jueves, 17 de marzo de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima sexagésima novena noche

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“Pero cuando llegó la 969ª noche

Ella dijo:

Y el amigo de Maruf se golpeó las manos una contra otra, y se dijo: ‘¿Qué nueva trapacería del zapatero será ésta? ¡Por Alah! ¿Desde cuándo el trabajo de remendar calzado ha podido hacer a mi amigo Maruf poseedor y conductor de caravanas?

¡Pero Alah es Todopoderoso! ¡Y ojalá vele por su honor y le preserve de la vergüenza pública!’ Y se quedó allí, esperando, como los demás, la llegada de la caravana. Y en seguida hizo su entrada el cortejo en la ciudad. Y Maruf cabalgaba a la cabeza, más brillante mil veces que el rey, y magnífico y triunfante hasta hacer estallar de envidia la bolsa de la hiel de los cochinos. Y le seguía la inmensa caravana escoltada por los hermosos mamalik vestidos con telas maravillosas. Y tan hermoso y tan prodigioso era todo aquello, que nadie se acordaba de haber visto u oído contar nada semejante. Y también el mercader Alí vio a Maruf en aquella situación extraordinaria, y se dijo:

‘Está bien. Habrá combinado algo con su esposa, la princesa, para burlarse del rey’.

Y se acercó a Maruf, y logró reunirse con él, a pesar de todo el aparato que le rodeaba, y le dijo, pero de manera que nadie más que él le oyese: ‘Bienvenido seas, ¡oh jeique de los pícaros afortunados y el más diestro de los trapaceros! ¿Qué es esto? Pero, por Alah, mereces todos los favores y todo el fausto que tienes, ¡oh amigo mío!

¡Ve contento y dilátate! ¡Y Alah aumente tus jugarretas y picardías!’ Y Maruf se echó a reír de las palabras de su amigo, y se citó con él para el día siguiente.

Y a continuación Maruf llegó a palacio con el rey, y fue a sentarse en un trono erigido en el salón de audiencias. Y ordenó que empezaran a transportar al tesoro del rey las cajas llenas de oro, de joyas, de perlas y de pedrerías, llenando con ello los sacos de los armarios, y que le llevaran en seguida todo lo demás, así como los fardos que contenían las estofas preciosas y las sedas. Y se ejecutaron puntualmente sus órdenes. Y mandó abrir en su presencia las cajas y los fardos, uno tras otro, y se puso a distribuir a manos llenas, entre los grandes de palacio y sus esposas, las telas maravillosas, las perlas y las pedrerías, y a hacer muchas dádivas a los miembros del diwán, a los mercaderes que conocía, a los pobres y a los pequeños. Y sin reparar en las objeciones del rey, que veía desaparecer como agua en criba aquellas cosas preciosas, no se levantó Maruf hasta que hubo repartido toda la carga de la caravana. Porque lo menos que daba era un puñado o dos de oro, de esmeraldas, de perlas o rubíes. Y los tiraba a manos llenas, mientras el rey sufría horriblemente y hacía muecas de dolor, gritando a cada dádiva: ‘¡Basta, ¡oh hijo mío! No nos va a quedar nada’. Pero a cada vez contestaba Maruf, sonriendo: ‘¡Por tu vida! no temas.

¡Lo que tengo es inagotable!’

Entretanto, el visir fue a anunciar al rey que los armarios del tesoro estaban llenos ya hasta arriba, y que no se podía meter más allí. Y el rey le dijo: ‘Está bien ¡Abre otra sala, y llénala como la anterior!’ Y le dijo Maruf, sin mirarle: ‘¡Bien puedes hacerlo!’ Y añadió: ‘Y también hay que llenar otra sala y otra. Y si no se opusiera el rey, asimismo podría llenar yo todas las salas de palacio con esas cosas, que no tienen ningún valor para mí’. Y el rey ya no sabía si todo aquello ocurría en sueños o en estado de vigilia. Y se hallaba en el límite extremo del asombro. Y salió el visir para llenar todavía una o dos salas más con los tesoros entregados por Maruf.

