lunes, 21 de junio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La septingentésima segunda noche

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“Y cuando llegó la 702ª noche

Ella dijo:

‘¿¡...Ninguna mujer envejecerá virgen en el Islam!?’

Cuando la reina -que no había hecho públicamente esta pregunta a su hija más que para esparcir, en cuanto llegase, la noticia de que su virginidad permanecía intacta y de que su honor estaba a salvo- oyó estas palabras tan insólitas y pronunciadas en presencia de toda la corte, se puso muy amarilla y cayó desmayada en brazos de sus doncellas, que estaban asombradas ante aquel escándalo tan enorme. Y el rey, muy furioso con aquella aventura y sobre todo en vista de la franqueza con que su hija se avenía a lo que le había ocurrido, sintió que la bolsa de la hiel se le reventaba dentro del hígado, e indignado hasta el límite de la indignación, se llevó a la princesa y entró a toda prisa en el palacio en medio de la consternación general, de narices alargadas de dignatarios y caras indigestas de ancianas matronas pudibundas. Y convocó con urgencia a su Consejo de Estado, y pidió su opinión a los visires y a los patriarcas. Y contestaron los visires y los patriarcas consultados: ‘Nuestra opinión es que, para purificar a la princesa de la impureza de los musulmanes, sólo hay un medio, y consiste en lavarla con la sangre de ellos. ¡Es preciso, pues, sacar de la cárcel cien musulmanes, y cortarles la cabeza! ¡Y se recogerá la sangre que brote de sus cuellos, y en ella se bañará el cuerpo de la princesa, como si se tratase de un segundo bautismo!’

Entonces, el rey ordenó que cogieran a los cien musulmanes que acababan de meter en la cárcel, y entre los cuales se encontraba, como es sabido, el joven Nur. Y empezaron por cortar la cabeza al capitán marino. Luego cortaron la cabeza a todos los mercaderes. Y cada vez recogían en un baño la sangre que brotaba de los cuellos sin cabeza. Y llegó el turno al joven Nur. Y ya le conducían al sitio de la ejecución, vendándole los ojos y colocándole en la alfombra ensangrentada, en tanto que el ejecutor blandía su alfanje para hacerle saltar del cuello la cabeza, cuando se acercó al rey una vieja y le dijo: ‘¡Oh rey del tiempo! ¡Ya se han cortado las cien cabezas, y el baño está lleno de sangre! ¡Debes perdonar, pues, a ese joven musulmán que queda, y dármelo para dedicarle al servicio de la iglesia!’ Y exclamó el rey: ‘¡Por el Mesías, que dices la verdad! Ya se hallan ahí las cien cabezas, y el baño está lleno. ¡Quédate, pues, con él y utilízale en servicio de la iglesia!’ Y la vieja, que era la celadora de la iglesia, dio las gracias al rey, y mientras éste se retiraba con sus visires para proceder al bautismo de sangre de la princesa, se llevó al joven Nur. Y encantada de su belleza, le condujo a la iglesia sin tardanza.

Allí la vieja ordenó al joven Nur que se desnudase, y le dio un largo ropón negro, un gorro alto de sacerdote, un velo negro muy grande para cubrir aquel gorro, una estola y un cinturón ancho. Y le vistió por sí misma para enseñarle cómo debía servirse de aquellas prendas, y le dio sus instrucciones para que se dedicase, como era debido, al servicio de la iglesia. Y durante siete días consecutivos vigiló su trabajo y fomentó sus aptitudes, en tanto que él se lamentaba con su corazón de creyente por verse obligado a hacer semejante farsa al servicio de los descreídos.

Pero por la tarde del séptimo día, la vieja dijo a Nur: ‘Has de saber, hijo mío, que dentro de unos instantes la princesa Mariam, que ha sido purificada con el bautismo de sangre va a venir a la iglesia para pasar aquí toda la noche en devoción y hacerse perdonar de esa manera los actos de su pasado. Por tanto, te aviso su llegada, a fin de que, cuando yo me vaya a acostar, te quedes a la puerta para prestarle el servicio que pida o para llamarme en caso de que cayese desvanecida de contrición a causa de sus antiguos pecados. ¿Has comprendido bien?’ Y contestó Nur, chispeantes los ojos: ‘He comprendido, ¡oh mi señora!’

