él de nada de lo que había sucedido, le contó ella la acción que hubo de cometer y el terrible juramento de su padre Corona. Luego le dijo: ‘¡Ay de nosotros! ¡Ahora son inútiles las lamentaciones! ¡Y el único partido que puedes tomar, hasta tanto que el destino haya cambiado el aspecto de las cosas, es alejarte cuanto antes ¡oh Nur! de casa de tu padre! ¡Parte, hijo mío!, para la ciudad de Al- Iskandaria, y aquí tienes una bolsa con mil dinares de oro y cien dinares. Cuando te falte poco para agotar este dinero, pídeme otra, cuidando de darme noticias tuyas’.

Y se echó a llorar, besándole.

Entonces, tras de haber vertido por su parte muchas lágrimas de arrepentimiento, se ató Nur la bolsa a la cintura, despidióse de su madre, y salió de la casa ocultamente para ganar al punto el puerto de Bulak y desde allí bajar por el Nilo en un navío hasta Al-Iskandaria, en donde desembarcó con buena salud.

Y he aquí que Nur se encontró con que Al-Iskandaria era una ciudad maravillosa, habitada por gentes de lo más encantadoras, y dotada de un clima delicioso; de jardines llenos de rumores y flores, de hermosas calles y de zocos magníficos. Y hubo de complacerse, pues, en recorrer los diversos barrios de la ciudad y todos los zocos, uno tras otro. Y al pasar por el zoco de los mercaderes de flores y frutas, que era particularmente agradable...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana y se calló discretamente.”

Continuará: La sexcentésima septuagésima séptima noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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