En cuanto Maruf, no bien terminaron estos preliminares, demostrando así que realizaba con creces todo lo que había anunciado, se apresuró a levantar la sesión de la distribución, y a presentarse a su joven esposa. Y en seguida que le vio la princesa, fue a él, con los ojos llenos de alegría, y le besó la mano, y le dijo: ‘Sin duda, ¡oh hijo del tío! has querido divertirte a costa mía y reírte de mí, o quizá poner a prueba mi afecto, contándome la historia de tu antigua pobreza y de tus desdichas con tu calamitosa esposa Fattumah la Boñiga caliente. Pero doy gracias a Alah el Altísimo por haberme impedido conducirme contigo ¡oh mi señor! de otro modo que como lo he hecho’. Y Maruf la abrazó, la dio la respuesta oportuna, y le entregó un traje magnífico y un collar formado por diez sartas de cuarenta perlas huérfanas, gordas como huevos de paloma, y pulseras para las muñecas y para los tobillos, labradas por magos. Y al ver todos aquellos objetos tan hermosos, la princesa quedó muy complacida, y exclamó: ‘¡En verdad que reservaré solamente para los días de fiesta este hermoso traje y estos atavíos!’ Y Maruf sonrió y le dijo: ‘¡Oh querida mía, no te preocupes de eso! Cada día te daré nuevos trajes y nuevos atavíos hasta que desborden tus armarios y tus cofres estén llenos hasta los bordes’. Y a continuación se pusieron a hacer hasta por la mañana su cosa acostumbrada.

Pero aún no había salido él del mosquitero, cuando oyó la voz del rey, que quería entrar. Y se apresuró a abrirle, y le vio trastornado y con el rostro amarillo y en actitud aterrada. Y le hizo entrar con precaución y sentarse en el diván; y la princesa levantóse, muy emocionada por aquella visita inesperada y por el aspecto de su padre, y se apresuró a rociarle con agua de rosas para calmarle y hacerle recobrar la palabra. Y cuando por fin pudo expresarse el rey, dijo a Maruf: ‘¡Oh hijo mío! ¡Soy portador de malas noticias! pero es preciso que te las diga para que estés advertido de la desgracia que sobreviene. ¡Ah! ¿Debo hacerlo o no debo hacerlo?’

Y Maruf contestó: ‘¡Claro que debes hacerlo!’ Y dijo el rey: ‘Pues bien; has de saber ¡oh hijo mío! que hace un momento mis servidores y mis guardias han venido a anunciarme, en el límite de la perplejidad, que tus dos mil mamalik, caravaneros, camellos y mulas han desaparecido esta noche, sin que nadie sepa por qué camino se han marchado, ni se haya descubierto la menor huella de su marcha. El pájaro que echa a volar desde una rama deja más rastro que el que ha dejado en nuestros caminos toda esa caravana. Y como esta pérdida es para ti una pérdida irreparable, estoy tan consternado, que aún me dura el aturdimiento’.

Y al oír estas palabras del rey, Maruf se echó a reír de improviso, y contestó: ‘¡Oh tío! calma tu espíritu. Porque la pérdida o desaparición de mis caravaneros y de mis animales no es para mí más importante que la pérdida de una gota de agua para el mar. Pues hoy, como mañana y como pasado mañana y como los demás días, con sólo desearlo podré tener más caravaneros y acémilas con su carga que los que puede contener toda la ciudad de Khaitán. Puedes, pues, tranquilizar tu alma, y dejar que nos levantemos ahora para ir al hammam por la mañana’.

Y más asombrado que nunca, salió el rey del aposento de Maruf, y fue a llamar a su visir, y le contó lo que acaba de pasar, y le dijo: ‘¡Está bien! ¿Qué opinas ahora del poderío incomprensible de mi yerno?’ Y el visir, que no olvidaba las humillaciones sufridas desde que Maruf se apareció en su camino, se dijo: ‘¡Ha llegado la ocasión de vengarme de ese maldito!’ Y dijo al rey con aire sumiso: ‘¡Oh rey del tiempo! mi opinión no puede darte luz alguna. Pero, ya que me la pides, te diré que el único medio de que dispones para saber a qué atenerte respecto al poder misterioso de tu yerno el emir Maruf, es ponerte a beber con él y emborracharle. Y cuando el fermento haya hecho bailar su razón, le interrogarás con prudencia acerca de su situación; e indudablemente te contestará, sin ocultarte nada de la verdad’. Y dijo el rey: ‘Es una idea excelente, ¡oh visir! y voy a ponerla en ejecución esta misma noche’.

