viernes, 16 de julio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La septingentésima vigésima séptima noche

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“Y cuando llegó la 727ª noche

Ella dijo:

‘...Así es que con su aplomo de siempre salió a recorrer la ciudad, poniendo en juego sus argucias, en busca de jóvenes. Y efectivamente, no tardó en llevar al palacio de Mubarak un primer grupo muy considerable de jóvenes selectas, todas de quince años de edad, más bien menos que más, y todas intactas en cuanto a su virginidad. Y una tras otra, envueltas en sus velos, con los ojos modestamente bajos, las introdujo en la sala en que les esperaba el príncipe Zein, provisto de su espejo y sentado junto al mercader Mubarak. Y al ver todos aquellos párpados bajos y aquellos rostros cándidos y aquel gesto púdico, nadie hubiera podido dudar de la pureza y de la virginidad de las jóvenes que introducía la vieja. ¡Pero he aquí que existía el espejo, y nada podía engañar al espejo, ni párpados bajos, ni rostros cándidos, ni gesto púdico! En efecto, cada vez que entraba una joven, el príncipe Zein, sin pronunciar palabra, volvía el espejo hacia la joven que había que inspeccionar, y miraba. Y aparecía ella en el espejo toda desnuda, a pesar de las numerosas vestiduras que la cubrían; y no resultaba invisible ninguna parte de su cuerpo; y se reflejaba su historia con sus menores detalles, igual que si se la hubiese colocado en un cofrecillo de cristal diáfano.

Y he aquí que, cada vez que el príncipe Zein inspeccionaba en el espejo a las jóvenes que entraban, estaba lejos de ver una historia minúscula en forma de almendra sin cáscara; y se asombraba prodigiosamente al comprobar en qué abismo sin fondo habría podido arrojarse o arrojar desatentadamente al Anciano de las Tres Islas, a no ser por el recurso del espejo mágico. Y después del examen desechaba a todas las que entraban, sin explicar, empero, a la vieja el verdadero motivo de su abstención; porque no quería perjudicar a aquellas jóvenes descubriendo lo que había velado Alah y revelando lo que por lo común estaba oculto. Y se limitaba a limpiar con la manga cada vez el vaho denso que acababa de empañar el espejo al aparecer la imagen. Y sin desalentarse y excitada por la esperanza de la remuneración, la vieja le llevó un segundo grupo, más importante todavía que el primero, y un tercero, y un cuarto, y un quinto grupos, pero sin más resultado que la vez primera. ¡Y de tal suerte, ¡oh Zein! viste las historias de las egipcias, de las coptas, de las nubias, de las abisinias, de las sudanesas, de las maghrenias, de las árabes y de las beduinas! Y en verdad que, entre tantas, las había que eran excelentes hasta cierto punto, y pertenecían a propietarias incomparablemente bellas y deliciosas. ¡Pero ni una sola vez viste, entre todas aquellas historias, la historia requerida, virgen de todo contacto, semejante a una almendra mondada!

Y en vista de ello, sin haber podido encontrar en Egipto, lo mismo entre las hijas de los grandes que entre las del pueblo, una joven que tuviera las condiciones necesarias, el príncipe y Mubarak juzgaron que ya no les quedaba que hacer más que abandonar aquel país para ir a continuar sus pesquisas en Siria por el pronto. Y partieron para Damasco, y alquilaron un magnífico palacio en el barrio más hermoso de la ciudad. Y Mubarak se puso al habla con las viejas casamenteras y con las alcahuetas, y les expuso lo que tenía que exponerles. Y le contestaron todas con el oído y la obediencia. Y entraron en negociaciones con las jóvenes, hijas de grandes y pequeños, lo mismo con las musulmanas que con las judías y las cristianas. Y sin sospechar las virtudes del espejo mágico, del que ignoraban hasta la existencia las llevaron por turno a la sala reservada para la inspección. Pero con las sirias ocurrió exactamente igual que había ocurrido con las egipcias y las otras; pues, no obstante su apostura modesta y la pureza de sus miradas y sus mejillas ruborizadas de pudor y sus quince años, todas tenían la historia perforada. Y las alcahuetas y las demás viejas se vieron obligadas a volverse con las narices tan largas que les llegaban hasta los pies.

¡Y he aquí lo referente a ellas!

¡Pero he aquí ahora lo referente al príncipe Zein y a Mubarak! Cuando comprobaron que la Siria, como el Egipto, estaba completamente limpia de jóvenes con las historias todavía selladas, se quedaron muy estupefactos; y Zein pensó: ‘¡Es inconcebible!’ Y dijo a Mubarak: ‘¡Oh Mubarak! creo que nada tenemos que hacer ya en este país, y que necesitamos buscar por otras comarcas lo que deseamos. ¡Porque mi corazón y mi espíritu están pendientes de la séptima joven de diamante, y me hallo dispuesto siempre a continuar las pesquisas para dar con la virgen de quince años que ha de entregarse al Anciano de las Islas a cambio de su regalo!’ Y contestó Mubarak:

‘¡Escucho y obedezco!’ Y añadió: ‘Mi opinión es que sería inútil ir a otra parte que no fuera el Irak. Porque sólo allí tenemos probabilidad de encontrar lo que buscamos. ¡Preparemos, pues, la caravana, y vamos a Bagdad, la ciudad de paz...!

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La septingentésima vigésima octava noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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jueves, 15 de julio de 2010

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La septingentésima vigésima sexta noche

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“Pero cuando llegó la 726ª noche

Ella dijo:

i...Pero si, por el contrario, quisiera Alah que la joven haya permanecido virgen, verás aparecer una historia no mayor que una almendra mondada, y el espejo se conservará claro, puro y limpio de todo vaho!’