Entretanto, llegó al vestíbulo de la iglesia la princesa Mariam vestida de negro desde la cabeza hasta los pies y con el rostro cubierto por un velo negro, y después de inclinarse profundamente ante Nur, a quien tomaba por un sacerdote a causa de sus hábitos, penetró en la iglesia, cuya puerta hubo de abrirle la anciana celadora, y con paso lento se dirigió hacia una especie de oratorio interior, de aspecto muy tenebroso. Entonces, sin querer distraerla de sus devociones, la vieja se apresuró a retirarse; y tras de recomendar mucho a Nur que vigilara la puerta, se retiró a descansar a su habitación...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La septingentésima tercera noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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Valram

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domingo, 20 de junio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La septingentésima primera noche

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“Pero cuando llegó la 701ª noche

Ella dijo:

‘...pero la princesa, que había adquirido todas las virtudes musulmanas y la decencia para con los hombres, aplicó una tremenda bofetada a aquel visir franco tan feo, y le gritó: ‘¡Perro maldito! ¿Qué vienes a hacer en tierra musulmana? ¿Acaso crees que voy a caer en tu poder?’

El franco contestó: ‘¡Oh princesa! Yo no tengo la culpa de esto. ¡Culpa sólo a tu padre el rey, que me ha amenazado con el palo si no te encuentro! Es preciso, pues, que vengas con nosotros, de grado o por fuerza, para salvarme de ese suplicio espantoso. ¡Además, tu padre está muriéndose de desesperación al saber que eres cautiva de los infieles, y tu madre está bañada en lágrimas de pensar en los malos tratos que debiste sufrir entre las manos de esos bandidos perforadores!’ Pero la princesa Mariam contestó: ‘¡Nada de eso! He encontrado la paz de mi alma aquí mismo. ¡Y no abandonaré esta tierra de bendición! ¡Vuélvete, pues, por donde has venido, antes de que te haga yo empalar precisamente aquí en lo alto de la Columna del Mástil!

Al oír estas palabras, el franco cojo comprendió que no decidiría a la princesa para que le siguiese de buen grado, y le dijo: ‘Con tu permiso, ¡oh mi señora!’ E hizo seña de que se apoderaran de ella a sus esclavos, que al punto la rodearon, la amordazaron, y aunque ella se defendió y les arañaba cruelmente, se la cargaron a la espalda, y al caer la noche la transportaron a bordo de un navío que se hacía a la vela para Constantinia. ¡Y he aquí lo referente al visir tuerto y cojo y a la princesa Mariam!

En cuanto al joven Nur, cuando vio que la princesa Mariam no volvía al khan, no supo a qué atribuir su tardanza. Y como avanzaba la noche y aumentaba su inquietud, salió del khan y echó a andar por las calles desiertas, con la esperanza de encontrarla, y acabó por llegar al puerto. Unos bateleros le enteraron allí de que acababa de zarpar un navío y que habían llevado a bordo de él a una joven cuyas señas coincidían exactamente con las que les daban.

Al enterarse de aquella marcha de su bienamada, Nur empezó a lamentarse y a llorar, sin interrumpir sus sollozos más que para decir a gritos: ‘¡Mariam!’ Entonces, conmovido por su belleza y por su desesperación, un anciano que le veía quejarse de tal suerte, se acercó a él y le interrogó bondadosamente acerca de la causa de sus lágrimas. Y Nur le contó la desgracia que acababa de sucederle. Entonces le dijo el anciano: ‘¡No llores más, hijo mío, y no te desesperes!

El navío que acaba de zarpar se hizo a la vela con rumbo a Constantinia, y precisamente yo, que soy capitán marino, voy también a hacerme a la vela esta noche para esa ciudad con los cien musulmanes que llevo a bordo. ¡No tienes, pues, más que embarcarte conmigo, y encontrarás al objeto de tus deseos!’ Y con lágrimas en los ojos, besó Nur la mano al capitán marino y se apresuró a embarcarse con él en el navío, que salió disparando a toda vela por el mar.

Y he aquí que Alah les escribió la seguridad, y al cabo de una navegación de cincuenta y un días, llegaron a la vista de Constantinia, donde no tardaron en echar pie a tierra. Pero al punto les prendieron los soldados francos que guardaban la costa, y les despojaron y metieron en la cárcel, siguiendo órdenes del rey, que quería vengarse así en todos los mercaderes extranjeros de la afrenta hecha a su hija en los países musulmanes.

Porque la princesa Mariam había llegado a Constantinia la misma víspera de aquel día. Y en cuanto cundió por la ciudad la nueva de su regreso, se adornaron en honor suyo todas las calles, y toda la población corrió a su encuentro. Y el rey y la reina montaron a caballo con todos los grandes dignatarios de palacio, y fueron a recibirla al desembarcar. Y tras de haber besado con ternura a su hija, la reina le preguntó ansiosamente si estaba virgen todavía o si, para desgracia suya y para oprobio de su nombre, había perdido el sello inestimable. Pero, echándose a reír ante todos los concurrentes, la princesa contestó: ‘¿Qué me preguntas, ¡oh madre mía!? ¿Acaso crees que se puede permanecer virgen en el país de los musulmanes? ¿Ignoras que en los libros de los musulmanes se dice: ‘¡Ninguna mujer envejecerá virgen en el Islam...!?

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La septingentésima segunda noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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