lunes, 6 de abril de 2009

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La ducentésima cuadragésima noche

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"Y cuando llegó la 240ª noche

Ella dijo:

'...vosotros, que sois jóvenes y hermosos, ¡comed, bebed y sed felices!'

Entonces Feliz-Bella fue a buscar a su amo y le dijo: '¡Oh mi señor! ¡Te ruego que vayas a suplicar a esa santa que en adelante se aposente en nuestra casa, pues su rostro, macerado en la piedad, iluminará nuestra morada!' Feliz-Bello contestó: 'Tranquilízate. Ya he mandado que le preparen una habitación con su lecho, y una esterilla nueva, y su jarro, y su palangana. Y nadie la molestará'.

En cuanto a la vieja, se pasó toda la noche rezando y leyendo en alta voz el Korán. Después, al amanecer, se lavó y fue a buscar a Feliz-Bello y a su amiga, y les dijo: '¡Vengo a despedirme de vosotros! ¡Alah os tenga en su guarda!' Pero Feliz-Bello le dijo: '¡Oh madre nuestra! ¿Cómo nos vas a dejar con tan poco sentimiento, cuando nosotros nos estábamos ya alegrando de ver nuestra casa bendecida para siempre por tu presencia y te habíamos preparado la mejor habitación para que hagas tus devociones sin que te molesten?'

Y la vieja contestó: '¡Alah os conserve a los dos y haga durar sus bendiciones y sus gracias para vosotros! Ya que la caridad musulmana ocupa un sitio de honor en vuestro corazón, me alegro mucho de que me albergue vuestra hospitalidad. ¡Pero os pido únicamente que advirtáis a vuestro portero, que tiene una cara tan seca, que no se oponga más a dejarme entrar aquí cuando pueda venir! Ahora mismo voy a visitar los santos lugares de Kufa, en los cuales haré votos a Alah para que os retribuya según vuestros méritos. ¡Luego volveré a endulzarme con vuestra, hospitalidad!' Después los dejó, mientras ambos le cogían las manos y se las llevaban a los labios y a la frente.

¡Oh pobre Feliz-Bella! ¡Si supieras el motivo de que aquella vieja de betún entrara en tu casa y los negros destinos que urdía contra tu dicha y tranquilidad! Pero ¿cuál es la criatura que puede adivinar lo oculto y arrancar el velo al porvenir?

La maldita vieja salió, y se dirigió al palacio del gobernador, y se le presentó enseguida.

Entonces éste le preguntó: '¿Qué has hecho, ¡oh desenredadora de telas de arañas!? ¡Oh taimada sublime y sutil!' La vieja dijo: 'Haga lo que haga, ¡oh mi señor! no soy más que tu discípula y la protegida de tus miradas.

Escucha. He visto a la joven Feliz-Bella, esclava del hijo de Primavera. ¡Jamás el vientre de la fecundidad modeló belleza semejante!' El gobernador exclamó. '¡Ya Alah!' Y prosiguió la vieja: 'Está amasada con delicias. ¡Es un fluir continuo de dulzuras y de encantos ingenuos!' El gobernador exclamó: '¡Oh, ojo mío! ¡Latido de mi corazón!' La vieja añadió: '¿Qué dirías si oyeras el timbre de su voz, más fresca que el rumor del agua debajo de una bóveda sonora? ¿Qué harías si vieras sus ojos de antílope y sus miradas modestas?'

El gobernador exclamó: '¡No podría hacer más que admirarla con toda mi admiración, pues repito que la destino a nuestro amo el califa! ¡Apresúrate, pues, a triunfar!' La vieja dijo: '¡Te pido para ello un mes entero!' Y el gobernador respondió: '¡Dispón de ese tiempo, siempre que dé resultado! Y en mí encontrarás una generosidad que te dejará satisfecha. Para empezar, toma mil dinares como señal de mi buena voluntad'.

Y la vieja guardó los mil dinares en el cinturón, y desde aquel día empezó a visitar con regularidad a Feliz-Bello y Feliz-Bella en su casa, y ellos, por su parte, le demostraban cada día más miramientos y consideraciones.