Y el caso es que, cuando llegó la noche, se reunió con su yerno Maruf y con su visir ante las bandejas de bebidas. Y circularon las copas. Y el gaznate de Maruf era un jarro sin fondo. Y su estado se tornó en un estado lamentable. Y su lengua empezó a dar vueltas como las aspas de un molino...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima septuagésima noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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miércoles, 16 de marzo de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima sexagésima octava noche

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“Pero cuando llegó la 968ª noche

Ella dijo:

...y fue a buscar sus dos gallinas para degollarlas y ofrecérselas al sultán, asadas en manteca de vaca.

Pero Maruf le vio y le llamó. Y dijo al propio tiempo a los esclavos que le servían: ‘¡Traédmele!’ Y los esclavos corrieron tras el felah, y le transportaron al pabellón con su escudilla de lentejas, sus cebollas, su pan negro y su saco de a celemín. Y Maruf se levantó en honor suyo y le abrazó y le dijo: ‘¿Qué llevas ahí, ¡oh hermano mío de miseria!?’ Y el pobre felah se asombró prodigiosamente de ser tratado tan afectuosamente por un hombre de aquella importancia, y de oírle hablar en aquel tono y llamarle su ‘hermano de miseria’. Y se dijo: ‘Si éste es un pobre, ¿qué seré yo entonces?’ Y le contestó: ‘Te traigo la comida de la hospitalidad, ¡oh mi señor! y la ración de tu caballo. ¡Pero te ruego excuses mi ignorancia! Porque si hubiese sabido que eras el sultán, no habría vacilado en sacrificar en tu honor las dos gallinas que poseo y en asártelas con manteca de vaca. Pero la miseria torna ciego al hombre y le quita toda perspicacia. Y Maruf, al oír estas palabras, recordando su antigua situación, cuando se hallaba en un estado de miseria análoga o aún peor que la de aquel pobre felah, se echó a llorar. Y las lágrimas le corrían copiosamente por los pelos de su barba, y caían en las bandejas. Y dijo al felah: ‘¡Oh hermano mío! tranquiliza tu corazón. No soy el sultán, sino solamente su yerno. A consecuencia de algunas diferencias que tuvimos, abandoné el palacio. Pero ahora me envía él todos estos esclavos y todos estos regalos para demostrarme que quiere reconciliarse conmigo. Voy, pues, a volver sobre mis pasos sin dilación. En cuanto a ti, hermano mío, que con tanta bondad has querido tratarme sin conocerme, sabe que no has sembrado en un terreno seco’.

Y obligó al felah a sentarse a su diestra, y le dijo: ‘No obstante todos los manjares que ves en esta mesa, juro por Alah que no quiero comer más que tu plato de lentejas, y que no probaré otra cosa que ese pan y estas cebollas’. Y ordenó a los esclavos que sirvieran al felah los manjares suntuosos y por su parte, no comió más que las lentejas de la escudilla, el pan negro y las cebollas. Y se dilató y se regocijó al ver el asombro del pobre felah ante tantos manjares cuyo perfume satisfacía al cerebro, y tantos colores que encantaban las miradas.

Y cuando acabaron de comer, dieron gracias al Retribuidor por sus beneficios; y Maruf se levantó, y cogiendo al felah por la mano, lo sacó fuera del pabellón, llevándole adonde estaba la caravana. Y le obligó a escoger un par de camellos y un par de mulas de cada clase de mercancía y de fardo. Luego le dijo: ‘Esto es propiedad tuya ¡oh hermano mío! Y además, te dejo este pabellón con todo lo que contiene’. Y sin querer escuchar sus negativas ni la expresión de su gratitud, se despidió de él, abrazándole una vez más, volvió a montar en su caballo, se puso a la cabeza de la caravana, y haciéndose preceder en la ciudad por un correo más rápido que el relámpago, encargado de anunciar al rey su llegada, se puso en camino.

