viernes, 18 de marzo de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima septuagésima noche

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“Pero cuando llegó la 970ª noche

Ella dijo:

...Y el gaznate de Maruf era un jarro sin fondo. Y su estado se tornó en un estado lamentable. Y su lengua empezó a dar vueltas como las aspas de un molino. Y cuando ya no pudo distinguir su mano derecha de su mano izquierda, le dijo el rey, padre de su esposa: ‘La verdad es ¡oh yerno nuestro! que nunca me has contado las aventuras de tu vida, que debe ser una vida maravillosa y extraordinaria. Y me complacería mucho oírte narrar esta noche tus peripecias asombrosas’.

Y Maruf, que ya no tenía pies ni cabeza y hablaba a tontas y a locas, se dejó llevar de su embriaguez, como todos los borrachos a quienes gusta que se les alabe, y contó al rey y al visir toda su historia, desde el principio hasta el fin, a partir del momento en que se casó, cuando era un pobre remendón de calzado, con la calamitosa de El Cairo, hasta el día en que encontró el tesoro y el anillo mágico en el campo del pobre felah. Pero no hay utilidad de repetirlo.

Y al relato de aquella historia, el rey y el visir, que estaban lejos de haberla imaginado tan sorprendente, se miraron mordiéndose las manos. Y el visir dijo a Maruf: ‘¡Oh mi señor! enséñanos un poco ese anillo que posee virtudes tan maravillosas’. Y Maruf, como un loco privado de razón, se sacó del dedo el anillo y se lo entregó al visir, diciendo: ‘¡Hele aquí! En su cornalina encierra a mi amigo el Padre de la Dicha’. Y el visir, con los ojos llameantes, tomó el anillo y frotó el sello, como lo había explicado Maruf.

Y al punto salió la voz de la cornalina, diciendo: ‘¡Heme aquí! ¡Heme aquí! ¡Manda y obedeceré! ¿Quieres arruinar una ciudad, fundar una capital o matar a un rey?’ Y el visir contestó: ‘¡Oh servidor del anillo! te ordeno que te apoderes de este rey proxeneta y de su yerno Maruf, el alcahuete, y los arrojes en cualquier desierto sin agua para que allí se mueran de sed y privaciones’. Y al instante, el rey y Maruf fueron alzados como una paja y transportados a un desierto salvaje de lo más terrible, que era el desierto de la sed y del hambre, habitado por la muerte roja y la desolación. Y esto es lo referente a ellos.

En cuanto al visir, se apresuró a convocar al diwán, y manifestó a los dignatarios, a los emires y a los notables que la dicha de los súbditos y la tranquilidad del Estado habían exigido que el rey y su yerno Maruf, impostor de la peor calidad, fueran desterrados muy lejos, y que se le nombrara a él mismo soberano del Imperio. Y añadió: ‘Además, si vaciláis un instante en aceptar el nuevo orden de cosas y en reconocerme por vuestro legítimo soberano, al instante, en virtud de mi reciente poderío, os enviaré a reuniros con vuestro antiguo amo y con el alcahuete de su yerno en el rincón más salvaje del desierto de la sed y de la muerte roja’.

Y así, hizo que le prestaran juramento, a despecho de su nariz, todos los presentes, y nombró a los que nombró y destituyó a los que destituyó. Tras de lo cual envió a decir a la princesa: ‘Prepárate a recibirme, porque tengo muchas ganas de gozarte’. Y la princesa, que, como todos los demás, se había enterado de los nuevos acontecimientos, le contestó por mediación del eunuco: ‘Sin duda te recibiré gustosa; pero por el momento estoy con el mal mensual que es natural en las mujeres y en las muchachas. Sin embargo, en cuanto me halle limpia de toda impureza, te recibiré’. Pero el visir mandó a decirle: ‘No quiero la menor tardanza, y no reconozco males mensuales ni males anuales. Y deseo tenerte en seguida’.

Entonces le contestó ella: ‘¡Está bien! ven a buscarme al momento’.