Y así las cosas, la vieja llegó a ser la consejera inseparable de aquella casa. Y un día le dijo a Feliz- Bella: 'Hija mía, la fecundidad no ha visitado aún tus caderas juveniles. ¿Quieres venir conmigo a pedir la bendición a los santos ascetas, a los jeiques amados de Alah, a los santones y walíes que están en comunicación con el Altísimo? Conozco a esos walíes, hija mía, y se el poder inmenso que tienen para hacer milagros y realizar las cosas más prodigiosas en nombre de Alah. Curan a los ciegos y a los inválidos, resucitan a los muertos, vuelan por el aire, nadan por el agua. En cuanto a la fecundación de las mujeres, ¡es el privilegio más fácil que les otorgó Alah! ¡Y alcanzarás ese resultado sin más que tocar la orla de su ropón o besar las cuentas de su rosario!'

Al oír estas palabras de la vieja, Feliz-Bella sintió agitarse en su alma el deseo de la fecundidad, y dijo a la anciana: 'Tengo que pedir a mi amo Feliz-Bello permiso para salir. Aguardemos que regrese'. Pero la vieja respondió: 'Te basta con avisar a su madre'. Entonces la joven fue enseguida a buscar a la madre de Feliz-Bello, y le dijo: 'Te suplico, por Alah, ¡oh mi señora! que me concedas permiso para ir con esta santa vieja a visitar a los walíes amigos de Alah, y pedirles la bendición en su santa morada. Y te prometo estar aquí de vuelta antes que llegue mi amo Feliz-Bello'. Entonces la esposa de Primavera contestó: '¡Hija mía, piensa en el disgusto que tendría tu amo si volviese y no te encontrase! Me diría: ¿Y cómo ha podido salir Feliz-Bella sin permiso mío? ¡Es la primera vez que tal ocurre!'.

En este momento intervino la vieja, y dijo a la madre de Feliz-Bello: '¡Por Alah! ¡Haremos una rápida vuelta por los lugares santos, no la dejaré siquiera que se siente para descansar, y la traeré sin demora!' Entonces la madre de Feliz-Bello dio el consentimiento, pero suspirando a pesar suyo. La vieja se llevó, pues, a Feliz-Bella y la guió directamente a un pabellón aislado del jardín de palacio; allí la dejó sola un momento, y corrió a comunicar su llegada al gobernador, que fue enseguida al pabellón...

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente."

Continuará: La ducentésima cuadragésima primera noche...

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Valram

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domingo, 5 de abril de 2009

Las mil noches y una noche. Versión original, sin cortes. La ducentésima trigésima novena noche

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"Y cuando llegó la 239ª noche

Ella dijo:

...en una vida deliciosa.

Pero ¡ah! lo que está escrito en la frente del hombre por los dedos de Alah, no puede borrarlo la mano del hombre; y aunque la criatura poseyera alas, no le sería posible huir del Destino.

Tal fue la causa de que Feliz-Bello y Feliz-Bella tuvieran que experimentar durante cierto tiempo las vicisitudes de la suerte. Pero de todos modos, la nativa bendición que habían traído consigo a la tierra había de librarles de las desdichas irremediables.

Efectivamente, el gobernador de la ciudad de Kufa había oído al califa hablar de la hermosura de Feliz-Bella, esposa del hijo del mercader Primavera. Y dijo para sí: '¡Sin remedio he de encontrar la manera de apoderarme de esta Feliz-Bella, cuyas perfecciones y arte para cantar me ponderan tanto! ¡Será un magnífico regalo para mi amo el Emir de los Creyentes Abd El-Malek ben-Meruán!'

Por consiguiente, el gobernador de Kufa resolvió un día ejecutar su proyecto, y con tal fin mandó llamar a una vieja muy astuta, que de ordinario estaba encargada de adquirir e instruir especialmente a las esclavas jóvenes. Y le dijo: '¡Te ruego que vayas a casa del mercader Primavera y hagas conocimiento con la esclava de su hijo, la joven Feliz-Bella, de la cual se dice que está muy versada en el arte del canto, y que es muy hermosa! Y de cualquier manera has de traérmela aquí, porque quiero enviarla como regalo al califa Abd El-Malek'.

La vieja respondió: '¡Escucho y obedezco!' Y se fue inmediatamente a hacer los preparativos necesarios.