Y he aquí que el correo de Maruf llegó a palacio en el preciso momento en que el visir decía al rey: ‘Disipa tu error ¡oh mi señor! y no des fe a las palabras de tu hija la princesa relativas a la marcha de su esposo. Pues ¡por vida de tu cabeza! el emir Maruf ha salido de aquí fugitivo, temiendo tu justo rencor, y no para apresurar la llegada de una caravana que no existe. ¡Por los sagrados días de tu vida, ese hombre no es más que un embustero, un trapacero y un impostor!’ Y cuando el rey, persuadido a medias ya por aquellas palabras, abría la boca para dar la respuesta oportuna, entró el correo, y después de prosternarse, le anunció la llegada inminente de Maruf, diciendo: ‘¡Oh rey del tiempo! vengo a ti en calidad de nuncio. Y te traigo la buena nueva de que detrás de mí llega mi amo el emir poderoso y generoso, el héroe insigne, Maruf, tu yerno. Y va a la cabeza de una caravana que no ha podido venir tan de prisa como yo, a causa de los pesados esplendores de que está cargada’. Y habiendo hablado así, el joven mameluco besó de nuevo la tierra entre las manos del rey, y se fue como había venido.

Entonces el rey, en el límite de la dicha, pero furioso contra su visir, se encaró con él y le dijo: ‘¡Alah ennegrezca tu rostro y lo vuelva tan tenebroso como tu espíritu! ¡Y ojalá maldiga tu barba ¡oh traidor! y te convenza de tu embuste y de tu doblez como por fin vas a convencerte de la grandeza y del poderío de mi yerno!’ Y aterrado y prometiendo no hacer en adelante la menor observación, el visir se arrojó a los pies de su señor, sin fuerzas para responder ni una sola palabra. Y el rey le dejó en aquella posición, y salió a dar orden de adornar y empavesar la ciudad, y de prepararlo todo para salir con un cortejo al encuentro de su yerno.

Tras de lo cual fue al aposento de su hija y le anunció la dichosa nueva. Y al oír la princesa a su padre hablarle de la llegada de su esposo a la cabeza de una caravana que ella misma creía era una invención, llegó al límite de la perplejidad y del asombro. Y no supo qué pensar, qué decir ni qué responder; y se preguntó si una vez más su esposo se mofaba del sultán, o si habría querido, la noche en que le contó su historia, burlarse de ella o sencillamente ponerla a prueba para ver si en realidad sentía inclinación hacia él. Y de todos modos, prefirió guardar para sí sola sus dudas y sus extrañezas, esperando a ver qué ocurría.

Y se limitó a mostrar ante su padre un rostro transfigurado por el contento. Y el rey abandonó las habitaciones de la joven, y se puso a la cabeza del cortejo que salió al encuentro de Maruf.

Pero el que de todos se asombró más y quedó más absorto fue incontestablemente el excelente mercader Alí, el camarada de infancia de Maruf, que mejor que nadie sabía a qué atenerse a las riquezas de Maruf. Así es que, cuando vio el empavesado de la ciudad, los preparativos de fiesta, y el cortejo real que salía de la ciudad, interrogó a los transeúntes, preguntándoles el motivo de todo aquel movimiento. Y le contestaron: ‘¡Cómo! ¿No lo sabes? ¡Pues que viene el yerno del rey, el emir Maruf, a la cabeza de una caravana espléndida!’ Y el amigo de Maruf golpeó las manos una contra otra, y se dijo: ‘¿Qué nueva trapacería del zapatero será ésta? ¡Por Alah! ¿Desde cuándo el trabajo de remendar calzado ha podido hacer a mi amigo Maruf poseedor y conductor de caravanas? ¡Pero Alah es el Todopoderoso...!

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima sexagésima novena noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
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