Y se vistió lo más magníficamente posible, y se adornó y se perfumó. Y cuando, al cabo de una hora de tiempo, penetró en su aposento el visir de su padre, ella lo recibió con semblante contento y alegre, y le dijo: ‘¡Qué honor para mí! ¡Y qué noche tan dichosa va a ser ésta!’ Y le miró con ojos que acabaron de arrebatar el corazón a aquel traidor. Y como él le apremiase para que se desnudara, comenzó ella a hacerlo con muchos miramientos, arrumacos y atrasos. Y lanzando de pronto un grito de terror, se echó atrás, velándose el rostro. Y el asombrado visir le preguntó: ‘¿Qué te ocurre, ¡oh mi señora!? ¿Y a qué vienen ese grito de terror y ese rostro velado de improviso?’ Y le contestó ella, envolviéndose cada vez más en sus velos: ‘¡Cómo! ¿No lo ves?’ Y contestó él: ‘¡No, por Alah! ¿Qué ocurre? ¡No veo nada!’ Ella dijo:

‘¡Qué vergüenza para mí! ¡Qué deshonor! ¿Por qué quieres exponerme desnuda a las miradas de ese hombre extraño que te acompaña?’

Y el visir, mirando a derecha y a izquierda, le contestó: ‘¿Qué hombre me acompaña? ¿Y dónde está?’

Ella dijo: ‘¡Ahí, en la cornalina del sello del anillo que llevas al dedo!’ Y el visir contestó: ‘¡Por Alah! es verdad. No había pensado en semejante cosa. Pero, ¡ya setti! no se trata de un hijo de Adán, de un ser humano. ¡Es un efrit, servidor del anillo!’ Y la princesa exclamó, llena de espanto, hundiendo la cabeza en las almohadas: ‘¡Un efrit! ¡Qué calamidad la mía! ¡Me dan un miedo intenso los efrits! ¡Ah! ¡Por favor, aléjate! ¡Tengo miedo y vergüenza de él’! Y para tranquilizarla y conseguir al fin lo que deseaba de ella, el visir se quitó el anillo del dedo y lo escondió debajo del almohadón del lecho. Luego acercóse a ella, en el límite del transporte.

Y la princesa le dejó acercarse, y de repente le dio en el bajo vientre un violento puntapié que le tiró de trasero en el suelo, dando con la cabeza antes que con los pies. Y sin perder un instante, se apoderó del anillo, frotó el sello, y dijo al efrit de la cornalina: ‘Apodérate en seguida de este cochino, y arrójale al calabozo subterráneo de palacio. Luego irás sin tardanza a sacar a mi padre y a mi esposo del desierto adonde los has transportado, y me los traerás aquí sanos y salvos, sin magullamientos y en buen estado...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aperecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima septuagésima primera noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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jueves, 17 de marzo de 2011

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La noningentésima sexagésima novena noche

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“Pero cuando llegó la 969ª noche

Ella dijo:

Y el amigo de Maruf se golpeó las manos una contra otra, y se dijo: ‘¿Qué nueva trapacería del zapatero será ésta? ¡Por Alah! ¿Desde cuándo el trabajo de remendar calzado ha podido hacer a mi amigo Maruf poseedor y conductor de caravanas?

¡Pero Alah es Todopoderoso! ¡Y ojalá vele por su honor y le preserve de la vergüenza pública!’ Y se quedó allí, esperando, como los demás, la llegada de la caravana. Y en seguida hizo su entrada el cortejo en la ciudad. Y Maruf cabalgaba a la cabeza, más brillante mil veces que el rey, y magnífico y triunfante hasta hacer estallar de envidia la bolsa de la hiel de los cochinos. Y le seguía la inmensa caravana escoltada por los hermosos mamalik vestidos con telas maravillosas. Y tan hermoso y tan prodigioso era todo aquello, que nadie se acordaba de haber visto u oído contar nada semejante. Y también el mercader Alí vio a Maruf en aquella situación extraordinaria, y se dijo:

‘Está bien. Habrá combinado algo con su esposa, la princesa, para burlarse del rey’.

