jueves, 24 de septiembre de 2009

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La cuadringentésima duodécima noche

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Y cuando llegó la 412ª noche

Ella dijo:

‘Tras de lo cual bajó de la terraza llorando, y dio orden a los esclavos para que fueran por la montaña haciendo todas las pesquisas necesarias para dar con su ama. Y los esclavos ejecutaron la orden. Pero no dieron ya con su señora. ¡Y he aquí lo que atañe a ellos!

¡Pero he aquí ahora lo referente a Delicia-del-Mundo!

Cuando el joven adquirió la certeza de la fuga de Rosa-en-el-Cáliz lanzó un grito terrible y cayó desmayado al suelo. Como no recobraba el conocimiento y seguía tendido sin moverse, las gentes del palacio creyeron que le poseía el éxtasis divino y que tenía el alma absorta en la belleza de la contemplación augusta del Altísimo. ¡Y tal es lo concerniente a él!

En cuanto al visir del rey Derbas, cuando vio que el visir Ibrahim había perdido toda esperanza de encontrar a su hija y a Delicia-del-Mundo y que tenía afectado muy penosamente con todo aquello el corazón, resolvió regresar a la ciudad del rey Derbas sin haber cumplido la misión de que estaba encargado. Se despidió, pues, del visir Ibrahim, padre de Rosa-en-el-Cáliz, y le dijo, mostrándole al pobre joven: ‘Quisiera llevarme conmigo a este santo hombre. ¡Tal vez, merced a sus méritos, caiga la bendición sobre nosotros y Alah (¡exaltado sea!) conmueva el corazón de mi amo el rey y le impida destituirme de mis funciones! Y después no dejaré yo de enviar este santo hombre a Ispahán, su ciudad, que no está lejos de nuestro país’. El visir Ibrahim le contestó: ‘¡Haz lo que quieras!’

Luego se separaron los dos visires, y cada uno tomó el camino de su país respectivo, no sin haber tenido cuidado el visir del rey Derbas de llevarse consigo a Delicia-del-Mundo, cuya identidad estaba muy lejos de suponer, y le acondicionó en una mula en vista del estado de inconsciencia tenaz en que se hallaba el joven.

Tres días duró este estado de inconsciencia mientras viajaban, y Delicia-del-Mundo ignoraba absolutamente cuanto pasaba a su alrededor. Por fin volvió de su desmayo, y dijo: ‘¿Dónde estoy?’ Le contestaron: ‘¡Estás en compañía del visir del rey Derbas!’ Luego fueron a prevenir al visir de que había vuelto de su desmayo el santo hombre. Entonces le mandó el visir agua de rosas azucarada y le hicieron que se la bebiera, con lo que acabó de reanimarse. Tras de lo cual siguieron el viaje y llegaron a la ciudad del rey Derbas.

El rey Derbas al punto envió a decir a su visir: ‘¡Si no está contigo Delicia-del-Mundo, guárdate bien de ponerte en mi presencia!’ Al recibir esta orden, el desgraciado visir no supo qué partido tomar. Porque ignoraba completamente la presencia de Rosa-en-el-Cáliz cerca del rey, ni el porqué deseaba el rey encontrar a Delicia-del-Mundo y aliarse con él; e ignoraba asimismo que Delicia-del- Mundo estaba con él allí y era el joven que había estado inconsciente. Por su parte, Delicia-del-Mundo no sabía adónde le llevaban ni que el visir estaba precisamente encargado de buscarle.

De modo que cuando el visir vio que Delicia-del-Mundo había recobrado el conocimiento, le dijo: ‘¡Oh santo hombre de Alah! Deseo recurrir a tus consejos en la perplejidad cruel en que me hallo. Has de saber que mi amo el rey me despachó con una misión que no logré cumplir. Y al informarse de mi regreso ahora, me ha enviado una carta en la que me dice: ‘¡Si no cumpliste tu misión, no debes entrar en mi ciudad!’

El joven le preguntó: ‘¿Y qué misión era esa?’ Entonces le contó el visir toda la historia, y Delicia-del-Mundo dijo: ‘¡Nada temas! Preséntate al rey y llévame contigo. ¡Y yo asumo la responsabilidad de la vuelta de Delicia-del-Mundo!’ Mucho se regocijó con aquello el visir, y dijo: ‘¿Hablas de verdad?’ El joven contestó: ‘¡Sí, por cierto!’ Montó a caballo entonces el visir, y llevando consigo a Delicia-del-Mundo, se presentó con él al rey.

Cuando se personaron ante el rey, preguntó éste al visir: ‘¿Dónde está Delicia-del-Mundo?’ Entonces se adelantó el santo hombre y contestó: ‘¡Oh gran rey, yo sé dónde se encuentra Delicia- del-Mundo!’ Hízole el rey señas para que se acercara más, y en extremo emocionado, le preguntó: ‘¿En qué sitio se encuentra?’ El joven contestó: ‘¡En un sitio que está muy cerca de aquí! Pero dime antes para qué lo buscas, y me apresuraré a hacerle venir entre tus manos’. Dijo el rey: ‘¡Cierto que te lo diré con mucho gusto y obligado; pero el caso exige que estemos solos!’ Y al punto ordenó a su gente que se alejara, se llevó al joven a una sala retirada, y le contó la historia desde el principio hasta el fin.

Entonces Delicia-del-Mundo dijo al rey: ‘Haz que me traigan vestidos suntuosos y dámelos para vestirme con ellos. ¡Y al instante haré venir a Delicia-del-Mundo!’ Hizo el rey que le llevaran enseguida un traje suntuoso, y Delicia-del-Mundo se vistió con él, y exclamó: ‘¡Yo soy Delicia-del-Mundo, la desolación de los envidiosos!’ Y tras estas palabras, partiendo los corazones con sus miradas hermosas, improvisó estos versos...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana y se calló discretamente.”

Continuará: La cuadringentésima decimotercera noche

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Valram

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