A primera hora de la mañana se vistió de estameña, y se echó al cuello un enorme rosario de millares de cuentas, se ató una calabaza a la cintura, cogió una muleta, y se dirigió con lento paso a casa de Primavera, parándose a cada momento para suspirar muy devota: '¡Alabado sea Alah! ¡No hay más Dios que Alah! ¡Sólo a Alah es preciso recurrir! ¡Alah es el más grande!' Y no dejó de proceder del mismo modo durante todo el camino, con gran admiración de los transeúntes, hasta que llegó a la puerta de la casa en que vivía Primavera.

Llamó, y dijo: '¡Alah es generoso! ¡Oh Donador! ¡Oh Bienhechor!'

Entonces fue a abrirle el portero, que era un anciano respetable, antiguo servidor de Primavera. Vio a la vieja devota, y después de examinarla no le pareció su aspecto muy tranquilizador, sino muy al contrario. Y por su parte él también desagradó mucho a la vieja, que le dirigió una mirada atravesada. Y el portero sintió instintivamente la mirada, y también instintivamente, y para conjurar el mal de ojo, formuló con el pensamiento: '¡Mis cinco dedos en tu ojo izquierdo!' Después, y en alta voz, le preguntó: '¿Qué quieres, mi anciana tía?' Ella respondió: 'Soy una pobre vieja que no piensa más que en rezar. Y como veo que se acerca la hora de la oración, quisiera entrar en esta morada para hacer mis devociones este día santo'.

El buen portero se indignó, y le dijo con brusquedad: '¡Vete! ¡Esta casa no es mezquita ni oratorio, sino el hogar del mercader Primavera y su hijo Feliz-Bello!' La vieja respondió: '¡Ya lo sé! Pero ¿hay mezquita ni oratorio más digno de la oración que la morada bendita de Primavera y su hijo Feliz-Bello? Sabe también, ¡oh portero de cara seca!, que soy mujer conocida en Damasco, en el palacio del Emir de los Creyentes. Y he salido de allí para visitar los santos lugares y rezar en todos los sitios dignos de veneración'.

Pero el portero contestó: 'Bueno es que seas una devota; pero ésa no es razón para que entres aquí. Sigue tu camino'. Pero la vieja se resistió e insistió tanto tiempo, que el rumor de su voz hubo de llegar a oídos de Feliz-Bello que salió para enterarse de la causa del altercado, y oyó a la vieja que decía al portero: '¿Cómo se puede impedir a una mujer de mi categoría entrar en la casa de Feliz-Bello, hijo de Primavera, cuando las puertas más cerradas de los emires y los grandes siempre se me abren de par en par?'

Al oír estas palabras, Feliz-Bello sonrió, según su costumbre, y rogó a la vieja que entrara. Entonces la vieja le siguió, y llegó con él a la habitación de Feliz-Bella. Y le deseó la paz de la manera más sentida, y a la primera ojeada quedó estupefacta de su belleza.

Cuando Feliz-Bella vio entrar a la santa vieja, se apresuró a levantarse en honor suyo, y le devolvió su zalema con respeto, y le dijo: '¡Sea de buen agüero para nosotros tu venida, buena madre! ¡Dígnate descansar!' Pero ella contestó: 'Acaban de anunciar la hora de la oración, hija mía. ¡Déjame rezar!' Y volvióse enseguida en dirección a la Meca, y se arrodilló en actitud de orar. Y así estuvo hasta la noche sin moverse, y nadie se atrevía a interrumpir su función augusta. Y además parecía tan sumida en el éxtasis, que no hacía caso alguno de lo que ocurría a su alrededor.

Por fin, Feliz-Bella se atrevió, y acercóse tímidamente a la santa, y le dijo con voz dulce y respetuosa: '¡Madre mía, da descanso a las rodillas, aunque no sea más que una hora!' La vieja contestó: '¡El que no cansa el cuerpo en este mundo no puede aspirar al reposo reservado a los puros y elegido en lo futuro!' Feliz-Bella, extremadamente deificada, repuso: '¡Por favor, oh madre nuestra! ¡Honra nuestra mesa con tu presencia y consiente en compartir con nosotros el pan y la sal!' La vieja respondió: 'No me hagas caso, y ve a reunirte con tu esposo. Vosotros, que sois jóvenes y hermosos, ¡comed, bebed y sed felices...!

En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente."

Continuará: La ducentésima cuadragésima noche...

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