Y se acercó a Maruf, y logró reunirse con él, a pesar de todo el aparato que le rodeaba, y le dijo, pero de manera que nadie más que él le oyese: ‘Bienvenido seas, ¡oh jeique de los pícaros afortunados y el más diestro de los trapaceros! ¿Qué es esto? Pero, por Alah, mereces todos los favores y todo el fausto que tienes, ¡oh amigo mío!

¡Ve contento y dilátate! ¡Y Alah aumente tus jugarretas y picardías!’ Y Maruf se echó a reír de las palabras de su amigo, y se citó con él para el día siguiente.

Y a continuación Maruf llegó a palacio con el rey, y fue a sentarse en un trono erigido en el salón de audiencias. Y ordenó que empezaran a transportar al tesoro del rey las cajas llenas de oro, de joyas, de perlas y de pedrerías, llenando con ello los sacos de los armarios, y que le llevaran en seguida todo lo demás, así como los fardos que contenían las estofas preciosas y las sedas. Y se ejecutaron puntualmente sus órdenes. Y mandó abrir en su presencia las cajas y los fardos, uno tras otro, y se puso a distribuir a manos llenas, entre los grandes de palacio y sus esposas, las telas maravillosas, las perlas y las pedrerías, y a hacer muchas dádivas a los miembros del diwán, a los mercaderes que conocía, a los pobres y a los pequeños. Y sin reparar en las objeciones del rey, que veía desaparecer como agua en criba aquellas cosas preciosas, no se levantó Maruf hasta que hubo repartido toda la carga de la caravana. Porque lo menos que daba era un puñado o dos de oro, de esmeraldas, de perlas o rubíes. Y los tiraba a manos llenas, mientras el rey sufría horriblemente y hacía muecas de dolor, gritando a cada dádiva: ‘¡Basta, ¡oh hijo mío! No nos va a quedar nada’. Pero a cada vez contestaba Maruf, sonriendo: ‘¡Por tu vida! no temas.

¡Lo que tengo es inagotable!’

Entretanto, el visir fue a anunciar al rey que los armarios del tesoro estaban llenos ya hasta arriba, y que no se podía meter más allí. Y el rey le dijo: ‘Está bien ¡Abre otra sala, y llénala como la anterior!’ Y le dijo Maruf, sin mirarle: ‘¡Bien puedes hacerlo!’ Y añadió: ‘Y también hay que llenar otra sala y otra. Y si no se opusiera el rey, asimismo podría llenar yo todas las salas de palacio con esas cosas, que no tienen ningún valor para mí’. Y el rey ya no sabía si todo aquello ocurría en sueños o en estado de vigilia. Y se hallaba en el límite extremo del asombro. Y salió el visir para llenar todavía una o dos salas más con los tesoros entregados por Maruf.

En cuanto Maruf, no bien terminaron estos preliminares, demostrando así que realizaba con creces todo lo que había anunciado, se apresuró a levantar la sesión de la distribución, y a presentarse a su joven esposa. Y en seguida que le vio la princesa, fue a él, con los ojos llenos de alegría, y le besó la mano, y le dijo: ‘Sin duda, ¡oh hijo del tío! has querido divertirte a costa mía y reírte de mí, o quizá poner a prueba mi afecto, contándome la historia de tu antigua pobreza y de tus desdichas con tu calamitosa esposa Fattumah la Boñiga caliente. Pero doy gracias a Alah el Altísimo por haberme impedido conducirme contigo ¡oh mi señor! de otro modo que como lo he hecho’. Y Maruf la abrazó, la dio la respuesta oportuna, y le entregó un traje magnífico y un collar formado por diez sartas de cuarenta perlas huérfanas, gordas como huevos de paloma, y pulseras para las muñecas y para los tobillos, labradas por magos. Y al ver todos aquellos objetos tan hermosos, la princesa quedó muy complacida, y exclamó: ‘¡En verdad que reservaré solamente para los días de fiesta este hermoso traje y estos atavíos!’ Y Maruf sonrió y le dijo: ‘¡Oh querida mía, no te preocupes de eso! Cada día te daré nuevos trajes y nuevos atavíos hasta que desborden tus armarios y tus cofres estén llenos hasta los bordes’. Y a continuación se pusieron a hacer hasta por la mañana su cosa acostumbrada.