Y cuando hubo hablado así, el Anciano de las Islas entregó a Zein el espejo mágico, añadiendo: ‘Deseo ¡oh Zein! que el Destino te haga encontrar lo más pronto posible la virgen de quince años que te pido. ¡Y no olvides que es preciso sea perfectamente bella! Porque, ¿de qué sirve la virginidad sin belleza? ¡Y ten cuidado de este espejo, cuya pérdida sería para ti una lástima irreparable! Y contestó Zein con el oído y la obediencia; y tras de despedirse del Anciano de las Tres Islas, desanduvo con Mubarak el camino del lago. Y fue a ellos con su barca el barquero de la cabeza de elefante y les pasó de la misma manera que antes les había pasado. Y de nuevo se abrió la montaña para hacerles paso. Y se apresuraron a reunirse con los esclavos que guardaban los caballos.

Y regresaron a El Cairo.

Y he aquí que el príncipe Zein consintió por fin en tomarse algunos días de descanso en el palacio de Mubarak para reponerse de las fatigas y emociones del viaje. Y pensaba: ‘¡Ya Alah! ¡Qué infeliz es el anciano de las Islas, que no vacila en darme la más maravillosa de sus jóvenes de diamante a cambio de una Adamita virgen! ¡Y se imagina que la raza de las vírgenes se ha extinguido sobre la faz de la tierra!’ Luego, cuando le pareció que se había tomado el descanso necesario, llamó a Mubarak, y le dijo: ‘¡Oh Mubarak! levantémonos y vayamos a Bagdad y a Bassra, donde las jóvenes vírgenes son tan innumerables como la langosta. Y escogeremos la más bella entre todas. ¡Y vendremos a ofrecérsela al Anciano de las Tres Islas a cambio de la joven de diamante!’ Pero contestó Mubarak: ‘¿Y para qué, ¡oh mi señor!? ¿No estamos en El Cairo, la ciudad de ciudades, lugar preferido por las personas deliciosas y punto de reunión de todas las bellezas de la tierra? ¡No te preocupes, pues, por eso, y déjame obrar en consecuencia!’ El joven preguntó: ‘¿Y qué vas a hacer?’ El otro dijo: ‘Entre otras, conozco a una vieja taimada, muy experta en jóvenes, y que nos proporcionará más de las que deseemos. Voy, pues, a encargarle que nos traiga aquí todas las jóvenes de quince años que se encuentren, no sólo en El Cairo, sino en todo Egipto. Y para que nos resulte más fácil la tarea, le recomendaré que haga por sí misma selección, no trayéndonos aquí más que las que juzgue dignas de ser ofrecidas como regalo a reyes y sultanes. Y a fin de estimular su celo, le prometeré un suntuoso bakhchich. Y de tal suerte, no dejará en Egipto una joven presentable sin traérnosla, con o sin consentimiento de sus padres. Y elegiremos la que nos parezca más bella entre las egipcias, y la compraremos; y si pertenece a una familia de notables, la pediré para ti en matrimonio, y te casarás con ella, solamente por fórmula, pues no has de tocarla, desde luego. Tras de lo cual iremos a Damasco, luego a Bagdad y a Bassra, y allí haremos las mismas pesquisas. Y en cada ciudad compraremos o nos procuraremos, por medio del matrimonio aparente, la que nos haya conmovido más con su belleza, después, claro está, de haber comprobado su virginidad valiéndonos del espejo. Y sólo entonces reuniremos a todas las jóvenes que nos hayamos proporcionado de ese modo, y escogeremos entre todas las que nos parezca indudablemente la más maravillosa. ¡Y de tal suerte, mi señor, habrás cumplido tu promesa al Anciano de las Tres Islas, quien, a su vez, cumplirá la suya, dándote a cambio de la maravillosa virgen de quince años la joven de diamante!’ Y contestó Zein: ‘¡Tu idea ¡oh Mubarak! es de lo más excelente! ¡Y de tu boca acaban de salir las palabras de la sabiduría y de la elocuencia!’

Entonces Mubarak fue en busca de la consabida vieja taimada, que no tenía igual para argucias y artificios de todas clases, pues era capaz de dar lecciones de sagacidad, picardía y sutileza al propio Eblis. Y después de ponerle en la mano, para empezar, un bakhchich de cierta importancia, le expuso el motivo que le impulsaba a verla, y añadió ‘Porque esta joven que te pido, escogida entre todas las jóvenes de quince años que se encuentran en Egipto, y que ha de ser incomparablemente bella y virtuosa en absoluto, está destinada a ser la esposa del hijo de mi amo. Y ten la seguridad de que tus pesquisas y trabajos se te retribuirán liberalmente. ¡Y habrás de alabarte de nuestra generosidad!’ Y contestó la vieja: ‘¡Oh mi señor! tranquiliza tu espíritu y refresca tus ojos, pues ¡por Alah! que voy a consagrarme a satisfacer tu deseo hasta más allá de lo que me pides. Porque has de saber que tengo en mi mano jóvenes de quince años vírgenes y que todas son hijas de hombres honorables y de notables. ¡Y te las llevarás todas, una tras otra, y te verás perplejo para elegir entre todas esas lunas a cual más maravillosa! ‘

Así habló la vieja taimada. Pero, a pesar de toda su sagacidad y su ciencia, no sabía nada en absoluto de lo referente al espejo. Así es que con su aplomo de siempre salió a recorrer la ciudad, poniendo en juego sus argucias, en busca de jóvenes...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La septingentésima vigésima séptima noche…

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Las mil y una noches, denunciado por indecente
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Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
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¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
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