Pero aún no había salido él del mosquitero, cuando oyó la voz del rey, que quería entrar. Y se apresuró a abrirle, y le vio trastornado y con el rostro amarillo y en actitud aterrada. Y le hizo entrar con precaución y sentarse en el diván; y la princesa levantóse, muy emocionada por aquella visita inesperada y por el aspecto de su padre, y se apresuró a rociarle con agua de rosas para calmarle y hacerle recobrar la palabra. Y cuando por fin pudo expresarse el rey, dijo a Maruf: ‘¡Oh hijo mío! ¡Soy portador de malas noticias! pero es preciso que te las diga para que estés advertido de la desgracia que sobreviene. ¡Ah! ¿Debo hacerlo o no debo hacerlo?’

Y Maruf contestó: ‘¡Claro que debes hacerlo!’ Y dijo el rey: ‘Pues bien; has de saber ¡oh hijo mío! que hace un momento mis servidores y mis guardias han venido a anunciarme, en el límite de la perplejidad, que tus dos mil mamalik, caravaneros, camellos y mulas han desaparecido esta noche, sin que nadie sepa por qué camino se han marchado, ni se haya descubierto la menor huella de su marcha. El pájaro que echa a volar desde una rama deja más rastro que el que ha dejado en nuestros caminos toda esa caravana. Y como esta pérdida es para ti una pérdida irreparable, estoy tan consternado, que aún me dura el aturdimiento’.

Y al oír estas palabras del rey, Maruf se echó a reír de improviso, y contestó: ‘¡Oh tío! calma tu espíritu. Porque la pérdida o desaparición de mis caravaneros y de mis animales no es para mí más importante que la pérdida de una gota de agua para el mar. Pues hoy, como mañana y como pasado mañana y como los demás días, con sólo desearlo podré tener más caravaneros y acémilas con su carga que los que puede contener toda la ciudad de Khaitán. Puedes, pues, tranquilizar tu alma, y dejar que nos levantemos ahora para ir al hammam por la mañana’.

Y más asombrado que nunca, salió el rey del aposento de Maruf, y fue a llamar a su visir, y le contó lo que acaba de pasar, y le dijo: ‘¡Está bien! ¿Qué opinas ahora del poderío incomprensible de mi yerno?’ Y el visir, que no olvidaba las humillaciones sufridas desde que Maruf se apareció en su camino, se dijo: ‘¡Ha llegado la ocasión de vengarme de ese maldito!’ Y dijo al rey con aire sumiso: ‘¡Oh rey del tiempo! mi opinión no puede darte luz alguna. Pero, ya que me la pides, te diré que el único medio de que dispones para saber a qué atenerte respecto al poder misterioso de tu yerno el emir Maruf, es ponerte a beber con él y emborracharle. Y cuando el fermento haya hecho bailar su razón, le interrogarás con prudencia acerca de su situación; e indudablemente te contestará, sin ocultarte nada de la verdad’. Y dijo el rey: ‘Es una idea excelente, ¡oh visir! y voy a ponerla en ejecución esta misma noche’.

Y el caso es que, cuando llegó la noche, se reunió con su yerno Maruf y con su visir ante las bandejas de bebidas. Y circularon las copas. Y el gaznate de Maruf era un jarro sin fondo. Y su estado se tornó en un estado lamentable. Y su lengua empezó a dar vueltas como las aspas de un molino...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.”

Continuará: La noningentésima septuagésima noche…

Noticias de referencia:
Las mil y una noches, denunciado por indecente
http://www.eluniversal.com.mx/notas/678635.html

Editan “Las mil y una noches” de Vargas Llosa
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61906.html

¿Y si “Las mil y una noches” lo escribió una mujer?
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/61873.html

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